Caótico final en Diputados al frustrarse planteo de fueros de Sandra Etcheverry
La explicación hay que buscarla en lo ocurrido durante los minutos anteriores.
Concluidas las exposiciones acerca del futuro de Uruguay en la Antártida, y cuando el oficialismo pretendía incluir el asunto de la misión de paz en Haití, los blancos pidieron un cuarto intermedio. Había llegado Sandra Etcheverry (Alianza Nacional), hecha una furia y agitando su negra melena parecía Tita Merello allá por 1930, pero en jeans con la intención de plantear un asunto político.
«Esto roza mis fueros parlamentarios, dijo Etcheverry, y quiero explicar que he sufrido una experiencia inadmisible, sobre la cual la Cámara debe pronunciarse». Tal era su bronca que, al resoplar, se le agitaba el flequillo, se le agitaba.
Un final de opereta
La bancada nacionalista procuró negociar con la mayoría que se permitiera a Sandra, que estaba intratable, exponer lo ocurrido. Ahí empezaron las idas y venidas, con muchos legisladores circulando por el ambulatorio y algunos despachos y otros pocos, aburridos como si jugaran al ludo con el hermanito menor (que además se orina encima), conversando somnolientos en el interior del recinto. Hubo dos pedidos más de cuarto intermedio, hasta que, al fin, Etcheverry fue autorizada a contar la triste peripecia vivida; pero, claro, para entonces le quedaban apenas ¡tres minutos!, pues la prórroga de la hora de la sesión no fue votada por la bancada del Frente Amplio.
Rojo carmesí de bronca, a pesar de su tez morena, la diputada arrancó en quinta informando que, junto a otros legisladores de su partido, había concurrido a la Colonia Berro, solicitando a un empleado de la administración que les acompañara a recorrer los distintos hogares. Pero de inmediato llegó una orden del doctor Carlos Uriarte, director del Interj, comunicándole que no lo podrían hacer.
Al retirarse, ella se detuvo frente al Hogar Ituzaingó, donde vio a un funcionario conocido con el que conversó amigablemente según su nerviosa versión alrededor de diez minutos (supongo que de cosas de la vida), hasta que una guardia policial, frente a la cual aseguró haberse identificado, la obligó a retirarse.
Cuando estaba diciendo «entonces soy conducida a la guardia y…», sonó el fatídico timbre de la Mesa, hoy presidida por un flemático pero firme Tabaré Hackenbruch, y se pasó a la media hora final, donde la única anotada para hablar era Nora Castro.
Fue ahí cuando los blancos se arracimaron cerca de la puerta de salida, casi toreando (me pareció escuchar algún bufidito que otro), hasta cerrar el azaroso episodio aplaudiendo a la mayoría que, impermeable, anfibia quizás, se retiró sin siquiera mirar a los furiosos opositores.
La Antártida es el futuro
Al comienzo de la sesión, Víctor Semproni (Claveles Rojos), que lució vigoroso y entusiasta, asemejando a uno de esos pingüinos de los hielos eternos que nunca están empetrolados, hizo la apología de la Antártida y de su importancia para el futuro del Uruguay.
Llamó a elaborar planes no para el corto plazo sino para veinte o treinta años y requirió luego de dar una lección sobre el continente helado al estilo de Ulises Dumont en «Yepeto» el apoyo de todos los orientales para una campaña a la que llamó «Antártida, compromiso nacional».
Curiosamente, mientras Semproni hablaba, la mayoría de su bancada parecía inmersa en una compleja descoordinación motriz, advirtiéndose en medio a Jorge Orrico (Asamblea Uruguay) haciendo más ademanes que El Boyero en los carnavales de 1943. Fue también durante la exposición del hombre que a veces duerme, que Germán Cardozo (Foro Batllista) paseó su elegancia fernandina portando una camisa rosada que, si la hubiese visto Sanguinetti, era fija que, por primera vez en su vida, se le aplanaban las cejas.
Entonces ingresó Jorge Gandini (Alianza Nacional) y su corpulencia hizo que dejara de verse la elegante figura de su suplente, Irene Caballero, que estaba alegrando el ojo de todos. Gandini felicitó a Semproni, añadió lo suyo y advirtió que era un privilegio que Uruguay fuera una de las veintisiete naciones con base en la Antártida. Mi mente divagó un poco e imaginó qué pasaría si Gandini fuera becado a la isla Rey Jorge por, digamos, seis meses; está claro que en su ausencia Irene incentivaría la creatividad parlamentaria y hasta podría despertar la vena poética de algunos legisladores. Quién sabe. Podría surgir de ahí una «oda al junco cimbreante».
Daniel García Pintos (Lista 15) habló de sus viajes al Sur helado, recordó que el Instituto Antártico padece un déficit presupuestal de 500.000 dólares y sostuvo que su actividad hay que verla como una inversión para el país y no como un gasto.
Javier García (Alianza Nacional) advirtió que la crisis de energía y de agua hace que Uruguay deba mirar a la Antártida donde está el 72% de las reservas de agua dulce del mundo- como un objetivo estratégico. Según su opinión, ese objetivo corre riesgo si el país no invierte ni genera avances.
Finalmente, Luis Rosadilla (Espacio 609) rememoró los tiempos en que se decía que vivíamos «de espaldas al mar», extrayendo de esa vieja frase la idea de que ahora, con respecto a la Antártida, no debemos «vivir en un pozo». Aunque muchos no entendieron la referencia, que dejó olor a Onetti, todos quedaron persuadidos de que Rosadilla coincidía con lo dicho por los preopinantes.
En la media hora previa
Daniela Payssé (Asamblea Uruguay), hizo referencia al dramático caso de una joven de 25 años víctima de violencia doméstica. Mientras leía una carta de la afectada, donde quedaba en evidencia la indefensión a la que a veces la Policía y la Justicia condenan a estas mujeres, la sala bullía de actividad: corrillos acá y allá, conversaciones por celular, viajecitos de una banca a otra, en fin, una verdadera quermese de sábado a la tarde, que por milagro no desconcentró a la legisladora.
Lo curioso o paradójico, o patético, o grosero es que quienes menos atención le prestaban eran sus propios compañeros de bancada y, sobre todo, sus amigos de Asamblea Uruguay.
Me dio vergüenza ajena. Daniela, que es una dama, se sobrepuso a la batahola que la rodeaba y concluyó su conmovedora exposición. ¡Si habrá todavía patriarcado machista que tirar abajo!
Veterinarios
A la hora 15.00, en sesión extraordinaria, el plenario de Diputados rindió homenaje, ante barras repletas, a los cien años de la Sociedad de Medicina Veterinaria del Uruguay. En la oportunidad hablaron Alvaro Lorenzo (Alianza Nacional), Iván Posadas (Partido Independiente) que usa su derecho a la oratoria siempre, sin hacerle asco al tema que sea Alberto Casas (Herrerismo), Gustavo Guarino (Alianza Progresista), Carlos Signorelli quien, al exhibir un hábito similar al de Posadas, hace pensar en una protuberancia expositiva patológica y Julio Cardozo (Alianza Nacional).
Recordaron a los primeros egresados de 1908, el aporte de los veterinarios a la producción animal y a la salud pública y la síntesis que en materia de investigación significó el doctor Rubino, a partir de quien Uruguay, que importaba conocimientos, comenzó a exportarlos.
Durante largo rato, unos dedicados funcionarios trataron de mostrar en una gran pantalla un documental sobre la veterinaria nacional. Les acompañó el más rotundo, aplastante fracaso. No se sabe qué fue lo que montó en rebeldía: si el proyector, si la digitación de los manipuladores o, tal vez, los animales filmados, a los que, en una de esas, no se les había pagado derecho de imagen.
Qué lástima. Dicen que había un chanchito hermoso, blanco, casi lustradito, y una vaca Holando con una ubre del tamaño del Palacio Salvo.
Compartí tu opinión con toda la comunidad