ENTREVISTA: REGIS ARSLANIAN, REPRESENTANTE DE BRASIL ANTE ALADI

"El Banco del Sur podría ser el primer paso que nos lleve a la moneda común"

-Usted acaba de llegar de Asunción, donde participó de la reunión preparatoria de la próxima Cumbre del Mercosur. Comencemos por el principio, como los ingleses. ¿Cómo ve la evolución del bloque hacia una plena y equitativa integración?

­Fue una reunión convocada exclusivamente para tratar el tema de las asimetrías. Lo más positivo es que fue una reunión conjunta, no solamente de cancilleres sino también de ministros de Hacienda. Ahí, en una mesa, estaban los cinco cancilleres del Mercosur y los cinco ministros de Hacienda. Uruguay y Paraguay, los países que sufren esas asimetrías, presentaron sus problemas en una larga exposición y hablaron sobre posibles orientaciones para resolverlos. También se discutieron otros dos temas, que son más concretos, porque vienen debatidos desde la Cumbre pasada, en enero de este año: la flexibilización de la regla de origen para los socios menores y la posibilidad de anticipar el cobro del doble arancel.

Mire, yo estuve involucrado en las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea; nos sentábamos a conversar y nos decían una cosa muy clara: «Es muy difícil para nosotros entender al Mercosur como un verdadero bloque de integración, cuando, si tenemos que vender un producto, y ese producto entra por ejemplo por Brasil y paga un arancel, ese mismo producto, si va a Uruguay, tiene que pagar de nuevo». Un bloque de integración, que funcione bien, no puede tener ese problema. Y en diciembre de 2004 se resolvió que eliminaríamos ese doble cobro. Pero es un trabajo difícil, un proceso que demanda la elaboración de dos o tres mecanismos para que ese doble arancel sea eliminado definitivamente.

 

­¿Pero hay voluntad política?

­Claro, esa voluntad quedó expresada en 2004. Y hemos trabajado en esa eliminación total, que sería a partir de diciembre de 2008: el 1º de enero de 2009 quedaría resuelto este asunto, definitivamente. Lo que Brasil propuso y se está discutiendo ahora es la anticipación de esa eliminación del doble cobro, específicamente para Uruguay y Paraguay. Por eso digo: son medidas muy concretas, que efectivamente van a promover una integración de las cadenas productivas del Mercosur. Un ejemplo: el sistema automotriz no está incluido en la tarifa externa común del bloque. Cuando estuvo aquí una misión encabezada por el ministro Furlani, de Industria y Comercio de Brasil, hace un mes, se cerró el acuerdo entre nuestro país y Uruguay en ese sector. Uruguay tiene una capacidad de blindar vehículos y se cerró una cuota para venderlos a Brasil. ¿Qué podría pasar entonces? Uruguay podría comprar un vehículo en Estados Unidos, pagar una vez el arancel, blindarlo, agregando contenido nacional, y vendérselo a Brasil sin tener que pagar una segunda vez el arancel. Hoy podría ser así. Mañana, cuando tengamos el acuerdo automotriz del Mercosur, podríamos incluir medidas para racionalizar esto. Con la flexibilización de las reglas de origen es la misma cosa. Al reducir la necesidad de contenidos nacionales, como valor agregado en la regla de origen, se puede determinar el origen uruguayo y del Mercosur de ese producto. Estas medidas son grandes promotoras de integración productiva. Y más justas. Tratos especiales para Uruguay y Paraguay como forma de reducir las asimetrías. Superarlas es difícil, pero reducirlas es muy posible.

 

­En estos días se ha difundido una versión ­cuya veracidad yo no puedo asegurar­ acerca de cierta resistencia de Argentina a este asunto de anticipar la eliminación del doble arancel para Uruguay y Paraguay. ¿Usted lo puede confirmar?

­No diría eso, no creo que haya resistencias. Son temas difíciles. Las decisiones deben ser estudiadas a fondo, no pueden ser apresuradas. Desde que Brasil propuso estas dos medidas en enero, y estamos en mayo, hemos trabajado junto con los argentinos, los uruguayos y los paraguayos ­con la participación siempre muy constructiva de Venezuela­ en esa dirección. Claro que, como siempre, en todo lo que discutimos dentro del Mercosur, uno o el otro, o dos o tres, tienen dificultades que quieren resolver y deben ser resueltas. Argentina también hizo dos propuestas concretas para estas dos medidas. Puede ser que tenga alguna dificultad, como nosotros la tenemos en otros asuntos, pero el acuerdo es trabajar para superar todos los obstáculos. Los cinco países miembros están empeñados en eso, en resolver las asimetrías.

 

­Hubo un par de temas importantes que estuvieron encima de la mesa durante la reunión de Asunción. La firma de las condiciones previas que permitan la creación del Banco del Sur y un acuerdo entre Argentina y Brasil para sustituir, en sus negociaciones, al dólar por las monedas nacionales, como punto de arranque hacia una moneda común.

­Primero: ya hay una decisión de Brasil y Argentina para hacer su relación comercial con monedas locales. ¿Por qué? Si usted va a cambiar su moneda local por dólares, para hacer una venta para Brasil, por ejemplo, al hacer la conversión deberá pagar una tasa. Para las operaciones financieras, de una manera general, para esos pagos de importaciones y exportaciones, si usted se pasa al dólar y es una empresa pequeña los bancos terminan cobrando también una tasa. A las grandes empresas no les afecta tanto, porque los bancos les dan condiciones más favorables.

 

­Pero para las pequeñas y medianas empresas es diferente.

­Claro, terminan penalizadas y la conversión cambiaria concluye siendo más onerosa que si se usaran las monedas locales. Brasil y Argentina lo harán desde octubre. Lo que se hizo en la reunión de Asunción fue explicar esto, e invitar a los demás países, no sólo a los miembros plenos del Mercosur, a hacer lo mismo. Es una forma de abaratar las operaciones comerciales dentro del Mercosur y con otros países de América del Sur.

 

­Ahora bien, en términos de perspectiva parece necesario un acuerdo, porque de lo contrario, si la situación diferente del comercio entre Brasil y Argentina se mantiene mucho tiempo más, podría generar alguna desventaja adicional en el bloque, sobre todo para las economías más chicas.

­No, desventajas adicionales no. Al contrario…

 

­Quiero decir que si esas economías chicas no se pliegan al acuerdo de los socios grandes…

­Bueno, se seguirían manejando con el dólar como hasta ahora. Lo que yo creo es que habrá para los más chicos ventajas adicionales, no desventajas, si adoptan la misma medida. Creo que si mañana lo hiciesen Uruguay, Paraguay, incluso Venezuela, nos beneficiaríamos todos. Es lógico que cuanta menos conversión cambiaria se haga, el comercio en el bloque será más barato y fluido. Creo que esto es una muestra de con cuánta seriedad se está tratando, también por este lado, el tema de las asimetrías.

­Y en cuanto al Banco del Sur, ¿cuál es su opinión?

­Es algo importante. Y es un tema sobre el cual ya se ha hablado en reuniones anteriores. Se discutió en Asunción nuevamente y no hay acuerdo todavía. Hay que debatir mucho, es una idea, una propuesta. No obstante, hubo manifestaciones bastante positivas en relación a las posibles ventajas del Banco del Sur. Por ejemplo, que se puedan tener las reservas internacionales, que todos tenemos por ahí, en un banco nuestro. La cuestión es que el Banco Mundial o el BID son bancos que no sólo están bajo control nuestro; como incluso dijeron en Asunción los ministros de Hacienda, ahí hay intereses de los fondos multinacionales, e incluso europeos, como en el BID. Entonces, una forma de tener un control mayor sobre los fondos que generamos, dirigiéndolos más a proyectos productivos o financiamiento, sería este Banco del Sur, que funcionaría más como un banco de desarrollo, de financiamiento de infraestructur
a y toda cosa que interese a nuestros países y a su gente. Lo que hay, por ahora, es una percepción de que ésta puede ser una iniciativa muy importante. Incluso se habló de que sería un primer paso para llegar a eso de lo que cada vez se habla más: una moneda común. Porque podría estar relacionado. Y hay varios ministros de Hacienda que hablaron positivamente de esto. Le aclaro que todavía no se está discutiendo formalmente la moneda común, pero se dijo que el Banco del Sur podría ir en esa dirección, de llegar un día a la moneda común. También le digo que se reconoció que todavía hay mucho que hacer sobre ese banco, mucho que estudiar, mucho que trabajar, a ver cómo se manejarían los fondos, cómo serían los mecanismos de financiamiento. Fueron conversaciones muy positivas. Pero no hay ningún acuerdo por ahora sobre el Banco del Sur.

 

­¿Cómo ve usted, con su vasta experiencia, esta hipótesis de Uruguay de permanecer en el Mercosur, porque se tiene claro que se quiere estar ahí, y por otro lado reclamar cierta libertad para hacer tratados comerciales por su cuenta?

­A veces me preguntan si Brasil propondría o haría una cosa semejante. No, no, no habría esa decisión de hacer acuerdos por separado. Pero no es una cuestión solamente política, es también técnica. Si un país pertenece a una zona aduanera, con una tarifa externa común ­como la tienen Uruguay, Brasil, en fin, y ahora la estamos negociando con Venezuela, porque tampoco es una cuestión sencilla­, o sea si un país pertenece a un bloque no de libre comercio, porque tenemos aranceles comunes hacia los demás países, ¿cómo puede tener otro perfil arancelario como resultado de un acuerdo que haya hecho con un tercer país? Técnicamente, uno no puede tener dos tipos de aranceles, dos tipos de acuerdos comerciales, y una zona aduanera que es de todo el bloque de integración. Además hay un acuerdo político que firmamos todos por el cual no se pueden hacer estos tratados por afuera.

 

­De todos modos, bajo ciertas condiciones se permiten excepciones. Brasil tiene algún tratado de libre comercio…

­Brasil no tiene tratados con nadie sino con el Mercosur o a través del Mercosur. El tratado que tiene Uruguay con México, primero, es anterior al compromiso que hizo el Mercosur sobre esto, y segundo, es dentro de Aladi, o sea está dentro del paraguas de Aladi. No se olvide de que el Mercosur es un acuerdo que fue hecho dentro de Aladi. Entonces, hacer un acuerdo con Estados Unidos sería otra cosa enteramente diferente.

 

­¿Y qué opinión le merece la iniciativa uruguaya, aún no concretada, de llegar a determinados mercados a través de Chile? En realidad, no sería para vender directamente, sino para incorporar partes uruguayas a productos de origen chileno.

­Antes de contestarle eso, permítame algo sobre lo anterior. Nosotros, el Mercosur, estando Uruguay con la presidencia pro témpore y el canciller Opertti de por medio, hicimos una propuesta de acuerdo con Estados Unidos. Pero un acuerdo de libre comercio entre todo el Mercosur y Estados Unidos, en el formato «cuatro más uno». Fue hecha en 2004. Se la dirigió a Bob Zellick, jefe del sector comercial estadounidense, diciéndole que el Mercosur estaba listo para negociar involucrando bienes, acceso a mercados, servicios e inversiones. Hasta hoy no hemos tenido respuesta. Luego, yo acompañé a mi canciller, Celso Amorim, en dos encuentros que tuvo con Zellick para reiterar la propuesta, y tampoco tuvimos ninguna receptividad.

 

­¿Y el tema de Chile?

­Chile es un Estado asociado y no miembro pleno del Mercosur, precisamente porque tiene acuerdos de libre comercio y no tiene un arancel común con nosotros. Ahora, yo no sé bien los términos de la idea que maneja Uruguay. Pero está siempre presente la cuestión de la regla de origen. Me acuerdo que, hace mucho tiempo, se dijo «vamos a aprovechar a Portugal», porque cuando Portugal entró a la Unión Europea se pensó que los productos de Brasil entraran por su intermedio. No funcionó, porque los productos de todos nosotros tienen reglas de origen.

 

­Otro tema. Se ha hablado mucho de los liderazgos en la región. Inevitablemente, aun en un bloque muy justo, muy equitativo, hay economías más desarrolladas que pueden influir más. Y algunos analistas están aludiendo ­no en un sentido estricto de rivalidad­ a una suerte de puja por ese supuesto liderazgo entre Brasil y Venezuela.

­Esa es otra de las percepciones equivocadas que hoy se tienen. Yo soy diplomático desde hace treinta años, he estado trabajando cinco años y medio en Brasil para el bloque regional, y nunca escuché a ninguno de mis ministros, mis jefes, hablar de liderazgo. Nunca se ha pensado en eso. Brasil no tiene ningún interés en tener un liderazgo en América del Sur. Y no creo, de modo alguno, que Venezuela lo tenga. No es cosa de liderazgo; es cuestión de crear una integración sudamericana, de fortalecer al Mercosur, y de no actuar de espaldas a nuestros vecinos. Es nuestra responsabilidad. Si somos vecinos, seremos siempre vecinos. Con Venezuela, con Bolivia, con Chile, con Uruguay… Yo estuve cinco años en Venezuela, en los años ochenta, y nosotros, realmente, en esa época, oíamos que decían que Brasil estaba de espaldas a Venezuela. Pero no es así. Si somos vecinos, lo que mejor podemos hacer es tener mejores relaciones con ellos, crear una infraestructura más integrada. Ahora todos estamos haciendo eso, por suerte. En América del Norte están haciendo eso, en Europa lo están haciendo, en Asia lo mismo. Nada más justo y necesario que tener en América del Sur una integración mayor en lo económico, en lo social, en lo político. En ese espacio yo no creo que haya lugar para liderazgos.

 

­¿Entonces usted cree que es posible ­y no hablemos del tiempo que puede insumir, que nadie lo sabe­ lograr un bloque de toda Sudamérica?

­Es un proceso complejo, que no se puede hacer de un día para el otro, pero creo que es la tendencia. Como vecinos tendremos siempre intereses compartidos. Y pueden ser intereses buenos como intereses…llamémosles «malos»: por ejemplo, el narcotráfico, la criminalidad, lo que pasa en nuestras fronteras a veces. Siempre habrá intereses que nos convoquen a ayudarnos entre nosotros. Entonces es bueno que no dejemos de construir cosas positivas, como lo comercial, y pensar en otras muy importantes, como el tema energético, por ejemplo. No hay cómo evitar que haya un entrelazamiento de intereses entre nosotros. En Brasil hay una cosa muy clara hoy: si nuestros vecinos están bien, es mucho mejor para nosotros. Y vea esto, ya que comenzamos hablando de asimetrías: antes, las asimetrías quedaban en los planteos políticos; hoy estamos hablando de medidas concretas. Y nadie se detiene a hablar ahora, con entusiasmo, del Fondo de Convergencia Estructural, que fue creado dentro del Mercosur para ayudar a los miembros más pequeños con proyectos de desarrollo, de integración, de infraestructura. En Asunción fueron aprobados tres proyectos más: dos de gran interés para Uruguay y otro para Paraguay. Y los recursos ya están depositados en los bancos de cada país, sobre todo los grandes, Brasil, Argentina, aunque también hay aportes, menores, obvio, de los propios Uruguay y Paraguay. De esto se habla poco en los periódicos.

 

­Bueno, lo estamos haciendo ahora. Otra pregunta: ¿El Parlamento del Mercosur, un instrumento político, puede condicionar la independencia en materia económica de los países miembros?

­No creo. El Parlamento del Mercosur no se hizo con ese objetivo. Fue creado en un momento en que el proceso de integración había llegado a una madurez tal que demandaba un legislativo del bloque. Porque cuando hablamos de comercio, de bienes, de servicios, estamos afectados a la ge
nte, hay repercusiones sociales, y entonces debe haber una caja de resonancia que represente a los distintos segmentos de la sociedad.

 

­La última pregunta y lo llevo a otro tema. ¿Usted cree que el conflicto entre Uruguay y Argentina por las plantas de pulpa de celulosa es un tema bilateral que no debe ser incorporado a las resoluciones del Mercosur?

­Mire, yo participo de todas las reuniones y este tema, realmente, no está en la agenda. Yo creo que eso no tendrá ninguna repercusión para nuestro trabajo por la integración. Yo creo que va a ser resuelto por el camino en que viene. Argentina y Uruguay están haciendo mucho por resolverlo y, por otro lado, no creo que este diferendo afecte de modo alguno el proceso de integración en el que todos estamos involucrados. *

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