Lacalle llamó a construir una "alternativa nueva, creíble, que trascienda lo electoral"
Numeroso público se dio cita anoche en el Ateneo de Montevideo con motivo de la presentación de «La saga», libro en el que el político colorado expresa sus vivencias y da su visión del país de las últimas décadas.
Con la presencia de varias figuras de los partidos tradicionales como Guillermo Stirling, Carlos Cassina, Carlos González Alvarez, Gustavo Penadés, Antonio Marchesano, entre otros, y ante una nutrida concurrencia que desbordó las instalaciones de una sala del Ateneo, el titular de la editorial Arca, Enrique Piqué, abrió la presentación flanqueado por Luis A. Lacalle, Leonardo Guzmán y el autor.
La exposición del doctor Leonardo Guzmán se centró en la exaltación de los valores democráticos y republicanos y en la peculiar visión de la historia que el libro ofrece. «Debemos escuchar la historia como meditación interior», sostuvo Guzmán, y aludió al libro –que expone la visión personal del autor–, diciendo que refleja parte de la propia historia de cada uno.
Al mismo tiempo destacó que no se trata de un estudio histórico objetivo ni imparcial, sino que el autor juzga los hechos que relata, y que esa característica debe ser bienvenida pues juzgar es mantener viva la diferenciación entre el bien y el mal. Al pasar hizo referencia al candente tema de la historia reciente y aprovechó para subrayar que fue la guerrilla la que se levantó contra la democracia y contra un gobierno legítimo.
El doctor Lacalle, por su parte, prefirió hablar de pie, costumbre de viejo político siempre dispuesto a arengar a las masas, pero sus palabras fueron medidas, ponderadas y dichas en un tono intimista.
Explicó que en los países anglosajones existe la costumbre de dejar testimonios, aunque sean de trozos breves de la historia y aunque sus protagonistas no tengan relevancia especial. Calificó al libro como «el testimonio de un guerrero», de un «colorado fogoso y brillante parlamentario». Admitió que se trata de un alegato muy duro en algunos aspectos, y lo resumió como una «hoja de ruta, un espejo en el que nos miramos».
También aludió a la historia reciente.
Habló de dos quiebres en los últimos 60 años, uno externo y otro interno; el primero fue el fin del imperio británico después de la segunda guerra, y el segundo empezó en 1963 (fecha oficial, según parece, del comienzo de la actividad guerrillera en Uruguay) y tuvo su culminación en el golpe de 1973. No obstante, hizo una diferenciación: mientras la violencia de 1963 es ilegítima en su origen, la otra –si bien ilegítima– tuvo sin embargo un origen legítimo.
Terminó su discurso exhortando a «constituir una alternativa nueva y creíble que trascienda lo electoral» y a construir la esperanza con acción, «con el compás, con la regla y con la cruz», en alusión a los símbolos masones.
Ruben Díaz fue más que breve: se limitó a agradecer la presencia de tan distinguidas personalidades y a manifestar su deseo de que sus nietos (destinatarios del libro) lo lean y aprehendan los conceptos allí vertidos. *
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