ENTREVISTA: DANILO ASTORI (MINISTRO DE ECONOMIA, EX DECANO DE LA FACULTAD DE ECONOMIA Y EX SENADOR)

"Mi convicción es que las capas medias se van a dar cuenta de que son las beneficiarias de la reforma"

–Antes de asumir el gobierno se deben haber presentado algunos temores y otras tantas expectativas. ¿Cuáles fueron esos temores? ¿Están superados?

Más que temores, tuve preocupaciones. Me pregunté si seríamos capaces de comenzar a construir un escenario que contradijera las sospechas que siempre hubo sobre el debut de un gobierno de izquierda en materia económica.

Sospechas que fueron repetidamente anunciadas en campañas electorales previas por los adversarios, acusando a los frenteamplistas de originar desequilibrios de todo tipo, fugas de capitales y hasta cesaciones de pagos.

–A los pocos días la crisis de Cofac…

–Eso ocurrió antes de la entrada al gobierno. El primer gran tema que conversamos con Tabaré antes de asumir, aparte de la orientación general, fue el de Cofac. Ahí tuve muy claro qué sendero caminaríamos con el Presidente, quien no vaciló un segundo en respaldar mi propuesta de terminar con la historia de salvar quiebras bancarias con dinero de toda la sociedad.

Me acuerdo que le llevé esa propuesta 20 días antes de asumir. Me dijo: «Totalmente de acuerdo». Así percibí que la sintonía que venía de antes se confirmaba en la práctica, en algo muy concreto. No era, además, una decisión fácil.

–Si se hubiera estatizado Cofac ¿cuál hubiera sido el costo?

–No es muy fácil decirlo, pero podemos hablar de decenas de millones de dólares. Si uno tiene una visión dinámica de estos procesos, cuando uno entra a poner plata no sabe cómo termina.

Es la historia de los bancos Comercial, de Crédito, del de Montevideo, de la Caja Obrera. Los uruguayos arrancamos poniendo plata y después nos encontramos con que el sacrificio que le impusimos a la sociedad no bajó de los 700 millones de dólares. Si hubiéramos empezado a poner plata, yo no sé hasta dónde hubiéramos llegado.

En cambio, dijimos: «Señores, la responsabilidad es de ustedes, hagan los esfuerzos necesarios para salir». Seguramente no sólo le ahorramos dinero a la sociedad, sino que a Cofac le significó un sacrificio menor.

–A casi dos años y medio del primer gobierno progresista: ¿es adecuado el ritmo de las realizaciones?

–Yo estoy muy conforme. En dos años y medio este país, desde el punto de vista económico, tiene en marcha el cuarto año de crecimiento consecutivo por encima del promedio de América Latina, algo absolutamente excepcional. Ya llegó al 16% de inversión bruta interna, cifra desconocida en la historia del país. Hablo de inversión bruta fija, maquinarias y equipos, inversiones. Las exportaciones baten récords. Este año vamos a exportar seis mil millones de dólares, 4.400 de bienes y 1.600 de servicios. El desempleo ha llegado a una cifra que no conocíamos hace mucho tiempo: 8,7% en el país, 7,7% en Montevideo. Hace años que no teníamos una cifra de este tipo.

En dos años y medio hemos reducido a la mitad la indigencia y la pobreza en cinco puntos porcentuales, porque la política económica no es algo separable de lo que se ha venido haciendo en materia de políticas sociales y laborales. Las relaciones laborales se han modernizado notablemente, tenemos acuerdos logrados por consenso, acuerdos que se van haciendo más extensos en el tiempo.

Creo que el ritmo de las realizaciones es bueno, porque todo esto tiene que durar. No por apurar el proceso, podemos comprometer su «sostenibilidad», que es clave para que esto siga mejorando en el futuro. Decir que estoy conforme con el ritmo, no quiere decir que yo esté dejando de lado todo lo que hay que hacer en el futuro. Creo que hay que hacer mucho más de lo que se hizo. Pero el ritmo es bueno porque asegura la durabilidad.

–¿La gente percibe esto? ¿Esas realizaciones le llegan a los uruguayos?

Eso es mensurable a través de los sondeos de opinión pública. La gente necesita tener más tiempo para tener conciencia de cómo se reflejan las realizaciones.

El año pasado, el ingreso real medio de los hogares del país aumentó 13%. Es una cifra importantísima. ¡Cómo no se va a sentir! La evolución del salario real, público y privado, la evolución de las pasividades reales, son todas positivas. Claro que una buena parte de la gente puede decir, legítimamente, «no me alcanza con esto, quiero más, hay que seguir». Yo estoy de acuerdo: hay que seguir.

La conciencia acerca de este tema va a continuar aumentando. Por otra parte, cuando se hacen sondeos de opinión en relación a la labor del gobierno en su conjunto, los resultados son también buenos. Creo que la gente está recibiendo todo esto.

–Uno siente que hay una cierta angustia en las capas medias, esas que nosotros decimos que están atadas con un piolín, preocupadas con la reforma tributaria. ¿Esa angustia llega a este despacho?

–Más bien me llega la convicción y la sensación de que apenas transcurra un corto lapso, esas capas medias se van a dar cuenta de que son las beneficiarias directas de la reforma y por muchas razones. En primer lugar, porque este nuevo sistema tributario es el que en la historia del país contiene más grandes estímulos que yo recuerde, para la inversión productiva. Y lo que esa gente está necesitando es, fundamentalmente, trabajo de buena calidad y durable. En segundo lugar, la puesta en vigencia del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas excluye de mayores gravámenes a los sectores que conforman el 80% de la población. Yo parto de la base de que las llamadas capas medias están dentro de ese 80%, por lo menos en una proporción elevada. En tercer lugar la disminución de los gravámenes al consumo, que recién se inician, van a continuar en el futuro, también beneficia directamente a esta gente.

Estoy absolutamente seguro de que a partir de los recibos de sueldo y de las pasividades que ya están recibiendo y luego al percibir los efectos a mediano plazo sobre precios, inversión, fuentes de empleo, no tengo la menor duda de que la gente se va a convencer de que este sistema tributario es muchísimo mejor al que estaba en vigencia en el país.

–Siempre decís que esta no es la política de Astori, sino de todo el gobierno…

–Por eso me preocupé de señalar que no es ajeno el tema de la modernización de las relaciones laborales, el tema de las políticas sociales que comenzaron por el Plan de Emergencia y van a continuar por el Plan de Equidad, poniendo ahora el foco en la niñez. Tampoco es ajena al esfuerzo mayúsculo que se está haciendo en materia de educación, por la sencilla razón de que nuestro Ministerio tiene la obligación de financiar todo esto. Por eso digo que hay una política del gobierno y en todas sus ramas –económica, social y laboral-, que es política del gobierno.

–Ahora, creemos que la gente va a poder recién evaluar la reforma por diciembre y enero…

–Para valorarla con seriedad el plazo adecuado es un año. Ahora, la disipación de temores y angustias es mucho antes, es en este semestre.

–Bien, pero en enero habrá que pagar 3% más en la salud y se viene el aumento de la Contribución Inmobiliaria…

La definición de la Contribución Inmobiliaria tiene dos grandes componentes. Un componente catastral, que es el que nosotros aportamos porque es nuestra obligación –la ley nos manda a tener actualizados los catastros–, y por el otro lado la definición de alícuotas, las tasas, que es un tema de las intendencias. Esto está por verse, porque es una decisión de los gobiernos departamentales.

–¿Se hablaría con los intendentes para que aflojen un poco?

–Mi obligación con las intendencias es apoyarlas. Es el esfuerzo que estamos haciendo. Estamos volcando a los gobiernos municipales más de 200 millones de dólares al año. Además estamos cu
mpliendo con los aportes, que son puntuales. Una angustia que tenían los gobiernos municipales antes –no sólo sobre el volumen de los aportes, sino que también porque llegaban tarde y mal–. Hoy se les aporta lo que hay que aportar y se les aporta puntualmente. Ahora saben lo que van a recibir y en qué fecha lo van a recibir.

–Has dicho que esta política es de todo el gobierno, pero muchas veces te vemos bastante solo…

Todo el gobierno está respaldando el nuevo sistema tributario. Todo. Del Presidente de la República hasta el último integrante del gobierno. Pero por razones de especialización, de manejo de la información, el equipo económico es el que tiene la mayor responsabilidad. Tal vez sea esa la razón que explica un protagonismo especial del Ministerio de Economía y Finanzas. No hay más que eso.

–¿Cómo se aprecia desde el gobierno al sector empresarial uruguayo? Los empresarios eran los que tenían desconfianza de la izquierda. ¿Aceptan ahora la propuesta del gobierno? ¿Tienen esos empresarios un proyecto de país o sólo hacen negocios?

No me parece correcto que yo me exprese sobre los proyectos de país del sector empresarial. Creo que lo deberían de hacer ellos. Pero quiero contestar, dando mi impresión sobre las preguntas. Creo que están mejorando y sobre todo hay avances sobre algunas de las deficiencias que yo he conocido históricamente. Primero: no es lo mismo ser empresario que dueño de empresa. En el pasado Uruguay tuvo mucho más dueños de empresas que empresarios.

Cuando hablo de empresario me refiero al concepto profesional. Me parece que estamos avanzando hacia la profesionalidad, pero está faltando mucho camino por recorrer.

¿Qué quiere decir avanzar hacia la profesionalidad? Respondo desde mis ideas de izquierda: digo responsabilidad social. El empresario cumple una función en la sociedad que no es sólo la de intentar maximizar su rentabilidad.

El concepto de responsabilidad social y de formación del propio empresario, de capacitación, de especialización, que forma parte de su responsabilidad social, son temas esenciales de los valores a destacar y a ganar en este proceso de mejora.

En segundo lugar, está el «emprendurismo», una palabra que se está usando, como actitud de disposición a asumir riesgos, que faltó muchas veces en el pasado. Cuántas historias hubo de empresarios que vivieron a costillas del Estado y con financiamiento del Estado, que cuando se acabó el apoyo bajaron las cortinas de sus empresas. Eso no puede ser. Hay que asumir riesgos y responder por ellos.

También hay que avanzar mucho en lograr una mayor actitud innovadora, porque ha predominado una actitud conservadora. En innovación y conocimiento no nos puede pasar lo que nos pasó muchas veces. Uruguay, con enorme sacrificio, le dedicó recursos a apoyar proyectos de investigación, programas de desarrollo tecnológico, y resulta que después nos encontramos con que no había demanda. Y esto es un drama. Trascartón, que Uruguay ha invertido muy poco y se encontró que nadie le pedía del otro lado del mostrador.

Otro renglón en el que hay que avanzar es en lo empresarial, porque tiene que haber una mayor actitud de innovación y a la vez hay que exigirle más al Estado.

–También ese empresario, en los últimos tiempos, ante la aplicación de la reforma tributaria subió un poco los precios para después bajarlos y así no perder…

No tenemos constancia de ello. Es, además, muy difícil de probarlo porque lamentablemente el efecto de reducción de precios que tiene el nuevo sistema tributario tuvo tendencias contradictorias por la gran inflación importada que hemos tenido en los últimos tiempos. En el último año, terminado el mes pasado, Uruguay importó entre 8 y 9% de inflación. Lo que sí tengo claro es que si no hubiera sido por la entrada en vigencia del nuevo sistema tributario hoy tendríamos precios mucho más altos en muchos bienes fundamentales para el consumo de la población. De eso no tengo dudas.

–El 23 de agosto hay un paro general convocado por el PIT-CNT que, se ha dicho por algunos de los voceros sindicales, es para cambiar la política económica. ¿Qué siente cuando escucha eso?

Respeto todas las opiniones. Hay que tenerlas en cuenta, no hay que echarlas en saco roto, porque siempre hay algo que se puede aprender del que piensa distinto.

Nosotros entendemos que no sólo no hay que cambiar la política económica, sino que esta política económica está teniendo excelentes resultados. Espero poder seguir explicando y comunicando. Yo, incluso, he tenido varias comparecencias a nivel sindical y estoy dispuesto a seguir teniéndolas para intercambiar criterios y puntos de vista.

–Desde el movimiento sindical se critica que el gobierno no desarrolla políticas sectoriales, activas…

–Estoy totalmente en desacuerdo porque estamos practicando políticas sectoriales, activas. Por un lado el Ministerio tiene políticas transversales, que no son sectoriales, que son horizontales, que son las que atraviesan todo el espectro de actividades productivas del país. Un ejemplo típico es la innovación: el estímulo permanente al progreso tecnológico, como el que contiene el nuevo sistema tributario.

También tenemos las políticas verticales, las sectoriales, las que intentan focalizar en sectores determinados el apoyo, como la industria textil, de la vestimenta. El Uruguay puso en práctica un programa de estímulos especiales a ese sector para ayudarlos a superar este temporal. Es un sector que hay que evitar que se muera. Pero para este sector es fundamental, que más temprano que tarde, tuviéramos un acuerdo con Estados Unidos, porque para ellos, unas 15 mil familias, es un asunto de vida o muerte.

Discrepo con la afirmación: hay políticas sectoriales activas. Puse dos ejemplos, pero no son los únicos, también los hay para pequeñas y medianas empresas.

–Hoy aparecen dos visiones en la izquierda en materia económica…

–Sería tonto negarlo. Hay dos visiones en la izquierda en materia económica, pero hay que respetar a la otra visión. Yo leo todo, analizo todo, no descarto nada a priori. Lo digo con toda sinceridad y franqueza: me leo todo, leo todos los análisis que puedo, ya sean muy distantes con mi posición o no. Estamos muy convencidos con lo que estamos haciendo y estamos seguros de estar recorriendo no sólo el camino que marca el programa del Frente Amplio, sino también el camino que el Uruguay necesita.

–El actual sistema tributario es más o menos progresista, ¿si lo comparamos con otros sistemas tributarios de América del Sur?

Estamos en un camino, por aquello de que lo que tenemos hoy no es la versión definitiva. Estamos en el camino de ser uno de los sistemas más progresistas que se conocen en la región. También creo que los sistemas de Brasil y Chile, son muy buenos.

Recuerdo que nosotros estamos arrancando en esta primera etapa, respetando equilibrios que para nosotros son fundamentales. Hay un triple equilibrio fundamental: equidad, eficiencia y estímulo a la inversión. De entrada el sistema no puede ser muy complicado, por la profundidad del cambio que estamos llevando adelante. La primera etapa tiene que ser aplicable, ser viable y al mismo tiempo no perder recaudación. A la luz de las primeras experiencias, nosotros vamos a profundizar el camino que pretendemos recorrer. Más equidad, mejores deducciones al impuesto a la renta, liquidación en base al núcleo familiar, menos impuestos al consumo. Seguir eliminando impuestos y más estímulos a la inversión productiva.

Hoy tenemos un conjunto de deducciones que yo catalogaría de conjunto inicial. Tenemos los aportes jubilatorios, los aportes a Disse, los aportes al Fondo de Conversión Laboral, los aportes al Fond
o de Solidaridad, los gastos de salud de los hijos menores a cargo del contribuyente y un sistema especial para pasivos. No son pocas las deducciones, son una cuantas, pero son mejorables.

–Tú has hablando de que esta reforma va a traer un cambio cultural en los uruguayos, quienes van a comprender la importancia de pagar impuestos. Pero, a la vez, ese cambio cultural se va a reflejar en otros aspectos quizás menos trascendentes, pero igualmente importantes. A los uruguayos nos cuesta mucho hacer cálculos, llenar papeles, recordemos que mucha gente la quedó en los bancos por no saber leer la letra chica de los contratos…

–Hay que ayudar a la gente a que procese ese cambio cultural…

–Si de aquí a diciembre hay gente que se equivoca y no por hacerse la viva, ¿van a ser duros, van a poner multas?

–No, hay que actuar con gradualidad, pero hay que controlar. Hay que ayudar a ese cambio cultural, que pasa por asumir la conciencia de que debemos pagar impuestos y a la vez asumir el concepto de solidaridad, que cada uno de nosotros aporte en función de sus posibilidades para ayudar a los que no tienen posibilidades. Eso lo tenemos que meter en la cabeza y en el corazón. Estoy seguro de que la gente va a ir asociándose al ritmo de este cambio y va a terminar convencida de que este es un buen sistema tributario.

–Quedan dos años y medio de este gobierno. Si en ese tiempo se cumple con el proyecto básico del programa del Frente Amplio ¿qué país hay que pensar para el año 2015?

Un país que tenga mucha mayor capacidad para realizar su enorme potencialidad, que le da su dotación de recursos, su capital humano, su localización estratégica, que muchas veces fue vista como una desventaja pero que hoy la visualizamos con una enorme ventaja, los activos intangibles, la confianza que ha sabido despertar este país en el exterior. Este es un país respetado y el gobierno de izquierda de Uruguay es respetado profundamente en el exterior. Es un gobierno que tiene la capacidad para ser visitado con respeto por el Presidente de EEUU y por el presidente Chávez, por ejemplo. Esto es fundamental para este pequeño país.

Cuando miro hacia 2015 pienso en un país que haya procesado reformas estructurales fundamentales, empezando por la del Estado. Nosotros no vamos a poder completar la reforma del Estado en 2009, pero estamos arrancando con fuerza y aspiramos y nos proyectamos en los próximos años siguiendo por el trillo de esta reforma, para tener un Estado capaz de conducir un proceso de desarrollo con justicia social, que es el norte de este primer gobierno de izquierda.

El gobierno del Frente siempre se planteó visualizar el desarrollo como la realización de opciones de vida digna. También visualizo algo muy difícil, que este país comience nuevamente a revertir la historia de expulsión de sus hijos.

Una parte importante de mis sueños personales es que el Uruguay vuelva a recibir a sus hijos e impida que se vayan los que vamos a tener en los próximos años.

–¿Vas a acelerar los ritmos?

Cuando uno dice que vamos a este ritmo prudente, nos referimos a la «sostenibilidad» del proceso. Este proceso de cambios no se nos puede venir abajo, no podemos perder el esfuerzo que hemos hecho. Cuidemos el ritmo, que del ritmo depende que dure este proceso de cambios. A eso me refiero.

–¿De 2010 en adelante hay que apurar el ritmo?

–Es muy difícil comparar ritmos intertemporales, porque en 2010 voy a estar abordando no ritmos distintos, sino problemas distintos.

–¿Estás mirando hacia adelante también en la política? No te hemos preguntado si vas a ser candidato a la Presidencia de la República…

–(Astori se ríe).

Pero hablaste como Presidente…

–No, no. Yo hablo como uruguayo y como actual ministro de Economía, que por estar en esta mesa he tenido la fortuna de acceder a mucha información, junto a un equipo formidable de trabajo. Acá trabajo contento todos los días, porque los tengo a ellos y porque merecen mi total confianza personal y profesional. Es un equipo increíble, inmejorable. Desde ese punto de vista es que me proyecto hacia el futuro y pienso como un uruguayo, con los privilegios que significa ser hoy ministro de Economía.

–Aunque a los ministros de Economía, por lo general, no les va muy bien en política…

–Bueno, es un cargo pleno de responsabilidades. Pero ha habido muy buenos ministros de Economía (sonríe).

–Cuando creaste Asamblea Uruguay te propusiste renovar a la izquierda. ¿Cómo va esa renovación?

Vamos bien y pasando por la etapa de estar en el gobierno, que es absolutamente fundamental para darle fuerza a ese proceso de renovación. Vamos muy bien.

–¿El Presidente ayudó?

–Sin duda, ayudó desde antes de llegar al gobierno. Sin Tabaré no sería posible la renovación de la izquierda. *

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