El peor escenario para blancos y colorados: Vázquez compitiendo con otro candidato del FA

Piedra que hierve: Tabaré, Astori, Mujica y el derecho a querer más

El contador Danilo Astori ha sido un ministro exitoso y puede llegar a seguir siéndolo, por lo menos para sus compañeros del Consejo de Ministros. Todos dicen, algunos con ganas y otros sin ganas, que apoyan su política económica. Pero todos dicen, en lo sustancial, que están de su lado.

Es posible, luego de sortear los nervios de la reforma tributaria, que Astori siga siendo un ministro de Economía exitoso. Cosa que todos desean que así sea, seguramente no sólo por el país y nuestra gente, sino también por los éxitos particulares a los que todos aspiran.

En ese caso me he preguntado sobre quién se anima en el Frente Amplio a ir a decirle a Astori, mirándolo a los ojos, que no puede ser candidato, que debe dar un paso al costado, para abrirle cancha al otro.

No creo que haya nadie que se atreva a decirle que se pudo haber hecho otra cosa en materia económica –sólo me imagino en esa circunstancia a Alberto Couriel, pero no es ministro ni candidato a presidente– y que por eso debe abandonar sus aspiraciones a la Presidencia de la República. No quiero ni pensar la respuesta de Astori.

Tampoco se le puede ir a decir que el próximo gobierno deberá ser más de izquierda, porque Astori es el que está en las mejores condiciones de trazar un nuevo plan de gobierno en base a sus éxitos y que además se siente de izquierda. En este caso tampoco me gustaría escuchar su respuesta.

Está bravo imaginarme a un dirigente diciéndole en la cara que él (Astori) no es de izquierda y que ahora, con el nuevo candidato se va a retomar el rumbo perdido y el horizonte de la izquierda.

Tampoco me imagino diciéndole que hay mucha gente que lo quiere por fuera del FA, pero que dentro de la coalición de izquierdas lo quieren poquito. Esta posibilidad, demasiado fuerte, es la que más se aproxima a la realidad, aunque seguramente a Astori lo moleste pero no lo frene, porque eso de que «me quieren mucho, poquito y nada» sólo se demuestra en las urnas, contando los votos uno a uno.

Por todas estas consideraciones, es posible imaginar un escenario en la interna del FA en el que Astori seguramente compita en las elecciones internas. Diría más: Astori es el único precandidato presidencial seguro. Como también creo que lo es José Mujica, el mayor amortiguador social que ha tenido el gobierno y con posibilidades de presentarse con una aguda sensibilidad. Si el presidente Tabaré Vázquez se juega a la reelección, que sería la apuesta más fuerte de la izquierda en su historia política, para Astori nada será sencillo, porque Tabaré ha sido Danilo –en materia de política económica, pero con un discurso más apegado a la sensibilidad de la gente–, más el plus de tener todas las simpatías dentro del Frente Amplio y muchas por fuera, aunque tendrá el flanco de que la derecha y las capas conservadoras altas van a centrar sus baterías contra su persona y su personalidad, acusándolo de autoritarismo, tal como ya lo ha hecho Jorge Larrañaga.

Si Astori gana las elecciones internas y a la vez el FA promueve la reelección de Vázquez, va a ser el peor escenario para los dos partidos tradicionales, porque el destino del país se va a jugar sólo en la cancha del Frente Amplio.

Esta situación se puede volver a presentar si el candidato del FA por el actual orden institucional es José Mujica, quien puede terminar compitiendo con Vázquez. Pero en este caso no creo que por la puerta del centro entren más votos para Mujica que con Astori, a pesar de que el viejo guerrillero tiene sus encantos en el centro de la sociedad.

Hay, a la vez, un hecho que es trascendente y que en política no se debe descartar: los tres candidatos tienen, humanamente, su derecho a postularse.

Vázquez, el primer presidente de la izquierda, tiene derecho a terminar su obra. Astori tiene derecho a redondear su trabajo en el Ministerio de Economía, desde la Presidencia. Mujica, después de diez años en un pozo, con justeza puede estar necesitando culminar su vida con la mayor responsabilidad ciudadana. Aunque el tema por cierto no es de derechos, sino de visión. Pero también de programas y de equipos de gobierno. Claro que la historia puede ser otra si Vázquez no busca la reelección. En ese caso habrá que seguir con detalle hacia dónde van sus gestos: ¿Astori o Mujica?

Que conste: hacer un análisis nos es promover una candidatura o dos o tres, sino ver cómo se mueven las piezas, todo facilitado por las zeolitas, purificadoras de la naturaleza, pero también de la política y de la información.

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