Una agitada sesión en la Junta con desalojo de barras incluido
Una sesión que parecía desarrollarse en total armonía tuvo un momento de alta temperatura cuando el edil Fabián Villamarín propuso que el punto 5 del orden del día volviera a Comisión. Una solicitud tan banal motivó sin embargo la reacción de las barras, ante lo cual don Pablo Ferrer decidió desalojarlas.
Pero vayamos por partes. La sesión comenzó con una exposición verbal de Mario Calandra (E. 609) sobre la importancia y la trayectoria de la Cinemateca Uruguaya. Historió sus orígenes, destacó su aporte a la cultura nacional y subrayó la necesidad de que dicha institución continúe con su actividad. A estas palabras adhirieron entusiastas varios curules. El joven Leonel Viera (P. Nacional), Silvia Aguiar (P. Socialista) y otros elogiaron a la Cinemateca y apoyaron lo expresado por don Mario Calandra. Cuando todo apuntaba a continuar sin sobresaltos en el tratamiento del orden del día y ya se habían aprobado los primeros cuatro puntos, hete aquí que el profesor Villamaría (E. 609), coordinador de bancada, mocionó para que el quinto punto volviera a Comisión. Pero ¿de qué se trataba ese famoso punto cinco? Pues bien, era «remitir minuta de comunicación a la IMM haciéndole saber que es voluntad del Cuerpo no se autorice la habilitación municipal de espectáculos circenses, de fines comerciales, que muestren como atractivo la participación y/o exhibición de animales de cualquier especie criados y mantenidos en cautiverio». Una loable iniciativa tendiente a preservar la vida y el bienestar de osos, tigres y otros animalitos de Dios maltratados por seres insensibles para solaz del populacho.
Sometida a votación, la moción de Villamarín resultó aprobada por mayoría, con el voto contrario de Glenda Rondán y de Mario Calandra. Ambos entendían que el asunto había sido suficientemente discutido en la Comisión, que no tenía sentido volver a tratarlo y que todo no era sino perder el tiempo.
La cosa no habría dado para más de no ser porque las barras, colmadas de amigos de la naturaleza y de miembros de sociedades protectoras de animales, reaccionaron airadamente ante la postergación del tema. «¡Qué vergüenza! ¡Esto es inaudito! ¿Qué pretenden?» fueron expresiones emitidas a viva voz por los indignados protectores de la fauna. Eva Barceló, principal de la Fundación Derecho a la Vida, se puso de pie e interpeló a viva voz a Glenda Rondán, generando un dialogado entre ambas, ya que la edil colorada creyó que se le reprochaba su actitud, siendo que ella no había acompañado la postergación votada. «Pero si yo voté en contra», decía la profesora Rondán, mientras Eva Barceló lo único que se proponía era compartir con ella su frustración.
Ante la insólita situación, don Pablo Ferrer, ejerciendo su autoridad, se vio obligado a desalojar las barras, con lo cual yo también marché en la redada. Como el lector ha de imaginar, la ira de Eva Barceló iba en aumento. Indignadísima, en el pasillo de la Junta lanzó andanadas verbales contra Villamarín, a quien acusó de ser un comunista parecido a un miembro de la Gestapo; ella ignora que Fabián actuó como coordinador y que no es él quien se oponía a tratar el asunto ayer sino que era la bancada de la 1001. Incluso llegó a anunciar su intención de pegarle a la salida. «Lo espero en la puerta y le doy una buena trompada», afirmaba a quien quisiera oírla. Según su punto de vista, es imperioso atender la formación de los niños (principales espectadores de espectáculos circenses) y la prohibición de usar animales en dichos espectáculos trasciende la conmiseración que puede sentirse por un oso para propender a la cultura de la sociedad y a la exaltación de valores. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad