Así opinaron los tres magistrados

«(…) Por consecuencia, de ninguna manera, el Tribunal comparte el parecer de las Señoras Fiscales intervinientes y aún del propio Señor Juez, en cuanto a que el ex Presidente «….debía saber…», o «…tenía necesariamente que saber….», etc.

No. El ex Presidente sabía, porque él mismo lo dijo, o por lo menos, lo dejó entrever. (…)

Nada de lo que ocurría en el Uruguay le era ajeno y prueba abundante de ello hay. Tras la reunión con Végh Villegas, éste le trasmitió la preocupación de Zelmar Michelini por las torturas a que era sometida su hija Elisa, recluida en nuestro país. El Sr. Bordaberry prometió interceder por ella. (…)

En suma, nada de lo que ocurría en su Gobierno le ajeno, nada le era desconocido, sostener lo contrario no sólo insulta la inteligencia, sino que contraría la naturaleza de los hechos.

De ninguna manera puede tolerarse que se afirme que se le incrimina «por estar ahí», que en ese contexto es mucho decir: integraba el Cosena, dio el golpe de estado, compartía la teoría aniquiladora del enemigo y la operativa del aparato represivo. (…)

En pleno auge de su gobierno se estructura el plan Cóndor, poco importa si el representante de Uruguay fue el general Vadora u otro, el Gobierno era uno y en la conformación de ese frente todos confluían: los militares, Bordaberry y también el Ministro Blanco…. (…)

El ex Presidente Bordaberry no dice la verdad cuando afirma que: «…nunca se planteó formalmente por ningún órgano del Estado la repercusión que pudiera ser perjudicial para el país, por los dichos o hechos de uruguayos exiliados…» (…)

Si el gobierno uruguayo no estaba detras del operativo, resulta incomprensible la absoluta inacción gubernamental una vez producidos los secuestros, con el costo político que, tal inacción y el resultado, provocarían en el ámbito internacional. (…)

Y no se hizo nada, porque no se quiso hacer nada, porque no se quiso torcer el curso del operativo, porque si no se planeó de esa manera, se asintió en el resultado que evidentemente era ineluctable.

Aín en la hipótesis (que no se comparte, por lo ya dicho) que el ex Presidente y el Canciller no tuvieran conocimiento de lo que se había planeado, aún así, tuvieron todo el tiempo del mundo, para efectuar las necesarias gestiones, para evitar las ejecuciones. Y si ellas no se realizaron es porque se valoró la situación y se vio, quizás la oportunidad única, de matar dos pájaros de un tiro: librarse de opositores molestos y se descabezar la oposición en el exilio argentino. (…)

El círculo se cierra con la prohibición impuesta por el Ministerio del Interior: «…esta totalmente prohibida la divulgación de toda noticia o comentario que tenga relación con la muerte/o sepelio…»,etc. (fs. 1491). (…)

Amén de lo obvio que se desprende de simple texto de la Nota, una vez mas queda en evidencia, lo que se ha venido sostenido a lo largo de este pronunciamiento: el Presidente de la República estaba enterado de todo, aún de los pormenores acaecidos en los sepelios. (…)

No estamos hablando de un modelo político democrático, al estilo del que desde siempre ha existido en el país; puesto que, el proceso cívico militar paulatinamente instaurado a partir de febrero de 1973, no se basaba en los principios legitimantes del poder que tal modelo presupone. (…)

Conforme a lo que se ha expresado en los Considerandos precedentes, la prueba tiene la potencialidad para desvirtuar la presunción de inocencia, y es suficiente, mas bien holgada, como para formar la convicción de la participación de los justiciables en el reato investigado. (…) *

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