Inundación verbal en Cámara de Diputados para preocuparse de las otras inundaciones
El plenario de la Cámara de Representantes logró dos milagros en una única aunque larga, en cierto modo plomiza sesión: primero, aprobó por unanimidad una declaración y un proyecto de ley relacionados con el drama de las inundaciones; segundo, produjo la más notable catarata retórica de la que se tenga recuerdo, matizada por datos de cada departamento, un audiovisual y hasta inoportunas alusiones políticas, de tal modo que replicó el motivo de su inquietud: otra inundación, sólo que verbal.
El proyecto aludido, que ya es ley porque llegó con la media sanción del Senado, refiere a la autorización para ingresar con motivo de catástrofes como inundaciones en terrenos de propiedad privada, para lo cual se extiende el artículo 1º de la Ley 17.992, de 25 de noviembre de 2005. Se le agregan estos incisos:
«Autorízase, ante la existencia de eventos extraordinarios y con carácter excepcional, a extender a estos casos los derechos y obligaciones establecidos en la norma en iguales condiciones, previa solicitud ante el Poder Ejecutivo, que formulen el Sistema Nacional de Emergencia o los gobiernos departamentales.
«Si el Poder Ejecutivo hiciera lugar a lo solicitado, dispondrá la autorización y establecerá las prevenciones necesarias, comunicándolo a la Asamblea General y otorgará por resolución fundada en la gravedad de los hechos, las facultades extraordinarias previstas en la ley a los gobiernos departamentales por el tiempo que considere necesario».
El plenario aprobó también la siguiente declaración:
«La Cámara de Representantes, sensibilizada por la situación que se vive en gran parte del país por efecto de las inundaciones que se registran desde hace varios días en el territorio nacional, declara:
1º) El estado de desastre o emergencia nacional.
2º) Exhorta al Poder Ejecutivo a continuar, evaluando permanentemente la situación y en la medida que ésta lo amerite, a utilizar todos los recursos presupuestales y extrapresupuestales para enfrentar acontecimientos graves o imprevistos».
Empezó tan bien…
Tal proyecto de ley y tal declaración difícilmente oculten, en una redacción tan precisa y clara, intención subterránea o siquiera indirecta de carácter alguno. Por tanto, una vez que habló el diputado David Dotti (Alianza Nacional), quien presentó el tema de las inundaciones fuera del orden del día, como asunto político con acuerdo de todas las bancadas uno supuso, como buen viejo ingenuo, que se asistiría a un trámite rápido y una sesión constructiva y piadosamente corta.
Pero, mundo al revés al fin, no fue así
Dotti estuvo magnífico, con su voz estremecida en el punto justo, con una austeridad y eficacia inusuales en su discurso y diciendo lo único, teniendo en cuenta el final que se veía venir, que importaba: la preocupante situación en varios departamentos, la necesidad de apelar a la responsabilidad y a la solidaridad, la necesidad de que el gobierno aplique todos los recursos posibles a la reconstrucción social y esto vino de yapa, pero cayó justo la influencia que el efecto invernadero tiene en todo lo que está y seguirá ocurriendo. Finalmente, ofreció el apoyo del Partido Nacional para crear un instrumento eficaz de prevención, que no tendría por qué ignorar el aporte del actual Sistema Nacional de Emergencia.
¡El punto era ahí, muchachos! ¿A qué seguir hablando, salvo para negociar la mejor forma de un acuerdo en esa dirección?
Pero a la mayoría de los señores diputados les entró la comezón del otoño, les picó un Aedes aegyptii camuflado o creyeron que, si no hablaban, alguien ¡yo no, por las barbas de Mahoma! les calificaría de insensibles. O perderían votitos.
Del desborde verbal, un aluvión redundante y abundoso que terminó dejándome más confundido que el Goyo Alvarez leyendo el artículo 330 de la Constitución »el que atentare (…) será reputado, juzgado y castigado como reo de lesa Nación» apenas si pude rescatar algunos apuntes aislados.
Y siguió entreverado…
José Carlos Cardoso (Herrerismo) declamó, con garganta en quinta a fondo, que «hay que ser más efectivos» y exigió que el Estado, a través de exoneraciones a término de tarifas de entes, colabore con quienes pasan semanas sin volver a su hogar.
Juan José Bruno (Alianza Nacional) hizo posible que las inundaciones en Durazno, su departamento, tuvieran un audiovisual propio de estricta exhibición parlamentaria: usando el tiempo con espíritu impiadoso, y corriendo por la sala su palabra aquietada por una comprensible angustia, usó computadora, proyector y pantalla y nos dejó a todos al menos a quienes no durmieron un ratito justo ahí con la boca abierta. (Los que se durmieron ya habían visto esas imágenes en TV LIBRE).
Pablo Abdala (Herrerismo) no dejó duda alguna: fue abundoso y punzante. Aunque arrancó pidiendo «no politizar un tema tan sensible», terminó hablando de tarifas públicas, del proceso inflacionario, del manejo presupuestal del gobierno, de los salarios públicos y de convenios con organismos internacionales que pueden aportar recursos necesarios.
Roque Arregui (Partido Socialista), en una postura de torso erecto difícil de empardar, y siempre con tono de re menor, desmintió a un senador que acusó a UTE, por un mal manejo de la Represa de Palmar, de haber provocado la inundación de Mercedes. De la indignación, le temblaron los coquetos lentes y el bigotito.
Jorge Gandini (Alianza Nacional), mientras Julio Fernández (Partido Socialista) roncaba allá al fondo, incrustado el mentón en el pecho, dijo que había que apelar a recursos ya dispuestos para estos casos por la Ley de Presupuesto y »yo la vi que se venía, se venía…», hubiera dicho Discépolo- lanzó críticas corrosivas al manejo económico del gobierno.
Fue una exposición que desatendí en un momento, pues advertí que Daniela Payssé (Asamblea Uruguay) era convidada con un bombón mentolado por un correligionario, en un gesto de exquisitez suprema; ella lo deglutió con notorio placer, seguramente indiferente a esa mentira de que «el chocolate engorda».
Tal vez para vengarse anticipando este comentario cosa que pudo haber hecho pues me vio observándola-, y una vez que tragó el bombón, ella hizo un conmovedor llamado al sentido común: «Hay que levantar el nivel del debate por respeto a los afectados, ya que la solidaridad no tiene color político».
Se endereza, lento, lento…
En determinado momento, cuando ya los coordinadores de bancada habían armado flor de despelote entrando y saliendo de sala, papeles en ristre, intentando acordar algo, Enrique Pintado (Asamblea Uruguay), que regresó de Indonesia directo a presidir el plenario, bajó de la Mesa, volvió a su vieja banca y aludió a la preocupación que erizó la última sesión de la Reunión Interparlamentaria Mundial: el calentamiento global por efectos de la contaminación, causado por los países ricos y que afecta sobre todo a los países pobres. Expresó luego su confianza en el gobierno y se preguntó qué podía hacer el Parlamento; de inmediato, recordó que los funcionarios del Poder Legislativo ya habían puesto en marcha un plan de solidaridad para con los damnificados, al que, dijo, «deberíamos sumarnos nosotros».
Enseguida saltó Jaime Trobo (Herrerismo) con una pincelada de situación muy razonable: «Muchas familias han perdido todo lo que tenían. No es sólo la condición en que quedarán sus casas. También hay que resolver eso, financiándoles la compra de bienes elementales».
Sandra Etcheverry (Alianza Nacional) justo cuando yo meditaba sobre los rulos de Nora Castro, que lucen más claros, y Guido Machado (Foro Batllista) me contaba el cuento de un tipo que explotó, literalmente, en Rivera repitió muy encendida cosas ya dichas y se molestó porque al lado, puesto que ya no sabían dónde discutir, los coordinadores aplastaban su voz de Olga del Grossi de
l último tiempo y no le permitían «ni escucharse a sí misma».
Poco después llegó el acuerdo general y todo concluyó como conté al principio. Lo que nadie que no haya estado anoche será capaz de imaginar nunca es la cantidad de arterias, glándulas, ganglios, nervios y etcéteras orgánicos que puede haber destruido este debate. De haber otro igual, que venga la Coronaria. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad