Eduardo Ache, economista y piloto: "Volando se está más cerca de Dios y más lejos de la maldad de la gente"

"En los momentos difíciles en Ancap hubo gente como el senador Mujica que me dio una mano"

–¿Cuántos años en la actividad pública?

–Cinco años en Ancap y tres en el Ministerio de Industria hacen ocho.

–¿Está viviendo una situación de duelo?

–No, creo que esta no es una decisión que haya salido de la noche a la mañana. Hace tiempo que venía meditando y masticando las distintas alternativas. Le hice saber al Presidente que yo no podía quedarme cinco años más y creo que esto es postivo y bueno para todos.

–¿Qué cambios vivió Ancap durante su gestión?

–En lo interno el cambio más imporante es la convicción de quienes participan dentro de la empresa de saber cuál es su desafío y cuál es su futuro. Hace cinco años muchos podían pensar que el monopolio era la tabla de salvación y la seguridad para siempre. Hoy todos los que están en Ancap saben que el principal desafío es tener una empresa competitiva en un entorno abierto, globalizado, con una situación de competencia muy dura. Esta es la realidad del mercado regional y mundial. Por eso digo que el cambio es cultural, porque la gente de Ancap tiene conciencia de que ese es el desafío.

Creo que la gente tiene una percepción de que hay una institución del Estado que ha querido cambiar, que lo ha intentado con algunos éxitos y con algunos fracasos. La gente siente que la empresa está peleando positivamente en el sentido de la modernización.

–Por eso no se entiende que usted se retire, porque con usted –que no es el único– se va esa memoria cultural de la que habla.

Como usted dice, yo no soy el único. Siempre he señalado, en una frase que utilizo muy a menudo, que cuando se le pone nombre a las cosas, usted a la vez les pone límites.

No hay hombres imprescindibles y es verdad que los hombres pasamos y las instituciones quedan. Desde el primer día mi desafío fue preparar una institución para cuando uno se fuera. Soy de los que creen que la cabeza tiene que poner la línea, la orientación, pero quienes tienen que actuar y asumir las responsabilidades son quienes están en los cargos gerenciales. Cuando se empieza a personalizar en alguien los temas de gestión, aun los temas que son positivos pueden llegar a obstaculizar la solución. Batlle sabía que no nos íbamos a quedar cinco años y por eso le dijimos que entendíamos lógico que se llevara adelante la transición de la forma que él considerara oportuno.

Entiendo que es sano que la gente no esté una eternidad en un cargo. Le aseguro que mi decisión no fue de la noche a la mañana. Yo ya había anunciado mi candidatura en Nacional un mes antes y todos tenemos claro que es imposible manejar Ancap y Nacional a la vez. Con esto no oculto el cariño que tengo por Ancap, pero en la vida lo más difícil es saber cuándo hay que dar un paso al costado y en este caso, por varios motivos, era el momento justo.

–¿Por qué Nacional significa tanto para usted?

Nacional forma parte, una parte muy importante, de la vida del país. Además es una institución con cien años, con historia, que genera mucho sentimiento. Así como hay gente que siendo hijo de industrial mama el trabajo de su padre, no es casualidad que hijos de políticos sigan siendo políticos, hay hijos de hombres del fútbol y yo soy uno de ellos. Mis recuerdos de la infancia son el Parque Central, Los Céspedes, la sede, acompañar a mi padre a los partidos, ir en el ómnibus con Manga y Artime. Uno siente el apego a las cosas. Hoy en día el fútbol forma parte de un proceso de cambio muy grande y quienes queremos a una institución también queremos participar para colaborar en un momento que no es menor. Somos conscientes también de que no es un momento fácil en la vida de Nacional, porque una vez que uno se mete en la vida íntima del club añora la ingenuidad del hincha en la tribuna. Yo sería mucho más feliz en la tribuna del estadio, teniendo una gran directiva con un club saneado, consolidado y desarrollado hacia el futuro. Intenté que otros lideraran la situación, no tuve suerte y por eso asumí la responsabilidad de plantear una alternativa por Nacional y por quien me enseñó a querer estos colores.

–¿Usted sale a correr, a caminar, todos los días?

–Corro todos los días, ahora un poco menos. Y esto me permite decirle algunas otras cosas, porque tienen que ver con la calidad de la vida. Hay momentos en que uno se pregunta «qué estoy haciendo, a dónde voy». Recuerdo que cuando le pedí a Recalt que fuese candidato y él me decía que no podía, le dije: «Mire, la diferencia entre usted y yo no es sólo que usted tiene unos cuantos años más que yo, que usted probablemente tenga una cuenta bancaria muchísimo más abultada que la mía, sino porque estamos en etapas de la vida totalmente distintas; usted debe de estar disfrutando a sus nietos y a mí me quedan muy pocos años para intentar tener un hijo varón».

Uno ve que la vida se va y se pregunta a qué le está dedicando su tiempo. También tengo mis actividades particulares, cuando el país está pasando por un momento delicado y dificil. Recuperar esa calidad de vida o recuperar ese tiempo para las cosas que uno quiere es muy importante. Es parte de lo que me está pasando. A veces uno terminaba creyendo que todos los temas de la empresa pasaban por responsabilidades de uno. Estos son todos factores que han incidido para que me vaya. Si mañana no voy a tener un hijo varón con quien jugar al fútbol, quisiera que no fuera porque no hice todo el intento (se ríe) y no porque no tuve el tiempo para poder fabricarlo.

–También me comentaron que cuando se queda a comer en la sede de Ancap, pide sólo sopa.

(Me mira con cara de sorpresa) –Es cierto. Ahora tengo unos cuantos kilos más de los que debería tener. El problema que tengo es que bajo 500 kilos y después subo 505 kilos. Entonces a veces uno come de más y al otro día trata de cuidarse. En lo posible trato de comer liviano, porque si trabajando me como un buen bife la digestión complica la actividad del día.

–Recién decía que hay momentos en la vida en que hay que plantearse para qué está uno, cuáles son sus objetivos y lo entiendo bien. ¿Siente que se agotó la etapa política de su vida?

Nadie puede predecir el futuro (silencio). Creo que para mí es una etapa cumplida. Así como mamé el fútbol, también mamé la política. Mi padre fue durante doce años diputado. Hoy la política cada día dignifica menos, porque las reglas del sistema son duras. Se enchastra mucho gratuitamente. Siempre digo que la mejor forma de colaborar con Uruguay es que mi país no tenga que colaborar conmigo. En este momento, en las empresas que estoy, pago más de 500 sueldos por mes y es una responsabilidad grande. Cuando usted está en una empresa y se encariña con la gente, tiene un mínimo de responsabilidad social. Esas empresas y esa gente también necesitan del tiempo de uno. Yo tengo que cuidar mis actividades personales. Saber lo que es llegar a fin de mes, saber lo que es hacer andar una empresa, saber lo que es tener que pagar los sueldos, es una disciplina muy importante. Estoy en un momento en que buena parte de mi tiempo voy a tener que dedicarlo a mis cosas. Mis socios me han ayudado mucho, pero también dicen «Eduardo, colaboremos todos». Es que de becado no se puede estar mucho tiempo (se ríe).

–Hace mucho tiempo un político muy conocido, no importa el nombre para este caso, me dijo en un momento muy particular de su vida: «Legnani, el fútbol es más sano que la política, porque te pegan de frente y no en la nuca». ¿Es así?

–Si estoy en carnaval y me tiran una bombita de agua no me enojo, porque todos c
onocemos las reglas de juego. Pienso que cada actividad tiene sus reglas, sus códigos. Yo no he tenido más respaldo que quien soy y mi capacidad, y en política a veces se necesitan ciertos afincamientos, ciertos lugares de pertenencia, ciertos anclajes que yo ex profeso no los he tenido. Y no los he tenido hasta por respeto personal. Tengo una visión sobre a dónde debe ir el sistema, porque acá nosotros tenemos un Fitito y hay que correr en Fórmula I, y este sistema como está no sirve para correr a ese nivel. Este es un sistema que tiene su lógica y que muchas veces presenta decisiones lógicas dentro de un sistema que para mí es ilógico para el mundo actual que debemos enfrentar.

–¿Dónde está el corazón de lo ilógico del sistema?

Es imposible, en el mercado petrolero actual, manejar empresas dentro del sistema que tenemos hoy. Sistema que se ha transformado en una verdadera camisa de fuerza. ¿Usted conoce alguna empresa donde un porcentaje muy importante de sus accionistas participe del directorio de alguna de ellas? ¿Usted conoce alguna empresa donde quienes venimos, aprendemos y luego nos tenemos que ir? Esto forma parte de la lógica que tenemos. El propio sistema político es consciente y está preso. Yo mismo acepté las reglas de juego. Esto lo he hablado con el Presidente, quien ha compartido esta idea.

–Si hoy le dijeran que se borra el actual sistema, ¿qué Ancap construiría?

Lo transformaría en una empresa que tenga las mismas reglas de juego que sus competidores. No voy a entrar en la discusión si el Estado puede ser dueño o no, porque el Estado perfectamente puede ser accionista. Sí creo que el Estado debe controlar. Como pasa en todos lados habrá un directorio con un gerente y el sistema político controlando.

–¿Para usted no estamos ante un problema de propiedad, sino de gestión?

El tema es el sistema de gestión. Acá, negocios que pueden ser genuinos, vamos a perderlos por no tener un sistema de gestión adecuado. Acá controlamos la forma, en otros lados controlan el resultado.

–¿Qué negocios pueden perderse?

–Podemos ser la puerta de entrada al Río de la Plata, porque hay empresas que quieren hacerlo. Cuando usted mira el mundo petrolero de hoy se encuentra con Chevron Texaco, por ejemplo. ¿Pensamos que podemos funcionar solos en este mundo donde está Exxon Móvil? En la región, nuestros competidores son Repsol-YPF, Schell, Petrobras EG3, Esso, Exxon-Móvil. ¿Ancap puede competir sola contra todos ellos? Parece que no. ¿Podemos competir solos contra todos ellos con un sistema de gestión público como el que tenemos, donde todos los otros tienen diez mil veces más flexibilidad que nosotros?

Lo primero que debemos hacer es cambiar el sistema de gestión, potenciar lo que tenemos y después elegir un socio adecuadamente. Con esto, lejos de perder la soberanía, la conservamos. Yo creo que hay marco para tener un negocio que mantenga los empleos, que genere exportaciones, pero tengo la obligación de decir que en este entorno es imposible.

Hay que asumir riesgos. La lógica del sistema empresarial significa riesgos, sabiendo que no todo siempre sale bien.

–¿Lo de Argentina, la sociedad con Sol Petrolero, salió bien?

Creo que va a salir bien. Cuando nos metimos en Argentina sabíamos que hay cosas que no pueden medirse. Hoy el valor de lo que se tiene es superior a lo que se invirtió. La prueba de ello es que hay gente que la quiere comprar. Nadie salió a decir que gracias al acuerdo con Loma Negra hay dos fábricas de portland que se salvaron. Eso no lo escucho. Es que el sistema, como lo dije, rescata lo malo y no lo bueno. Algunos me han dicho que se asociarían con Ancap si la empresa estatal es minoría, «porque yo no quiero comprar sus problemas, no quiero comprar sus discusiones». La lógica del sector privado no resiste una discusión política.

El error más grande que cometí fue pensar que este sistema puede ir mucho más allá de lo que da, pensar que la cabeza puede ir mucho más allá del cuerpo. Espero que el balance final contenga las ganadas y las perdidas, que tenga en cuenta el patrimonio que recibí y el patrimonio que dejé. Si hipotéticamente tuviera que empezar otra vez, volvería a asumir los mismos riesgos. Yo no puedo estar peleando para un sistema más abierto, más competitivo y diciendo que esto debe ser una empresa y por otro lado no estar dispuesto a asumir los riesgos. Es que el sistema no es compatible con los tiempos modernos: usted no puede tomar decisiones empresariales que después tengan que pasar por el filtro de una discusión pública y política. Si hoy Ancap no fuese una empresa que empezó a cambiar, que está ampliando su refinería, que tiene un mercado en Argentina, muchas no vendrían. ¿Usted cree que Petróleos Venezolanos vendría a interesarse por las 200 estaciones que tenemos en Uruguay?

–Dentro de su pensamiento, ¿Uruguay debe seguir refinando petróleo?

Hay una realidad, la refinería está y con ella hay que hacer algo.

–¿Qué hizo?

– Primero consulté a los accionistas y ninguno me dijo: Ciérrela.

–¿Quiénes son los accionistas?

–Los representantes del sistema político son los accionistas, porque la empresa es estatal. También creo que ningún administrador viene a cerrar, pero tampoco vengo a llevar políticas para quedar bien. La mejor prueba de que se puede desarrollar la refinería es que una empresa como Petrobas compra en Argentina una refinería de 30 mil barriles con 600 estaciones de servicios. Nosotros podemos llegar a una refinería un poco más grande y con 500 estaciones de servicio; como empresa somos un lugar muy interesante para quienes quieran venir acá. Va a ser más fácil conseguir un socio con un cierto proceso de transformación del petróleo que sin él.

Debo decir, también, que en los momentos difíciles hubo gente que me dio una mano. El senador Mujica en un momento clave, cuando se le habló, se le planteó, me dio una mano. También hablamos con muchos legisladores que lograron entender cuál era el tema.

–¿Le gustaría ser ministro de Economía?

–No, no. Mi cuota de vida pública la tengo más que cubierta. Yo tengo 44 años, una familia, dos hijas y una mujer divinas, y quiero vivir dignamente hasta los 80 años de edad manteniendo el nivel de vida que tengo hoy, para eso preciso generar mucho y la única manera es trabajando. En la vida pública no lo genero.

–Ese es un problema, porque Ricardo Zerbino no aceptó ser nuevamente ministro y se fue a Fanapel.

–Yo tengo un frigorífico. La vida pública no sólo no dignifica, sino que además no remunera. Usted no puede tener lo mejor si no lo paga y no digo que lo mejor sea Ache. Hay mucha gente joven dispuesta a arrimarse a la vida pública si recibe una remuneración acorde y si aparte no termina enchastrada, aunque no sea la palabra más justa.

–Usted habla de que hay que saber correr riesgos, ¿por eso es piloto de aviones? ¿Qué siente cuando vuela?

Mire, cada uno tiene sus gustos. Yo tengo un auto y un avioncito que lo compré antes de entrar en Ancap y aún no lo terminé de pagar. Lo digo por las dudas (se ríe). Sobre la pregunta hay un buen dicho de los pilotos: «Uno está más cerca de Dios y más lejos de la maldad de la gente».

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