El amor es lo que tiene
Washington Abdala ama a los «planchas», sí, a los integrantes de ese movimiento de jóvenes que, más allá de su autoproclamada denominación, su comportamiento díscolo y su indescifrable lenguaje, son todavía poco menos que un misterio para la sociedad nacional.
Como se sabe, voceros del «Movimiento de planchas» declararon su voluntad de integrarse al Partido Colorado.
Aprovechando la media hora previa de la sesión, Abdala, que nunca fue distraído, hizo una indirecta pero astuta apropiación de los «planchas» ante la sorpresa de sus propios compañeros. Por lo que pudo saberse luego entre foristas, Guido Machado confesó que en Rivera hay mucha cosa rara pero no practicantes de esta fe laica contemporánea, y Germán Cardozo admitió que en Maldonado abundan, pero quedó claro que ni se ha acercado a ellos. A Daniel Bianchi, Gabriel Pais y Daniel García Pintos, de la lista 15, se les vio al borde de la apoplejía, como si hubiesen leído de un tirón «Historia de la fealdad» de Umberto Eco. Carlos Signorelli permaneció imperturbable; advirtió que si metía baza le iban a hacer el chiste de que el primer «planchado» era él.
«No sé si todos los legisladores tienen claro lo que significa ser un «plancha» dijo Abdala pero tiene que ver con una identidad social, con una estética y con una sociedad muy fragmentada». No conforme, aumentó el fervor, cual Nicholson en «Mejor imposible», y criticó comentarios del ministro Brovetto: «Cuestionando en torno a la presencia de este movimiento en el Partido Colorado, dijo que lo iba a estudiar. Yo creo que en lugar de eso hay que ayudar a que esta gente se integre cada vez más en la sociedad».
El cierre fue memorable, digno de tantos bises como hizo Raphael en el cine Plaza la última vez que vino: «Creo que es bueno que nos pasen estas cosas, que haya más diversidad, más pluralismo. Lo que mi partido va a hacer con estos muchachos es tratar de encauzarlos dentro de una corriente política en el respeto de la Constitución, del Código Penal, del Código Civil y de las normas de convivencia pacífica».
El amor es lo que tiene. Cuando hay sinceridad y no se declara en un balcón, como Romeo a Julieta, o acariciando el busto de Batlle emociona, estremece. Puede dejar estupefacto.
Más allá del discurso, es indiscutible que los «planchas» ya son del obediente soldado, del astuto Turco, del distinguido representante nacional don Washington Abdala, quien, aunque nadie tiene certeza de que los haya censado, seguro sabe que pocos no son. Y en una carrera como la del Foro, probó que puede pelear a los favoritos, asomando, al menos, su generoso y tantas veces estirado labio inferior.
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