Las aguas divididas y una insólita escena de un desubicado

Ni Moisés ­según el Antiguo Testamento­ pudo haber dividido las aguas como sí lo hizo un proyecto de ley sobre reproducción y salud sexual. Por lo menos así quedó registrado entre los ciudadanos que, unos a favor y otros en contra, acudieron masivamente ayer a presenciar su debate en el Senado.

En una mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas se encontraban en las barras de la Cámara alta la edila colorada Glenda Rondán, el conocido pastor evangelista pentecostal Sergio Márquez, la meteóricamente famosa y mediática travesti Abigail Pereira y la feminista activista Liliana Abrasinskas, entre otros asistentes.

El lugar que cada sector (de los que estaban a favor y quienes en contra de la ley) ocupara en las barras del Senado fue uno de las tantas controversias que se fueron suscitando en la agitada tarde de ayer.

«No puede ser… nos dicen que las barras están llenas pero sabemos que hay lugares vacíos!», gritaba una persona identificada con el autodenominado «movimiento por la vida», en clara sospecha de una supuesta confabulación de los funcionarios parlamentarios que ­según este y muchos más­ entendían que no los franqueaban el paso al interior del Palacio para que así quedaran en minoría con los que promueven y adhieren al proyecto de ley en cuestión.

Las barras estaban colmadas como pocas veces se ha visto. Las 178 butacas de madera no admitían más espectadores apenas ya iniciada la sesión.

Quizá por madrugadores o por ejercicio militante, los adherentes a la ley «del aborto» se habían asegurado los mejores palcos y doblaban en número a los que están manifiestamente en contra.

Eso, dentro del Palacio Legislativo, porque en el exterior la situación era totalmente diferente.

Los «no abortistas» como se hacen llamar eran más numerosos y más elocuentes que sus eventuales adversarios. Incluso, el debate que se podía registrar en las improvisadas reuniones era, sin dudas, más colorido que el que se estaba desarrollando dentro, en las cómodas poltronas del Senado.

«El único que nos dio el libre albedrío fue Dios y nosotras hacemos lo que Él nos dictaminó»….»hay que creer en Dios, porque nos hará libres»….»Vos no sos dueña de tu cuerpo ni de la vida que llevás dentro, sino Dios» son algunas de las diatribas que se podían escuchar entre cantos y matracas.

Aunque, nada de lo oído podría eclipsar un hecho que estuvo marcado por escenas de sexo explícito.

 

Oculto, pero no tanto

El público ya había ingresado a las barras pero siempre hay quienes abrigan la esperanza de poder hacerlo, aunque ello le demande horas de espera en filas que se organizan improvisadamente al costado de las paredes del Palacio Legislativo.

Así se encontraba una mujer de unos 50 años pero aún con encantos visibles. Ella era la última de la fila hasta que, para su desgracia, llegó un hombre vestido con una larga gabardina, indumentaria poco recomendable para la temperatura que había ayer y a esa hora de la tarde.

Sin mediar palabra, el caballero último de la fila comenzó a acercarse a la mujer con indudables señales de propasarse y quizás (o sin quizás) intenciones más contundentes.

Así fue. Con una habilidad poco usual de ser vista en la calle, el hombre se desabrochó la gabardina, el pantalón y….más rápido que ligero, un funcionario policial que no daba crédito a lo que estaba viendo apartó al individuo mientras la mujer no paraba de gritar. El hombre, que no se resistió ante la elocuencia de sus actos, marchó detenido a la comisaría 6ª. Hoy era enviado al juzgado y, seguramente, será sancionado por el Tribunal de Faltas.

Más allá, mientras esto se desarrollaba, un turista español sacaba fotos a los activistas al grito de «España contra el aborto» y más acá, unos niños jugaban con un improvisado kart que llevaba un cartel con leyendas anti-abortistas. *

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