Los blancos marcaron su presencia en la Piedra Alta

Un espectáculo aparte protagonizaron los integrantes del Directorio del Partido Nacional, tanto en la Piedra Alta como durante el desfile cívico militar frente al predio donde en 1825 se reunió la Sala de Representantes.

Jorge Larrañaga sostuvo que la intención del órgano, de concurrir en pleno cuando se conocía de antemano la ausencia de Vázquez, no fue «para marcar ausencias» sino «para marcar su propia presencia», y de hecho los diferentes integrantes del Directorio y hasta los dirigentes de la departamental blanca de Florida utilizaron todos los recursos posibles para estar en la primera fila. Pese a tanto esmero de sus compañeros del Honorable, Luis Alberto Lacalle, que en la previa aparecía como candidato a un segundo plano, con muy pocos pero medidos movimientos terminó muy cerca de ser la principal autoridad de los festejos.

La primera medida estratégica de la mañana fue llegar más temprano, teniendo la totalidad de las cámaras y los micrófonos a su disposición. Los temas abordados fueron los previsibles: conflicto de la salud, reforma constitucional propuesta por Enrique Rubio y la unificación de fechas nacionales impulsada por Tabaré Vázquez, además de la notoria ausencia del primer mandatario. Mientras el presidente del Directorio y otros dirigentes blancos ocuparon su tiempo en dar entrevistas, silenciosamente Luis Alberto Lacalle se instaló en la primera fila, en la alfombra roja sobre la cual se ubican las autoridades. Se colocó delante mismo del ministro Jorge Brovetto, llegando incluso a desplazar hacia atrás al presidente del FA. El dirigente herrerista quedó a un costado de la ministra Daisy Tourné y a sólo dos metros de Rodolfo Nin Novoa y del anfitrión, Juan Francisco Giachetto. Cuando Larrañaga y el resto de los dirigentes llegaron a la alfombra, tuvieron que ubicarse desde Lacalle hacia el costado izquierdo.

De todos modos fueron los nacionalistas los que ocuparon la mayor parte del espacio previsto para las autoridades durante el acto en la Piedra Alta.

Según pudo confirmar LA REPUBLICA, el Directorio tuvo la intención de incluir un número propio en el evento. Los blancos quisieron colocar una ofrenda floral propia como parte de la celebración oficial, pero días antes les fue negada la posibilidad por parte de la Intendencia Municipal de Florida, por considerar que estaba «fuera de protocolo». Una vez en el desfile comenzó el segundo acto del show blanco. Los diputados y senadores fueron al palco presidencial, mientras que decenas de dirigentes locales sin acceso a las plataformas se ubicaron en la vereda, entre las dos dispuestas para autoridades, generándose una especie de tercer palco, el cual también fue integrado por Enrique Antía y por ediles departamentales.

En el palco presidencial algo no pasó desapercibido. La demora de Larrañaga ­ocupado en hablar para los medios­ en ascender fue aprovechada otra vez por Lacalle, quien amigablemente se puso a conversar con Rodolfo Nin Novoa hasta que, llegado el momento de comenzar el desfile, se vio obligado a quedarse junto a este último, aparentando incluso que era él la máxima autoridad de la plataforma.

Un hecho no menor es que el desfile fue cerrado a caballo por cientos de jinetes de las diferentes aparcerías y otras colectividades tradicionalistas, grupos donde el Partido Nacional tiene una fuerte ascendencia, principalmente en un departamento donde los blancos no repitieron la intendencia por sólo 300 votos. *

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