Diputados: las tropas uruguayas seguirán en Haití por cinco meses
-Se va a votar el proyecto de ley tal cual fue envido por el Poder Ejecutivo dijo Enrique Pintado, mientras contaba, recorriendo la sala como Gomensoro, las manos alzadas y los asistentes. -Veintiuno en setenta y tres, negativo.
-Se va a votar el sustitutivo presentado por la mayoría volvió a escucharse al presidente de la Cámara, otra vez contando con mirada de águila. -Cincuenta y uno en setenta y tres, aprobado.
Entonces, de pronto, como saliendo desde un púlpito, se alzó la voz de Javier García (Alianza Nacional): -Solicito que se rectifique la votación.
«¿Qué te pasa?» pareció decir la expresión facial de Pintado, con la misma cara, cejas en perfecto arco, que ponía Isidoro Cañones cuando el indio Patoruzú le acribillaba la paciencia.
Pero, canchero al fin, bajó la pelota: -Se rectifica la votación aceptó, contando por tercera vez. Setenta y tres en setenta y cuatro.
Caramba. Los ojos de Pintado asemejaron el dos de oro ¿El Señor había descendido de los cielos y aterrizado inesperadamente en sala? ¿Era la milagrosa multiplicación de los votos, ya que no de los peces y los panes? No. Simplemente, la oposición, quizás influida por la alta temperatura que en algún momento alcanzó el debate, se había distraído pese a su previo anuncio de que votaría »más vale algo que nada», se oyó decir el sustitutivo del oficialismo.
Descifrada la inesperada peripecia y sumados los votos como correspondía, todo acabó: la bancada del Frente Amplio redujo de un año a ciento cincuenta días la prórroga del plazo de permanencia de las tropas uruguayas destacadas, en misión de paz, en Haití. El asunto pasó al Senado (ver página 5).
Todo empezó serenamente…
Luis Rosadilla (Espacio 609) fundamentó la posición de la mayoría apelando a la sinceridad: «Se nos creó una situación compleja con el proyecto de ley remitido por el Ejecutivo. No queremos que el gobierno quede mal parado ante las obligaciones internacionales que ha asumido, pero como legisladores tampoco queremos estar ausentes de un debate que hay que dar».
Pese a ciertas circunstancias que contribuyeron a la desconcentración un poncho de color indefinido como Peñarol que lucía Daniela Payssé (Alianza Uruguay), Víctor Semproni (Claveles Rojos) masticando algo con exquisita urbanidad y Luis Lacalle Pou (Herrerismo) sentándose con sigilo felino detrás de Daniel Peña (Alianza Nacional) se pudo entender que los diputados de la izquierda tienen, respecto de la permanencia de militares uruguayos en Haití, un intríngulis parecido al que desvela en estos días al Coco Basile.
Rosadilla confirmó que la iniciativa de reducir el plazo en cuestión fue planteada por el MPP al Frente Amplio, en consulta con el Ministerio de Defensa, y llegaba con respaldo de toda la bancada: «Uruguay ha corrido con enorme fortuna, porque las pérdidas humanas han sido mínimas en relación a la cantidad de misiones y efectivos. Pero estas decisiones tienen que tomarse con absoluta responsabilidad». Y añadió con una voz que se le iba apagando, como si una traicionera constipación hubiese atrapado a su generoso apéndice nasal: «A fines de agosto varios legisladores viajarán a Haití para conocer la actual situación de primera mano. Los cinco meses que proponemos son tiempo suficiente para que tengamos un debate amplio, ya que hoy no tenemos una posición definitiva».
Mientras José Quintín Olano (Correntada Wilsonista) ingresaba al recinto casi oculto por una bufanda blanca de tamaño revolucionario, que curiosamente le asemejaba a un rabino, Javier García (Alianza Nacional) contestó a Rosadilla con la energía que le permite su habitual tono beato: «La participación de las tropas uruguayas en Haití es una cuestión de Estado y, por tanto, debe perdurar en el tiempo. Los argumentos para acortar el plazo de la prórroga de su misión no son de recibo». Enseguida, su voz subió al re menor para ironizar: «Qué paradoja, la oposición a favor del Poder Ejecutivo y la bancada del gobierno en contra. No se puede modificar los plazos como si esto fuera un remate. La bancada oficialista cambió de opinión cinco veces en tres años».
…y terminó entre dardos cruzados
Iba a seguir, pero en ese momento un celular de sonido musical emuló la vieja sirena de «El Día»: era de la diputada Payssé, quien no estaba en su banca pero regresó a ella en un par de acrobáticos saltos. Hasta que no apagó el maldito aparato, García quedó duro como rulo de estatua, pobre hombre. Nadie se merece eso, Daniela. En fin, repuesto, al legislador blanco lo endureció una rara energía llegada de su mismidad porque nada tiene que ver su fuerza de carácter con su estilo algo monacal y fue directo contra Rosadilla: «Esto es la intención oblicua de preparar el terreno para terminar con la participación militar uruguaya. ¡Y pensar que en 2005 el senador Fernández Huidobro dijo que la misión en Haití era antiimperialista!».
Jorge Menéndez (Partido Socialista), inmune al voluminoso anadeo de Jorge Gandini (Alianza Nacional) que justo ingresó a sala quitándonos el placer de contemplar a su suplente, aclaró, como si echara la falta envido: «El Parlamento no se subleva contra el Poder Ejecutivo, porque obramos ajustados a la Constitución y la ley. Corresponde al Poder Legislativo decidir estos asuntos. Debatir es saber. Ver la situación real en Haití, para tomar una decisión definitiva en el momento adecuado».
Daniel García Pintos (Lista 15) arropado con un traje cremoso que ya no usa ni Tony Soprano adelantó que respaldaba el proyecto del Poder Ejecutivo, aclarando que, dado que las mayorías mandan, terminaría votando el sustitutivo del oficialismo.
Sin hesitar, hizo una apocalíptica advertencia, «si nos vamos de Haití, no queda nada», y lució sus conocimientos sobre ese país y sobre las misiones de paz. Fatigó un poco a la audiencia, como cuando Bettinotti extendía demasiado sus décimas.
Víctor Semproni, ya satisfecho por la deglución de su bolo alimenticio, recordó que aún faltaba la aprobación del Senado y que el tema se había desenfocado. Poco después se enroscó en una surrealista discusión con Pintado por el límite del tiempo de su exposición, que el presidente de la Mesa ganó por muerte. Sin embargo, Semproni se salió con la suya al meter, de sota manga al pasar, como diría el tango, un bocadillo: «La oposición ha contestado con argumentos falaces, pero, señor presidente, haga de cuenta que no lo dije, que fue un sueño nomás».
Poco después el asunto concluyó con lo descrito al comienzo, no sin que antes fuese visto García Pintos, en pleno debate, plácidamente sentado en la bancada del Partido Nacional. ¿Habrá sido una ilusión óptica? ¿Un sueño, como dijo Semproni? Porque se lo notaba tan feliz, tan cómodo…*
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