El plenario de Diputados incrementó el nomenclátor nacional

El Banco Central acuñará monedas aplicando una tecnología de punta que abaratará costos

El plenario de la Cámara de Diputados fue la más fehaciente demostración de que los temas calientes –reformas diversas, pedidos judiciales de desafuero y otros– están sumergidos en las comisiones correspondientes. Es que no son de sencilla resolución, está claro.

Destacan especialmente, por confesión de varios legisladores oficialistas, los tres proyectos referidos a la reforma de la salud, que aún serán muy discutidos antes de llegar al plenario. Como dato significativo, pude observar que circulaba en la bancada de la mayoría una copia de las declaraciones exclusivas que, el pasado lunes, el economista Daniel Olesker hizo a LA REPUBLICA sobre los alcances económicos de esa reforma.

Nada de lo que en los corrillos parlamentarios se esperaba, incluso anunciado de forma extraoficial, ingresó al temario, ni siquiera como asunto de urgencia o de carácter político. Increíblemente, hubo un solo tema que exigió cierto debate esclarecedor y pudo –expresándome con espíritu tal vez desproporcionadamente piadoso– haber justificado una sesión de más de tres horas.

 

Acuñación de monedas

Atravesando, y no simbólicamente, la media hora previa –de la que me ocuparé más adelante– Washington Abdala (Foro Batllista) entró, saludó como un candidato cabal, o sea apelando a sonrisas de promoción de dentífrico, fuertes apretones de manos y una salida rápida por el foro (no podía ser por otro lado). Poco después, se vio a Jorge Orrico (Asamblea Uruguay) conversando animadamente, y por largo rato, en la bancada colorada; ya no estaba el soldado, pero puede descansar tranquilo: aunque parecían locos de la vida, cualquiera se daba cuenta de que no acordaban candidaturas.

También comprobé, durante este lapso, que Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609), a quien hasta hoy los amigos apodaban «El puma», decidió cortarse el pelo con excesiva intensidad; el responsable habría sido un coiffeur de Malvín, pero algún atrevido conjeturó que lo hizo él mismo, apelando a una garlopa.

Finalmente, Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista) hizo una breve irrupción, no más de seis o siete minutos, durante la cual el patriarcado en decadencia celebró su modelito de casaca y pantalón negros por unanimidad, con reminiscencias árabes o, por lo menos, andaluzas.

Iniciada la sesión, Alfredo Asti (Asamblea Uruguay) informó el proyecto por el cual se autoriza al Banco Central a acuñar monedas de cincuenta centésimos y de uno, dos y cinco pesos, utilizando una tecnología de punta que permitirá abaratar el costo, hacer más rápido el proceso y garantizar mayor durabilidad al dinero. La emisión completará lo que se denomina «el cono monetario», cuya finalidad es asegurar la circulación suficiente de las monedas mencionadas.

Todo venía bien, hasta que el informante recordó que el artículo primero incluía un aditivo al proyecto aprobado por unanimidad por la Comisión de Hacienda: recibido el correspondiente informe técnico y legal, se autorizaba al Banco Central a obviar la licitación e ir a concurso de precios y contratación directa, convocando solamente a las casas oficiales de moneda por una cuestión de mayores garantías y seguridad.

Asti, como si hablara ante un auditorio de la Facultad de Ciencias Económicas, dijo que este sistema se había usado múltiples veces en el pasado.

En ese preciso momento –se ve que había desenfocado mi atención– detecté al diputado Daniel Peña (Alianza Nacional) por primera vez en sala desde el escándalo de las computadoras; estaba en una de las bancas de adelante y más atrás, al lado de la puerta (¿por si tenía que rajar a vigilar algo?) apareció Luis Lacalle Pou (Herrrerismo). No hubo sangre; Peña se fue enseguida y Lacalle Pou salió (¿revisó?) y volvió a entrar, más tranquilo.

Tranquilo pero tenaz se mostró, enseguida, Carlos González Alvarez (Alianza Nacional), rechazando el aditivo anunciado por Asti –«¿cómo no lo voy a rechazar, si ya lo hice en la comisión?», se preguntó con más lógica que Carreño– y dijo: «Esto es gravísimo, aquí hay una rara intencionalidad del Banco Central». Esta afirmación la entonó con un seco estilo martinfierrista. Parecía Larralde, parecía.

Asti, un duque, le respondió con gentileza versallesca, pero González Alvarez se encaprichó en que el proyecto volviera a Comisión. Saltó Iván Posadas (Partido Independiente), quien repasó antecedentes y dio la razón a Asti, el que a su vez, inesperadamente, se consideró en la obligación de añadir cosas ya dichas. Posiblemente esto haya hecho que González Alvarez también redundara, casi con el placer estremecedor de «Chucky» cuando pinchaba y cortaba lo que había a su paso. Aquí dirigí mi mirada a la cúpula del recinto, que imaginé celestial y acogedora de mis ruegos.

 

¡Milagro!

Concluyó el debate y el proyecto fue aprobado, aunque hubo dos intervenciones exquisitas de Jaime Trobo (Herrerismo) y Lacalle Pou, reiterando una vieja idea compartida: que alguna moneda uruguaya lleve –y sus argumentos me recordaron a Tacuarembó y a los hermanos de la Sagrada Familia, no sé por qué– la imagen de Carlos Gardel.

 

La media hora previa

Juan José Domínguez (Espacio 609) homenajeó a Raúl Sendic, nacido en Chamangá, Flores, en 1925 y muerto en París en 1989. Recordó su lucha contra la pobreza y el hambre, y aseguró que este gobierno había recogido sus desafíos. Para justificarlo, se apoyó en el Plan de Emergencia, en el Ingreso Ciudadano, en el proyecto azucarero alcoholero del Norte y en el acuerdo logrado en el Consejo de Salarios para los trabajadores agropecuarios.

Gustavo Espinosa (Foro Batllista), declamando más dramáticamente de lo que le es común, se refirió a la para él segura destitución de una funcionaria de la Intendencia de Canelones –madre de un niño de cuatro años que, según expresó con un dejo casi becqueriano, la interroga desconcertado y desconsolado– por un sumario al que consideró ejemplo de persecución por razones partidarias.

Enérgico, afirmó, un poco intrincadamente, que confiaba en el Poder Judicial pero no en quienes usan el color político para cercenar derechos de las personas.

Pablo Abdala (Herrerismo) descargó sobre Antel una ira libanesa santa, aunque con la caballerosidad habitual, porque en comisión sus directores anunciaron que el tema del call center iba a ser resuelto por una sociedad de derecho privado, también propiedad del organismo, y setenta y dos horas después cambiaron el rumbo e informaron que pasaría a la administración pública. Luego de sugerir que el cambio pudo haber sido obligado por la presión de los trabajadores de Antel, Abdala declaró que «se le debe una información al país, porque incorporar quinientos funcionarios públicos en un solo acto es excesivo, no registra antecedentes y no hay norma legal que lo permita».

Juan Carlos Souza (Espacio 609) recordó la muerte reciente de una amiga y reconocida militante, María del Pilar Carracedo, confesando que no pudo homenajearla el día del sepelio porque lo venció la emoción.

Jorge Gandini (Alianza Nacional) arremetió contra Chávez por haber suspendido la concesión a la empresa Radio Caracas Televisión. Apocalíptico, casi encaramado en la banca buscando pelea, expresó su angustia por el futuro de otros medios de comunicación de Venezuela, en tanto sean opositores del gobierno.

Finalmente, el sanducero David Dotti (Alianza Nacional), que parece haber mantenido estable, como el dólar, su inversión abdominal, elogió el Plan Ceibal, pero, al informar cuánto costará –catorce millones de dólares– recordó todas las carencias edilicias y de materiales que acosan a las escuelas de su departamento. Conclusión para él lógica: hace falta un orden de prioridades más sensato.

 

Exoneraciones y nomenclátor

En otro orden, el Ministerio de Salud Pública y ASSE fueron exonerados de dos gravámenes –uno de 2% y otro de 10% sobre el valor CI
F– hasta hoy aplicados a la importación de equipos e instrumental médico, instrumental y material odontológico, y cuyo producido se volcaba a la Caja de Profesionales Universitarios. Tal exoneración, a la cual no se opuso la mencionada Caja, generosidad que fue resaltada por Alfredo Asti, otra vez miembro informante, permitirá aumentar esas importaciones para beneficio de la atención de la salud en los sectores más desposeídos de la población.

Finalmente, y como bien dijo Pablo Alvarez (Espacio 609), en una alocución que por poco se celebra a los gritos debido a su sublime brevedad, la sesión fue dedicada a aumentar el nomenclátor nacional.

El Liceo Nº 13 de Montevideo fue designado con el nombre «Baltasar Brum», luego de que Miguel Barreiro (Foro Batllista) salvara la responsabilidad de su correligionario Hackenbruch, miembro informante desaparecido de sala. Barreiro, con voz en fa, hizo un informe probo, monacal, casi evangelizador.

La Escuela Nº 95 de Maldonado fue designada con el nombre de «España» (esta vez los diputados pecaron de abuso de síntesis, porque debió ser, en realidad, «Reino de España»).

La Escuela Técnica de Rosario, Colonia, fue designada con el nombre de «Maestro Alvaro Bustos Spinelli», a quien, por una infidencia cariñosa, se supo que le decían «La lora».

Y la Escuela Nº 52 de La Paloma, Rocha, fue designada con el nombre de «Maestro Rosalío A. Pereira», docente que fue unánimemente reconocido y que recibió el homenaje de Federico Cassaretto (flamante Alianza Nacional), Nora Castro (Espacio 609), Alba Coco (Liga Salteña) y José Carlos Cardozo (Herrerismo). *

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