Conmovió a todos una sesión extraordinaria de Diputados de inusual brevedad

Se aprobó la salida de un buque con tropas y pertrechos hacia Haití

Escrito por: DESDE DIPUTADOS  - ANTONIO PIPPO

Miércoles 25 de julio de 2007 | 4:26
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¿Cuál fue la razón de que apareciese Irene Caballero (Asamblea Nacional), al fin suplantando a Jorge Gandini, asemejando la visión femenina de una conmovedora égloga?

¿A santo de qué Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista) exhibió su sublime elegancia, resaltada esta vez por un tono marrón con exquisitos matices dorados?

¿Por qué no se le explicó a Sandra Etcheverry que era innecesario que irrumpiese, a la manera de una ilusión lorquiana, toda de negro como Bernarda Alba?

¿Quién debió advertir a José Carlos Cardoso (Herrerismo) que no bajase las escaleras apurado, mientras sorbía un café, remedando a equilibristas de Susana Giménez?

Qué pena. Ignoraban que la sesión extraordinaria de Diputados iba a durar una hora escasa. ¡Tanto pusieron estas personas de sí! ¿Para qué?

 

A velocidad de la luz

Jorge Menéndez (Partido Socialista) informó el proyecto que autoriza al buque “ROU General Artigas” a transportar material y tropas a Haití. Con elocuencia y sin demasiada necesidad, Menéndez repitió argumentos ya oídos cuando se habló del envío de militares a ese país. A todos nos invadió una cierta fatiga.

A esta sensación contribuyó Daniel García Pintos (Lista 15) quien, encaprichado con ese traje claro eléctrico, adujo –con un registro que discurrió por el fa menor– que era “imprescindible votar esto”. Y aunque aclaró que no había necesidad de reiterar información de la situación por la que atraviesa Haití, igual lo hizo. Fue breve, pero fatigó al cubo.

El proyecto fue convertido en ley por 69 votos en 70 y la resolución comunicada ayer mismo al Poder Ejecutivo. De otro modo el “ROU General Artigas” y el aporte militar uruguayo podían llegar para la Navidad o alguna celebración vudú de diciembre.

La cara del presidente Pintado era una fiesta. ¡Al fin una sesión que no se la complicaba nadie! Me lo imaginé con ganas de instaurar un premio a quienes colaborasen para persistir en este esfuerzo de brevedad en el logro del consenso necesario.

 

No hubo debate, pero…

Después, como moción de urgencia presentada por la mayoría, entró el proyecto de “Acuerdos por canje de notas con el gobierno de México, con modificaciones al régimen tributario establecido en el tratado de libre comercio con el referido país”. Un enunciado capaz de inducir a Humberto de Vargas a perpetrar un furcio (me refiero a él, porque es el único que sigue invicto; si fuera Schubert Pérez…, quiero decir Jorge Traverso, otro gallo hubiera cantado).

La oratoria la inició Daniel Peña (Alianza Nacional), quien, por supuesto, lo primero que dijo fue que se oponía. Luego explicó que no compartía modificaciones de tributos que sólo benefician a México, creyó descubrir contradicciones en dichos y actos de la Cancillería y ­ya con una voz en falsete que me recordó al Alberto Echagüe que debutó con D’Arienzo- apuntó con balas de grueso calibre a cambios que, a su juicio, llegaban en un momento inoportuno.

Siguió Jaime Trobo (Herrerismo), notoriamente mejor preparado, como cuando empujó para que “La Cumparsita” fuera designado Himno Popular de la Nación. El barbado legislador, hoy hablando con la serenidad del personaje malo de “Terminator 2″, explicó que todas las importaciones de Uruguay tienen un doble gravamen: 2% por comisión del Banco República y 1% por tasa consular. El proyecto presentado deroga esos gravámenes sólo para el comercio con México. En su opinión, implica una ventaja del 3% para los productos de este país, en detrimento de las demás importaciones uruguayas, incluidas las del Mercosur. Trobo, ahora con un énfasis más parecido al del pibe Romano cuando, gritando un gol de Uruguay, pierde su infinitesimal capacidad de raciocinio, propuso “derogar el doble gravamen para todos los casos, pensando sobre todo en el comercio con el Mercosur”.

Iván Posada (Partido Independiente), con voz inquietantemente tranquila, como si tuviera gripe, interrumpió para informar que una cláusula de la Organización Mundial del Comercio obligará a nuestro país a esa derogación.

Al final, Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609), muy parecido a un clérigo que acaba de renunciar a sus hábitos, hizo ­como único aporte del oficialismo, que sabía que jugaba con el dos y el cuatro de la muestra- una aclaración casi innecesaria.

Pintado, asemejándose a la Madre Teresa por su compasión, apuró el trámite y el proyecto fue aprobado por 64 votos en 64, pasando de inmediato al Senado. *

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