Polémica irrupción del tema "Satenil" elevó la temperatura ayer en el Plenario de Diputados
Fue una sesión un tanto extraña. Apenas culminada la media hora previa, el orden del día quedó a un lado y apareció un par de polémicas cuestiones que provocaron un sismo parlamentario.
En realidad, no fue lo único sacudidor. Ese calificativo también le cabe al cuerpo de taquígrafas –obsérvese el sublime uso del sustantivo femenino, nada casual–, cuyo nivel, no sólo profesional, merece plácemes. Jorge Gandini (Alianza Nacional), inmune a las contemplaciones que hacen feliz a este periodista, pidió la integración de una comisión investigadora sobre hechos irregulares en la Dirección General de Casinos y la existencia de una posible red de corrupción en los juegos de azar del Estado. Aunque la voz del barbado blanco, cuyo espíritu dietético sigue siendo inobservable, se había erguido con cierta desmesura, acompañada de unos ademanes cercanos al histrionismo del soldado de Sanguinetti –que en ese momento había hecho mutis por el foro, obvio–, su petición fue aprobada sin que la bancada de la mayoría perdiese la calma.
Se encendió la salamandra
Pero enseguida Federico Casaretto (Alianza Nacional) calentó la sala. Pidió que se le permitiese exponer durante cuarenta y cinco minutos sobre el llamado caso «Satenil», o sea el polémico convenio firmado por la Intendencia de Maldonado con la empresa de ese nombre para la publicidad oficial; el oficialismo dijo «no» y, por la indirecta vía de fundamentar el voto, repleta de alusiones personales y políticas, se armó un lío de órdago.
Casaretto, en estado de notoria excitación vocal, propinó lo siguiente: «El Frente Amplio rompe una de las mejores tradiciones parlamentarias, la de habilitar la discusión de los asuntos políticos planteados no solo por un legislador sino por el principal partido de oposición. Esta ruptura no tiene otro fin que el de proteger las irregularidades, ilegalidades y violaciones de la Constitución que se están cometiendo en Maldonado. ¿Por qué quieren ponernos una mordaza? Ante tanto temor a la discusión transparente, no me queda otra cosa que preguntar cuáles serán los nombres que están detrás de esa sociedad anónima a la que encubren, cuando todo el Frente Amplio se pone como escudo de sus millonarios negocios con el Estado».
Justo aquí ingresó Sandra Etcheverry (Alianza Nacional), quien, de inmediato, pidió otro almohadón para su banca.
Cuando yo me interrogaba por la razón de tamaño refuerzo, una catarata de votos fundamentados de la mayoría acribilló a Casaretto, quien ojeaba a diestra y siniestra con la mirada de Hannibal Lecter: «Estamos para los debates serios, pero no nos prestamos al circo»; «no somos ediles ni jueces, es un asunto para las autoridades departamentales o para la Justicia»; «hay otros temas importantes, que sí corresponden a esta Cámara, para tratar hoy». Destacaron, entre otros, el vozarrón erecto de Carlos Gamou (Espacio 609), incluidos algunos de sus clásicos saltitos, la solvencia aristocrática de Jorge Orrico (Asamblea Uruguay) y la indignación de muchacho bueno de la Costa de Oro de Horacio Yanes (Nuevo Espacio), estilo aquel Panigassi de «Gasoleros».
Y aunque Casaretto insistió y fue respaldado por la energía de Germán Cardozo (Foro Batllista), Pablo Abdala (Herrerismo) y Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista), el oficialismo enfrió el juego y el asunto viajó hacia uno de esos resultados más esperables que el temporal de Santa Rosa.
Entonces ocurrió algo curioso. Darío Pérez (Liga Federal Frenteamplista) se retiró de sala cuando se iba a votar. Como se conocen sus diferencias con el intendente De los Santos, precisamente por Satenil, todos pensaron: «Es una forma de acatar la decisión de su bancada». Pero a la primera votación siguió otra, por un pedido de rectificación de Abdala, justo cuando Pérez había reingresado al recinto; más rápido que Garfield, pegó media vuelta y se perdió en el ambulatorio. Al poco rato retornó, pero fue sorprendido por la decisión de votar por tercera vez, nominalmente; es decir, cada diputado, uno a uno, en voz alta. Supongo que pensó en convertirse en Copperfield y levitar, flotar en el espacio y desaparecer; no le dio el tiempo y se quedó: cuando le tocó el turno, aludió a que era un momento que hubiera preferido no vivir, sostuvo su posición contraria al convenio con «Satenil», explicó que no estaba de acuerdo con la decisión de su bancada ni acompañaba el pedido de Casaretto… ¡y se levantó y se fue sin votar! Genial. Una exquisitez mayor a la de Cubilla contra Rusia cuando sacó aquella pelota de la línea y gritó «¡Víctor!», para que Espárrago, que estaba distraído, moviera la cabeza a ver qué pasaba y la metiera en el mismísimo ángulo.
¡Pah! Desde la bancada del Partido Nacional, que quería otro Chifflet, partió un griterío que no se oía de la época de Masoller. Enrique Pintado, presidiendo una vez más cual duque de Rochester, con cara apropiada (no a la nobleza, sino a las circunstancias), se limitó a decir: «¡Qué le voy a hacer, se me escapó! Cuando reaccioné se había ido. ¿Qué quieren, que lo vaya a traer atado?».
Trabajadores de «El Popular»
Ya con Doreen Ibarra (Fidel 1001) en sala –cuyo ingreso produjo una impresión igual a la que causaría Peter O’Toole (antes del alcoholismo) paseando por el hemiciclo– José Luis Blasina (Partido Socialista) informó otro tema ingresado de urgencia: la minuta de solicitud al Ejecutivo para reparar la situación de los trabajadores no comprendidos, a efectos jubilatorios, por la Ley 18.033.
«En tales circunstancias –expuso Blasina, con ese tono reposado digno de un carmelita descalzo– se incluyó a los trabajadores que habían sido cesados por el decreto del 4 de julio de 1973, por razones de ‘notoria mala conducta’, causal tramposamente aducida para ocultar las verdaderas razones: haber realizado la huelga general de resistencia con ocupación de los lugares de trabajo. Pero la historia posterior registra dos hechos. El primero, el cruento asalto a los trabajadores e instalaciones del diario ‘El Popular’, en el marco de la gran movilización del 9 de julio de 1973. Luego, otro decreto que ilegaliza varias organizaciones políticas, cuyos trabajadores fueron también cesados. A esto se agrega la secuela de cárcel, exilio, clandestinidad o la imposibilidad de reinsertarse en el mercado laboral, situaciones agravadas por el transcurso del tiempo y las secuelas que hoy sufren varios de los trabajadores involucrados».
La aludida minuta al Poder Ejecutivo fue aprobada por unanimidad, bajando desde las barras –donde se habían concentrado muchos ex trabajadores de «El Popular»– un emocionado aplauso.
Media hora filosa
De la media hora previa se puede destacar la exposición de Nora Castro (Espacio 609), basada en una pregunta, «¿dónde están los valores?», que desembocó en un juicio muy duro contra las corporaciones médicas que están «chantajeando a la población y al Poder Ejecutivo, creando un grave problema justo cuando se ha puesto en marcha la reforma de la salud».
Y Gustavo Espinosa (Foro Batllista) habló de la explotación sexual y la venta de niños como problemas cada vez mayores en Uruguay. A ello añadió datos inquietantes sobre índices de repetición y abandono escolar y la cantidad de menores que aún viven por debajo de la línea de pobreza. Cerró –se veía venir como un triple del Bicho Silvera– exigiendo acciones del gobierno para resolver esas situaciones.
Varios al toque
Posteriormente, ahora sí en pleno Orden del día, fueron aprobados con rapidez varios asuntos.
Se instituyó el Premio «Alfredo Zitarrosa» con el fin de ser otorgado a quien mejor contribuya al crecimiento y difusión de la cultura nacional. Al respecto, los diputados Víctor Semproni (Claveles Rojos), que hoy no durmió ni un chiquito así, y José Carlos Mahía, de prolijidad enternecedora, resaltaron algunas ideas centrales: «el ámbito cultural ha sido uno de los más perju
dicados por la economía»; «hay que rescatar a las culturas locales y nacionales»; «se debe demostrar que el Parlamento escucha a la gente»; y «ésta es una aproximación del sistema político a la promoción y difusión de la cultura».
Posteriormente se creó una Comisión Especial con el fin de proceder a la organización de un homenaje a la actriz China Zorrilla; se declaró reserva nacional y área natural protegida a la Laguna del Diario de Maldonado; y se aprobaron dos acuerdos: uno con Israel sobre Cooperación en el Area de la Salud y la Medicina, y el otro con Brasil para la construcción de un segundo puente internacional sobre el río Yaguarón.
A renglón seguido, se levantó la sesión.
De los blancos, quedaban pocos; de los colorados, menos; y la bancada oficialista bullía en un incesante hormigueo con los celulares recalentados. Es que desde el exterior llegaban noticias inquietantes sobre el ámbito de la salud y todos querían estar «donde debían».
No obstante, para mí hubo un cierre fuera de protocolo, inesperado y buenísimo para el conventillo. Me enteré de que sólo dos diputados de la mayoría recordaron el Día de la Secretaria: Orrico, un gentleman, le regaló a Maísa Blengini, secretaria de la bancada, un precioso mate forrado en cuero; Yanes, porque se acordó cuando la vio, le obsequió un bombón que le quedaba.
A los demás, una recomendación: vayan consiguiéndole con Brovetto el aumento de sueldo que está reclamando, porque ella tiene a todos los olvidadizos registrados. Yanes… ¡un bombón! Pero déjese de… Lo único que falta –porque no pude verlo– es que haya sido un Garoto. *
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