La historia oficialista

Washington, 18 de mayo de 1976 Al Dr. Andrés Aguilar,

Presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos

Washington DC

Señor Presidente.

De acuerdo con instrucciones de mi Gobierno tengo el honor de dirigirme al señor Presidente para hacer referencia a la nota de esa Comisión de fecha 8 de agosto de 1975 (Ref. Caso 1929) enviada al señor Ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay, mediante la cual trasmite una comunicación sobre derechos humanos, y solicita la información al respecto, para poner en su conocimiento lo siguiente:

1 – Las afirmaciones genéricas que se formulan en la comunicación que se contesta se encuadran dentro de la campaña sistemática -organizada a nivel internacional- de desinformación en contra de mi país que persigue el propósito de impostar una falsa imagen de la realidad nacional.

2 – Las condiciones de alojamiento y alimentación que se proporcionan en los establecimientos de reclusión son comparables a las mejores del mundo.

3 – La atención médica es permanente y está respaldada por el Servicio de Sanidad de las Fuerzas Armadas donde se hace la atención especial de los reclusos.

4 – En ningún establecimiento de detención, arresto o reclusión se ejercitan torturas o prácticas vejatorias de ninguna clase.

5 – El autor o autores de la comunicación a que se hace referencia han incurrido en una lamentable confusión debido tal vez al hecho de que la situación que se describe y que se sintetiza en sus conclusiones «la total carencia de todo tipo de actividad física e intelectual, la incomunicación con el mundo exterior, la amenaza reiterada de que la situación en que están se prolongará indefinidamente, la falta de conversación y de contacto humano, la imposibilidad de hablar o expresarse en alguna forma, la permanencia constante en lugares de reducidas dimensiones, constituyen las nuevas formas de tortura que se ensayan como complemento a la tortura física directa», coincide totalmente con el «tratamiento» que el auto denominado «MLN Tupamaros» suministraba a las víctimas de sus secuestros en las llamadas «cárceles del pueblo» según es público y notorio.

Otra razón que vendría en abono de esa lamentable confusión es precisamente el hecho de que las personas que se nombran en la comunicación como presuntas «víctimas» (Raúl Sendic, Julio Marenales, Wassen, Rosencof, etc) constituían la dirección del Movimiento Tupamaro y fueron los que ordenaron en su momento el «tratamiento» al que en forma tan gráfica se hace referencia en la comunicación que se contesta.

Reitero al señor Presidente las seguridades de mi más alta consideración.

(Firma) Mateo Marques Seré Embajador.

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