Diputados aprobó modificación de diversas normas para la seguridad en el medio rural
El presidente Enrique Pintado, amable como Ricardo III después de una buena siesta, le contestó que sí, pero que no se angustiara; si se pedía un cuarto intermedio era posible tratar ese otro tema y luego seguir con el que Salsamendi debía informar: Modificación de diversas normas legales para seguridad en el medio rural.
Ya sereno como un lama, Salsamendi inició su exposición –tal vez porque no entendió lo que en realidad ocurría, como le suele pasar a todos los lamas– y al minuto y medio Jorge Orrico (Asamblea Uruguay) pidió el cuarto intermedio.
Cuando unos se levantaban rumbo al ambulatorio a negociar un rápido trámite de la cuestión incluida en la sesión especial –Presupuesto de Secretaría–, otros ingresaban a sala. El cruce produjo una de las confusiones más conmovedoras que recuerda la historia legislativa nacional.
Para que nadie lo dudase, alcanzó a verse al senador Enrique Antía, de sobretodo, luciendo una bufanda de seda gris calzada en su robusto cuello como una golilla. En su brevísima aparición llamó la atención, no se puede negar, aunque tal vez no haya sido su objetivo.
El tema de urgencia
–Les voy a pedir a todos que se sienten…–, dijo Pintado al regreso del cuarto intermedio, ya con un tono de Ricardo III luego de no haber dormido ni diez minutos.
Como nadie le dio pelota, él la bajó –la pelota, digo– y añadió, entonces con una suerte de resignación digna de un franciscano: –Les voy a informar qué vamos a votar y acerca del acuerdo que se ha alcanzado.
Leyó lo que debía y el Presupuesto de Secretaría, un asunto tan interesante para el lector común como la traducción al esperanto del Evangelio según Paulo Cohelo, fue por tanto aprobado. Lo interesante estuvo en un adelanto de Pintado, vinculado a ese Presupuesto: presentará un proyecto denominado «Expoeduca 2007″, incluido dentro del programa global, también de su autoría, «Promoción de ciudadanía»; se trata de una exposición en el LATU a la que se dará acceso a todos los estudiantes en edad de definir su carrera. Allí habrá técnicos especializados que les ayudarán a decidir su vocación.
Tras cartón, y antes de ir al tema de la seguridad rural, ingresó, como moción de urgencia, otro proyecto: el otorgamiento de amnistía a policías que cometieron delitos electorales durante las internas de 2004, admitiéndose que ello ocurrió por culpa de los propios partidos y por falta de información. Pintado se limitó, en realidad, a leer el texto del proyecto:
«Artículo 1º: Acuérdase amnistía a los funcionarios policiales incursos en el delito electoral previsto en el numeral 4º del artículo 77 de la Constitución de la República, cometido en ocasión de realizarse las elecciones internas de los partidos políticos el día 27 de junio de 2004.
«Artículo 2º: Dispónese que el Ministerio del Interior, en vísperas de las elecciones internas de los partidos políticos, de las elecciones nacionales, de la eventual segunda elección entre las dos candidaturas más votadas a presidente y vicepresidente de la República, de las elecciones departamentales y de los actos de plebiscito y referéndum que puedan llevarse a cabo, difunda por medio de los servicios correspondientes y entre los funcionarios policiales de todas las categorías, el alcance del numeral 4º del artículo 77 de la Constitución de la República».
Esto es, en castellano básico, que los policías «deberán abstenerse (…) de formar parte de comisiones o clubes políticos, suscribir manifiestos de partido, autorizar el uso de su nombre y, en general, ejecutar cualquier otro acto público o privado de carácter político, salvo el voto».
Aprobado el proyecto, me fue dado observar la cabellera cana y abundante de Daniel Carvajal (suplente Espacio 609), digna de un artista plástico o de un violinista de una orquesta sinfónica internacional; el hecho de que tomara muchísimo mate me indujo a sostener la primera hipótesis y descartar por completo la segunda.
Seguridad rural
Finalmente, Salsamendi pudo completar su informe sobre el proyecto, presentado por la mayoría, de modificación de diversas disposiciones legales para la seguridad en el medio rural. Vale aclarar que el texto modifica el original enviado oportunamente por el Poder Ejecutivo con respaldo, entre otros, de los ministerios del Interior y de Ganadería, Agricultura y Pesca.
Usando su habitual tono seguro pero monocorde –sólo sacudido cuando su compañero Aníbal Pereyra le susurró algo para mí inaudible que le hizo temblar el maxilar inferior, ahogado de risa– dijo que «el ámbito rural, como espacio donde se desarrollan relaciones humanas y se desarrolla una actividad económica, es por tanto hogar y lugar de trabajo de un sector importante de la población nacional». Y agregó que «una sociedad más justa no se construye exclusivamente con modificaciones de leyes, tratando de adaptar la conducta de los jueces a una multiplicidad de situaciones». A renglón seguido, aclaró que, acerca del concepto de «casa habitada» –y objeto de delito–, la normativa vigente es efectiva y suficiente; y luego destacó lo más relevante de las modificaciones que se incorporan a las disposiciones en vigor: circunstancias agravantes del contrabando en el Código Penal; el castigo de la caza o la pesca en fundo ajeno, contra la voluntad expresa o tácita del fundante, y de la invasión de un predio por animales ajenos; una definición más precisa del delito de abigeato y la incorporación al Código Rural de este artículo: «El que se apoderare con sustracción de granos, productos forestales, semillas y demás productos agropecuarios será castigado con la pena del artículo 258 del Código Rural».
Como podrá apreciarse por una lectura simple de esta exposición, no fue, la de anoche, más allá de la exquisita buena voluntad de Salsamendi, una sesión entretenida. Quizás por eso, en cierto momento, al mirar a Irene Caballero (Alianza Nacional) padecí una ensoñación; la ví igual, igualita a Isadora Duncan cuando aprendió a bailar el tango en Buenos Aires. Pero de inmediato, ah, la realidad, observé detrás suyo, cual estaca blanca, la inmensa figura de Mauricio Cusano (Alianza Nacional), que tiene terrible presencia de guardabosques. Y volví en mí.
Afortunadamente, también ayudó una brevísima intervención de Orrico, ajustado y tajante como cuando John Dewey hablaba de la lógica aristotélica y hacía calentar a Bertrand Russell. Apuntó, apenas, que había «que profundizar más en los discursos del Frente Amplio sobre la ley penal», y recordó a Daniel Díaz Maynard. Lo hizo obligado por algunas alusiones de la oposición acerca de un supuesto «ablandamiento» en la posición de la mayoría sobre la cuestión de la seguridad; usó un ejemplo impactante: «Si un hombre golpea a una mujer es un caso individual, para la ley penal; si miles de hombres golpean a miles de mujeres, es un problema estructural que no se arregla con esa ley penal solamente, pues hay que tomar otras medidas para resolver un problema de fondo».
Argumentos opositores
Antes de que la oposición iniciase su batido de alas y su parloteo, me cautivó la imagen de mi amigo David Dotti (Alianza Nacional), parado como un tótem e insistiendo con una campera marrón agamuzada, quizás para verse parecido a Stallone. El porte, ahí, bastante semejante. Pero el abdomen, traicionero, denunció más whisky y pollo que el consumido por el actor de «Rocky».
Volviendo al tema de la seguridad rural, la oposición pretendía que se aprobase el proyecto –y así lo reclamó, aunque en minoría– tal como había llegado a la comisión correspondiente, con apoyo del propio Poder Ejecutivo, incluyendo modificaciones más severas a las normas legales vigentes en la materia.
No aceptó las razones de la mayoría. Gustavo Borsari (Herrerismo) cargó sobre sus hombros, y sobre sus lentes, que calzó y descalzó en una reiteración desquiciante, con la responsabili
dad de insistir en un mayor rigor: «El texto aprobado por la mayoría descarta de plano la seguridad individual o, mejor dicho, la posibilidad de modificar instrumentos vigentes como Legítima Defensa, en el ámbito rural. Esto demuestra un desconocimiento de la realidad en el campo o la creencia de que lo solicitado por la gente que padece la delincuencia no es atendible». A juicio del legislador blanco, «el proyecto original trataba el ámbito rural y la inseguridad reinante en el mismo desde un punto de vista integral, es decir, la seguridad de los semovientes, de los otros bienes muebles o inmuebles y de los individuos». A este planteo siguió un extensísimo, descorazonador debate que todos sabían cómo concluiría. No obstante, le dieron a mansalva, de un lado y otro, multiplicando las alusiones estentóreas y los gestos ampulosos de «cortá pa’ la salida».
Fue tan aburrido que busqué algo rescatable. Y lo hallé en la actitud del diputado Jorge Pozzi (Nuevo Espacio); pocos lucharon contra el sueño tan estoicamente, tan a brazo partido contra los párpados que se desplomaban. ¡Y logró vencer!
Por mi parte, estaba tan incómodo que intenté extraer de la memoria la letra del tango «Condena», de Enrique Santos Discépolo. No pude, aunque sí recordé que tiene como tema el amor y no la molesta, espantosa inflamación de algunas partes que yo estaba soportando.
Ah, me olvidaba. El proyecto de la mayoría fue aprobado. Obviamente. *
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