El Plenario creo una Comision Investigadora para el caso Porto

Diputados aprobó la utilización del espectro radioeléctrico y de los medios comunitarios

La sesión de anoche fue extraña, llena de inquietud. No sólo hubo continuas charlas, cambio de sitio de legisladores, uso patológico de celulares y nervioso hojear de diarios, sino que las entradas y salidas por distintas e inesperadas puertas distrajo tanto que, por un momento, recordó al «Castillo de la suerte».

Esta impresión se agudizó cuando Víctor Semproni (Claveles Rojos) emergió sorpresivamente de una puerta ­¿alguno esperó acaso que apareciera una licuadora?- y, tal vez por su ímpetu, se quedó con el picaporte de bronce en la mano.

No hubo momento en que se acallara el murmullo pese a multiplicadas advertencias de la Mesa. Las exposiciones y debates debieron desarrollarse con cada opinante cargando la mochila del ruido y una indiferencia casi general.

Quizás el momento sublime de la noche fue cuando Alfredo Asti, poco menos que acostado en dos bancas, estiró la pata. Digo literalmente, obligado por un doloroso esguince, no en el sentido que lectores quizás impresionables puedan haber imaginado. No, no, vive y colea, por suerte.

 

Investigadora para Porto

La designación de una comisión para investigar las razones que llevaron al Banco Central a revocar la inhabilitación del economista Luis Porto para trabajar en el sistema financiero, fue informada por Jorge Orrico (Asamblea Uruguay). Se expresó como un caballero de la Tabla Redonda.

Desde la Mesa, Enrique Pintado seguía la exposición con una extraña melancolía: lo observé, preocupado, y constaté que no había en toda su vestimenta ni un vestigio que recordara a Peñarol. ¡Cuán depresivos pueden ser ciertos resultados deportivos, sobre todo si se dan en cascada interminable!

Orrico, miembro de la logia bolsilluda e indiferente al sufrimiento de Pintado, dijo que la preinvestigadora recibió la información del diputado denunciante, Germán Cardozo (Foro Batllista) y, por unanimidad, decidió proponer una comisión investigadora de nueve miembros ­cinco del Frente Amplio, tres del Partido Nacional y uno del Partido Colorado- con un plazo de sesenta días para su informe. No obstante, puntualizó que en el futuro habría que ser más exigentes para la recepción de las denuncias y recordó que el caso de Porto pasó por la Justicia y ésta archivó el expediente.

Como se sabe, el economista Porto fue inhabilitado por el Banco Central, durante la administración anterior, a raíz de supuestas irregularidades en el sector financiero cooperativo. A comienzos de este período, con un solo director titular en el banco oficial y dos suplentes designados a este efecto por el gobierno, se revocó esa inhabilitación y el Ministerio de Economía designó a Porto al frente de la Unidad de Inversión y Desarrollo para la Actividad Privada.

Jorge Gandini (Alianza Nacional), detalló a su modo tales circunstancias. Dijo que es un tema delicado que debe ser despejado de dudas porque puede salpicar hasta al propio ministro de Economía. Su voz sonó igualita a la del malo, malísimo de «El Señor de los Anillos».

Antes de la votación de esta comisión ­aprobada por unanimidad- Orrico hizo ciertas precisiones jurídicas y técnicas, Cardozo reivindicó su denuncia advirtiendo que es de extrema gravedad y debe aclararse, al tiempo que Semproni, ahora emergiendo de su banca y no de una puerta cualquiera como pasaba con el chancho de Cacho de la Cruz, contestó una alusión política: «Este gobierno se autocontrola no por su voluntad, sino porque la oposición se negó a integrar los organismos de contralor».

 

Las radios comunitarias

Mientras Pablo Ithurralde (Alianza Nacional) caía otra vez tarde, desorientado como Cotugno en el «Rock and samba» y portando esa sonrisa de «¿qué hay che, que recién vengo?», Pablo Alvarez (Espacio 609), prolijo, con la vocalización mejorada y siempre ese cariño por el micrófono que expresa en frecuentes toqueteos, expuso acerca del proyecto de regulación de la utilización del espectro radioeléctrico y medios comunitarios de radiodifusión. Recordó que la radiodifusión está regida por un decreto ley de la dictadura y otra norma de 1989: hoy se reconocen dos servicios, el privado comercial y el público estatal, y se trata de incluir a la radiodifusión comunitaria.

Mientras varios tomaban mate a mansalva y se armaban grupitos para analizar la movida de Tabaré contra la reelección, se supo que el texto consta de veinte artículos y cuatro capítulos. Primero se establece que no habrá otra limitante para la utilización del espectro radioeléctrico que las garantías para el ejercicio de todos los habitantes a la libertad de expresión y de información; luego se define el servicio de radiodifusión comunitaria, que será no estatal de interés público, prestado por asociaciones civiles sin fines de lucro y orientado a satisfacer las necesidades de comunicación social: promover el desarrollo, los derechos humanos, la diversidad cultural, la pluralidad, los valores democráticos y la convivencia pacífica, sin realizar proselitismo ni promover discriminación alguna; finalmente, se crea el Consejo Honorario Asesor de Radiodifusión Comunitaria.

El proyecto fue aprobado tras un prolongado debate. Hasta su artículo séptimo, por unanimidad; de ahí al final, con votos de la mayoría.

 

Pero antes hubo zangoloteo

Pablo Abdala (Herrerismo), encendido, gesticulante y usando ese tono de José Carreras antes de la operación para superar las charlas de tonalidades escasamente delicadas que predominaban en sala, declamó que su partido mantiene diferencias filosóficas, ideológicas y en la elección de los instrumentos para resolver la cuestión de las radios comunitarias.

Abdala objetó tres aspectos: la inexistencia de límites territoriales para las radios comunitarias; el hecho de que podrán recurrir a donaciones, patrocinios y publicidad, incluso la oficial; y la creación del Consejo Honorario Asesor que, a su juicio, interferirá con las actividades de la USEC.

 

Visión final y otros temas

Edgardo Ortuño, forzando su garganta de modo conmovedor y algo sumergido en su banca, lo que impedía verlo en toda su gallardía oscura ­es que vestía un traje negro-, sostuvo que se estaba aprobando un proyecto importante por tres razones: contribuye a garantizar la libertad de expresión, avanza en la democratización del sistema de medios y llena un vacío legal sobre estos temas, que en otros países hace tiempo han sido resueltos. Embalado y un poco más erecto, proclamó que los medios comerciales y los públicos estatales no pueden ser los únicos en un sistema democrático, tal como se ha probado en Europa, donde existen los medios sociales comunitarios.

Creo que fue aquí. Poco importa: entró Irene Caballero, suplente de Gandini, y regaló a la bancada de prensa una sonrisa blanquísima, de unos ciento veinte dientes, que iluminó la sala y nos entreveró todos los papeles. Hubo quien sugirió que fue una perversidad de Gandini para perturbar la tarea periodística. No creo. Es un hombre generoso que tiene con qué darle una alegría a los sufridos comunicadores.

Otros dos temas relevantes, que iban a ingresar hoy por vía de mociones de urgencia, quedaron para la semana que viene: el proyecto de creación de ASSE como servicio descentralizado y la polémica por el cierre, en Venezuela, de la emisora Radio Caracas Televisión.

 

Día Mundial del  Medio Ambiente

La Cámara de Representantes celebró el Día Mundial del Medio Ambiente con una exposición central de Luis Lacalle Pou (Herrerismo).

Empleando a fondo ­cual si estuviese entrenando para «Rigoleto»- una potencia vocal que amedrentó a su micrófono, Lacalle Pou dijo que esta cuestión debía ser de tratamiento diario y que le preocupaba si ya mañana desaparecía de los titulares: «El medio ambiente está íntimamente ligado al desarrollo sustentable. De nada sirve el cuidado del ecosistema sin ese desarrollo que debe beneficiar a toda la humanidad».

Re
cordando el eslógan «Uruguay Natural» aumentó el énfasis, a riesgo de sufrir una trombosis en la cavidad bucal: «Hay un deber ético para la preservación del medio ambiente, del cual no podemos hacer responsables a generaciones que no tenían idea de esto. Por ejemplo, la preocupación por la capa de ozono comenzó para muchos cuando descubrieron el agujero» (de la capa ¿no, Luis?). «Por eso es deber de esta generación, que tiene el conocimiento, asumir la responsabilidad». Luego, aludió a las consecuencias de la depredación para la salud y para la economía y resaltó el rol que deben asumir los estados.

Jorge Patrone (Asamblea Uruguay), intentó ponerse a rueda. Arrancó con una táctica academicista: apeló al latín para definir el medio ambiente. Y si bien sumó una gran cantidad de información y conocimientos, la batahola que en esos momentos sacudía el recinto le jugó en contra. Hubo un timbrazo intimidatorio de Pintado, con una aclaración que sorprendió: «Me pide que se callen el diputado Cusano (Alianza Nacional) porque no puede escuchar a Patrone».

Fue tal la emoción del legislador de Asamblea Uruguay, que no sólo agradeció al blanco con un tiro a dos bandas ­»le agradezco a Cusano que tenga interés en escucharme, el mismo interés que no tienen otros, incluso algunos de mis propios compañeros»- sino que, al concluir, atravesó el recinto y saludó emocionado al diputado del Partido Nacional.

Qué cosa. Me dio por pensar si, en una de esas, sólo con prestar un poco más de atención al otro, se aliviarían mejor y rápido algunos zarpullidos que hoy calientan igual a «Gran Hermano».

Acuerdos inteligentes y candidaturas, por ejemplo. *

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