El plenario de Diputados postergó otros temas relevantes para hoy

Se creó una Comisión para consolidar la participación de Uruguay en la Antártida

Fue una sesión rápida, práctica, como el pase de Suárez a Forlán. Pero sin gol, sin gracia. Algo parecido a chupar un clavo, bailar con la hermana –la renga– o pedirle a Cotugno que explique la prueba ontológica de la existencia de Dios.

De entrada hubo un problema visual, porque Artigas Melgarejo (Partido Socialista) encegueció a un pueblo al insistir con una camisa amarilla tipo baliza de camaronero coreano, apenas amortiguada por un escueto aunque elegante chaleco.

Repuestos del impacto, tras restregarse los ojos, los legisladores aprobaron la creación de una Comisión Especial para informar, proyectar y eventualmente legislar sobre los intereses uruguayos en la Antártida.

El proyecto fue informado por Javier García (Alianza Nacional), quien hizo gala no sólo de amplios y sólidos (como el hielo) conocimientos sobre el tema sino también de una elocuencia digna de un respetable púlpito: «La presencia en la Antártida –territorio que, entre otras riquezas, tiene el 72% de las reservas de agua dulce del planeta– reviste un carácter estratégico para nuestro país. No obstante, salvo en escasas oportunidades, el tema no es parte de la agenda política ni se les otorga a los ámbitos institucionales correspondientes el presupuesto adecuado».

En el preciso momento en que la infidencia de un diputado oficialista nos enteraba de que el presidente se llama Enrique Manuel Pintado –detalle que permitirá a algún atrevido, que no seré yo, apodarlo «Manolito»– Luis Rosadilla (Espacio 609) confirmó su voto favorable e informó que en su despacho ya hay un grupo de varias personas trabajando en el tema central de la Comisión proyectada, cuyo aporte ofreció sin hablar de precio.

Daniel García Pintos (Lista 15) recordó, en el justo instante en que Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista) ingresaba con un exquisito trajecito color mayonesa casera (de aquella más oscura, ¿se acuerda, lector?), el antecedente de una comisión similar en 1995 que dejó abundante material en el Parlamento para uso actual.

Víctor Semproni (Claveles Rojos) también apoyó el texto presentado aunque se mostró preocupado por la cantidad de comisiones especiales «que estamos votando»; Jaime Trobo (Herrerismo) y Alberto Scavarelli (Foro Batllista) sumaron su adhesión a renglón seguido, con una brevedad que por poco me hace llorar. Sergio Botana (Alianza Nacional) lo intentó, aunque mostró la hilacha chuchillera al decir, en tono estentóreo, que «Uruguay no está cumpliendo con las obligaciones que le impone el Tratado Antártico». Algo se inflamó en sala, pero no pasó a mayores.

La Comisión Especial, cuya actividad vencerá el 14 de febrero de 2010, se votó por unanimidad luego de un cuarto intermedio. Se necesitaban cincuenta legisladores en sala y no los había. Allá corrieron los señores coordinadores, emulando a Bugs Bunny en estrategia de escape, y, en vez de la luz, se hizo el número. Algunos entraron levantando la mano cuando, en realidad, todavía no era el momento.

 

Designaciones a granel

Posteriormente hubo designación de nombres de centros docentes a granel, como si hubiera liquidación.

Sorprendió antes, empero, la insistencia de Beatriz Costa (Espacio 609), seria como Margarita Xirgu cuando le salía mal un ensayo, en pasar toda la sesión detrás de una computadora mucho más grande que la de Asti, quien asistió sin la suya. No hay vuelta; la historia de la íntima relación entre el ser humano y la máquina pasó de la bancada de Asamblea Uruguay a la del Espacio 609, con nueva protagonista. Veremos qué deparan los próximos capítulos.

Desde ahora, la escuela rural Nº 80 de Laureles lleva el nombre de «Evaristo Álvarez»; la escuela 329 de Montevideo el de «Jesualdo Sosa»; el liceo de José Enrique Rodó el de «Maestra Micaela Drovandi»; la escuela Nº 10 de los Arrayanes, Río Negro, el de «Simón Bolívar» y el liceo Nº 3 de Treinta y Tres el de «Profesor Homero Macedo Gorosito».

Algo más: no pasó inadvertida la inquietud –intelectual, política y física– de Carlos Signorelli (Foro Batllista), quien, como una pícara langosta, saltó repetidamente de banca en banca sosteniendo los más variados e indescifrables diálogos con diputados de su partido (¿es su partido todavía?) y de otros; no le hizo asco a nada. *

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