Las desacumulaciones pueden llegar a ser mucho más rápidas que las acumulaciones

Sin el gobierno de Vázquez no hay reparto de la torta, ni verdad y justicia

Cuando el Frente Amplio cumplió 33 años (2004), el Corto Buscaglia recordó que en un día como ese (5 de febrero) se había estrenado en el Galpón Chico, por parte del Club de Teatro, «Misia Dura al poder».

«Nos esforzamos por hacerlo ese día para que no quedara ninguna duda de que aquel espectáculo era abiertamente frentista. Un horror, para los ‘puristas’. No importaba. Ya hacía rato que casi la totalidad del movimiento cultural había tomado partido por la izquierda», recordó el Corto.

En esa obra aparecía un actor imitando la voz de Rodney Arismendi, quien decía que de esa lucha participaba «la clase obrera y lo más graneado de la intelectualidad». Recuerdo también que había un personaje representando al gobierno, que le preguntaba a un funcionario cómo estaba la situación social. ¿En el puerto?, están de paro, era la respuesta. ¿En los servicios descentralizados?, están de paro. ¿En la Universidad?, están de paro, se repetían las respuestas. Y así se seguía.

Hoy, las respuestas a esas preguntas también sería: «Están de paro». Pero hay una diferencia que no es poca: aquel gobierno era autoritario y el país caminaba hacia la dictadura y hoy el gobierno es democrático, progresista, mejora el empleo y el salario y camina hacia más democracia.

Y esto de cómo es el gobierno y hacia dónde camina, es lo fundamental, lo que muchas veces no se tiene en cuenta por algunos sectores de la izquierda con anclaje en las organizaciones sociales.

Hoy, como ayer, los actores sociales del país están disputando el pedazo de la torta, porque lo necesitan para poder vivir. El gobierno, a través del equipo económico y de todos los ministros que lo apoyan, reconoce que la torta ha crecido, que los pedazos son más grandes, pero que la torta no se puede repartir todo lo que se quiere, porque en algún momento puede achicarse la torta y por eso hay que guardar algo. Dice más: que la torta aún no es lo suficientemente grande.

Ante esta pulseada que es política, ideológica y hasta cultural, cabe preguntarse si es posible y/o conveniente, desde el campo del pueblo, trazarse una estrategia que no tenga en cuenta al gobierno como una prolongación de sí mismo, como si estuviéramos en la época anterior a la dictadura donde el gobierno se presentaba como algo ajeno y contrario, siendo el principal obstáculo para tener un pedazo más de torta y a la vez construir más torta.

La sensación que hay es que existen zonas de la izquierda y del movimiento social, donde la estrategia en pos del pedazo de la torta es la misma de la de hace 36 años. Hay como una sensibilidad «anarquizante» que no quiere identificarse con el nuevo gobierno. Desconocer la existencia del actual gobierno lleva, necesariamente, a creer que habrá más salario y empleo, más verdad y justicia, más enseñanza y posibilidades de acceder al tiempo libre, sin importar el tipo de gobierno que se tenga enfrente.

Lleva, a la vez, a no necesitar de una centralidad política que conduzca y oriente el bloque del cambio, que por cierto es perfectible y que contiene en su seno una serie de contradicciones propias de la multiplicidad de intereses que se expresan en su seno.

A la vez hay disonancias políticas. Es así que hay ministros que firman decretos y proyectos de ley en el Consejo de Ministros ­se supone que están de acuerdo­ y dos horas después sus legisladores están debatiendo esos contenidos en la prensa, en las comisiones legislativas y en el Parlamento, como si no tuvieran nada que ver.

Asimismo hay dirigentes políticos tan sensibles a los reclamos de la gente, que son incapaces de orientarla aunque siempre están dispuestos a encabezarla, más si su auditorio supera el centenar. Ya no hay dirigentes que se atrevan a decirle a la gente que la reivindicación es justa, que hay que librar esa batalla bajo determinadas condiciones, pero que también hay que tener el cuidado necesario para no caer en las trampas electorales de los partidos tradicionales.

 

Militares y civiles, en  el sepelio de Seregni

Esta situación de no asumir que el Frente Amplio ganó, que es gobierno, también se expresa cuando se discute cómo llevar adelante la batalla por la verdad y la justicia.

Hay gente en el FA que siente que es posible resolver el tema de los derechos humanos, sólo criticando las posturas del presidente Tabaré Vázquez, quien con el pulso de un pescador sigue avanzando, lentamente, pero avanzando.

Un distanciamiento entre Vázquez y el núcleo histórico del FA, unos 400 mil frenteamplistas, a causa de la permanencia o no de la Ley de Caducidad y de cómo encarar la brega por la verdad y la justicia -así como la lucha por el pedazo de la torta-, sería un obstáculo político, en primer lugar, para consolidar la unidad de la izquierda, mejorar la gestión del gobierno y prepararse para ganar en las próximas elecciones. En segundo lugar pondría en tela de juicio la comunidad de sangre, que es la base -por un largo período- de esa unidad y del proyecto histórico de la izquierda.

Las diferencias existentes no son sencillas de resolver, porque la sana sensibilidad está a flor de piel. Para tener éxito no hay que cometer errores, como el proyecto de ley de reparación de los familiares de las víctimas. Pero tampoco se puede sostener que no se participa de un acto patriótico si hay un desfile militar, más cuando hubo encuentros en la calle entre uniformados y civiles -a su manera y exitosamente-, cuando el entierro del general Líber Seregni, en la solidaridad con los evacuados, en la reconstrucción de Maldonado después de los fuertes vientos, cuando los militares estudian en la Universidad de la República y los civiles van al Calem o, si se quiere, en el momento en que los marinos del Capitán Miranda ingresan con una sonrisa a La Habana.

 

Dos ómnibus,un solo destino

Para graficar las diferencias que hay en esta materia, se puede recurrir a la imagen de dos ómnibus. Están los que quieren ir a la verdad, para después llegar a la justicia y una vez cubiertas esas dos etapas, consolidar la pacificación del país y seguramente allí estarán diciendo «Nunca más», con un sentido reconciliador.

Ahora, Vázquez puso en marcha otro ómnibus. Quiere ir a la verdad y llegar a la justicia, pero desde el arranque con un gran cartel en el frente del ómnibus que plantee la reconciliación. Por ello intenta adelantar el «Nunca más». Su señal es desde el comienzo reconciliadora, pero no para pasarle por arriba a la verdad y la justicia, sino para encontrarse con ellas.

Con su «Nunca más» exorciza los demonios, avienta la histeria militar, los miedos y las miserias de algunos de los integrantes de las Fuerzas Armadas. Favorece y construye un clima de confianza que va a favorecer el conocimiento de la historia reciente.

En la hoja de ruta de los dos ómnibus están las dos paradas: «Verdad» y «Justicia». Es cierto que el «Nunca más» de Vázquez va más lejos que el «Nunca más al terrorismo de Estado». Si bien el Presidente sostiene «Nunca más entre hermanos», lo que incluye a todos los participantes de los enfrentamientos armados previos a la dictadura, al realizar excavaciones, investigaciones y habilitar el pase a la justicia de los golpistas, está también diciendo «Nunca más al terrorismo de Estado» y a la dictadura.

En la parada están los dos ómnibus y usted decide a cual se sube, pero en cualquier caso ­ya sea sobre derechos humanos o sobre el reparto de la torta-, hay que cuidar como un pétalo de rosas a este gobierno que es fruto de más de 40 años de acumulación de fuerzas, sabiendo que las desacumulaciones pueden llegar a ser mucho más rápidas. El gobierno también debe actuar con cautela -que no es ajena a la firmeza- , administrando los tiempos políticos y las sensibilidades de la gente. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje