En Diputados se expresó preocupación por deudores que no acceden a nuevos créditos
Había un clima de «descansen, reclutas». Caminatas, charlas y hasta simpáticas mateadas.
De pronto, ella Eleonora Bianchi, Vertiente Artiguista ingresó vestida con una notoria preferencia por el negro, apenas matizada por el color claro de su blusa, radiante como una novia e inmediatamente besada y abrazada: con ardor por los miembros de la bancada oficialista y con cortesía, que no ocultó alguna mirada admirativa, por representantes de la oposición.
Cuando aún se la veía apretujada, él Enrique Pintado, presidente de la Mesa le dedicó un improvisado y cálido discurso, gesticulando como en la Amsterdam y flameante su aurinegra corbata cual bandera de la patria. Su entusiasmo adquirió tal tamaño que, tal vez porque el cariño muy enfático tiende esas trampas, en un momento la bautizó «Eleonora Castro», de lo cual pidió inmediatas disculpas en medio de las risas que despertó su inesperado furcio.
Cuando ella, Eleonora, lograba al fin sentarse en la banca que hasta hace poco ocupó Juan José Bentancor, hoy senador en lugar de Enrique Rubio, y desparramaba sus carpetas, todavía con una sonrisa de oreja a oreja, él, Pintado, dio por terminada la sesión por una moción que presentó Jorge Orrico (Asamblea Uruguay). Es posible que ella se haya preguntado, por un mínimo y molesto instante, «¿ya fue todo por hoy, me tengo que ir?». Vendrán otros tiempos, Eleonora.
Media hora previa
La sesión quedó reducida a la media hora previa, durante la cual hubo seis exposiciones variopintas.
Roque Arregui (Partido Socialista), mencionó el inminente sesquicentenario de la fundación de Mercedes. Su pormenorizada reseña histórica fue leída con una prolijidad enternecedora y una claridad poco transitada en este ámbito. Sorprendió, al punto que muchos lo miraron como si vieran a alguien por primera vez.
Gonzalo Novales (Alianza Nacional), angustiado pero compuesto, se compadeció de la situación de quienes no pueden acceder a nuevos créditos, sea porque son deudores, sea porque son fiadores. Incluso informó que quienes han cancelado sus deudas, luchando contra intereses de usura, siguen por un tiempo excesivo sin ser aceptados para otro crédito, debido a que el trámite que los saca del clearing demora más o menos como la Asociación Uruguaya de Fútbol para arreglar el contrato con Tenfield. Según Novales ahora enérgico «las entidades financieras no están actuando con justicia». Aseguró que por no otorgar nuevos créditos se está perdiendo un recupero seguro y exigió una drástica disminución de las tasas de interés.
Nelson Rodríguez (Correntada Wilsonista) aludió a la situación del hospital Alvariza de San Carlos, acerca de la cual no ahorró un solo calificativo. Se trata de un edificio, si lo interpreté bien, hecho de a pedazos a lo largo de los años hasta quedar convertido en una suerte de ejemplo edilicio e infraestructural surrealista. Pese a todo en calma, pidió una reforma general y la construcción de un Servicio de Emergencia que funcione, reclamando financiación a través del presupuesto correspondiente.
Jorge Menéndez (Partido Socialista) protestó, como noble hombre del Interior, contra la centralización aún vigente en el país, a la que calificó con una originalidad que me conmovió: «obstinada». Explicó, tropezando con algunas palabras cuya pronunciación se le empastó, que los principales perjudicados viven «en el interior del interior», de donde se han ido prácticamente todas las oficinas públicas, obligando a miles de personas a hacer los más sencillos trámites en la capital departamental o en Montevideo. Enseguida calentó la adjetivación: «Es una situación perversa». Y, al mencionar el proyecto de reforma del Estado, expresó una educadísima esperanza de que estas cosas cambien, pues la advierte centrada, precisamente, en la descentralización.
Fernando Longo (Liga Federal Frenteamplista) zampó en sala no hallo otro modo de decirlo una promoción del ciclismo de Flores, su departamento, a raíz de que un deportista local, Jorge Bravo, «viejo luchador de equipo», ganó la Vuelta del Uruguay concluida el pasado domingo. Pese a sumergirse en una apología trinitaria aplastante, fue observado por el resto de los legisladores con una benevolencia hija de la más completa y simpática desorientación.
Finalmente, Julio Fernández (Partido Socialista), reclamó la construcción de una nueva escuela rural próxima a los barrios 3 y 4 de Mevir en Rivera. Hay más población infantil, y el local docente que allí funciona no la puede albergar.
Los niños se ven obligados a recorrer largas distancias para asistir a otras escuelas. Salud Pública donó una manzana y la ANEP la aceptó, pero la construcción pedida se proyectó para 2009. Y al bueno de Fernández, cuya preocupación estaba pintada en su rostro como «El expolio» de El Greco en la catedral de Toledo, esto le parece demasiado tarde. *
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