Ensayo sobre la ceguera
Una extraña enfermedad azota la sociedad y los centros de poder. Se trata de una ceguera que se expande de manera fulminante, dejando a los enfermos viviendo en un mar de blancura infinita.
Los enfermos son internados, pero la plaga se sigue extendiendo sin compasión dejando las calles plagadas de ciegos, que deben recurrir a sus más primitivos instintos humanos para poder sobrevivir en un mundo sin ojos donde reinan el caos y el desorden.
Dicen los observadores –siempre a partir de fuentes bien informadas– que en medio de esa pandemia, que se descubre la crueldad, la avaricia y la mezquindad de un grupo de mujeres y hombres dominado por el pánico que no duda en sobrevivir a costa de la vida de los otros. Aunque también descubre que siempre queda un poco de bondad y humanidad para conservar la esperanza.
Una persona ve, una persona puede contemplar las barbaridades a que puede llegar la raza humana; una sola persona queda sumergida por voluntad propia en el manicomio donde se aísla a los primeros ciegos para que no contagien al resto de la ciudad.
La esposa de uno de los principales protagonistas, el oftalmólogo que atendió a los primeros ciegos y que terminó contagiándose, se convertirá en «los ojos» del centro de internamiento y, por extensión, en la figura que pretende servirnos de guía a los que «tenemos la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron».
«Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos. Ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven», dice la mujer ya sobre el final de la novela.
* El texto que sigue fue escrito en base a distintos análisis literarios, sobre la novela de José Saramago Ensayo sobre la ceguera, en la que se muestra cómo un grupo humano puede llegar a sufrir una ceguera generalizada. Cualquier similitud con las actitudes de algunos dirigentes y sectores de la izquierda, no es pura coincidencia.
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