Singer pidió una "autocrítica" a blancos y colorados por actitud ante el golpe

Reacción "no democrática"

Además, Singer dijo que los partidos tradicionales deben realizar una «autocrítica» por lo sucedido y opinó que el último golpe de Estado contó con el «beneplácito de la fuerza imperial», es decir Estados Unidos.

El legislador colorado participó anoche, junto a la profesora Inés Trochón y el periodista y analista político Diego Achard, de una charla organizada por la fundación Vivian Trías en la que se abordó el tema «Blancos y colorados en el proceso autoritario».

En su alocución, Singer indicó que existieron múltiples factores que desencadenaron el golpe de Estado. Recordó que en la década del 60 fallecieron los grandes caudillos de los partidos tradicionales, lo cual determinó «un vacío de poder». A esto se agregó la dependencia del país con el mundo exterior, tanto económica como política: «Fuimos víctimas de la Guerra Fría».

En tal sentido, indicó que el Movimiento Tupamaro se vio influenciado por el exterior, como lo sucedido en la revolución cubana, la que le dio «verosimilitud» a la lucha armada. «Ellos (los Tupamaros) vieron que cuatro gatos locos habían sido capaces de derrocar al Ejército de (Fulgencio) Batista, y entonces pensaron: ‘Cómo no lo vamos a poder hacer acá'».

Recordó que a principios de los 60 la Policía estaba a cargo de controlar los movimientos de los Tupamaros, y que en su momento el encargado de esta tarea, Alejandro Otero, planteó al Consejo Nacional de Gobierno más recursos para llevar adelante esta tarea, y advirtió el «rápido» crecimiento que estaba teniendo esta organización.

«Sin embargo, el Consejo consideró que no tenía importancia, lo cual fue un error», agregó Singer. «Cuando la Policía se vio desbordada por los Tupamaros, se convoca al Ejército, y pasó lo que pasó».

El legislador señaló que en las Fuerzas Armadas había movimientos «antipolíticos, de tipo facistoide», y reconoció que «hubo debilitamiento de los partidos políticos, que no pudieron reaccionar. La reacción de los partidos fue no democrática, y Bordaberry era un hombre con una formación antidemocrática». Reconoció además que en ese momento «los partidos no movilizaron gente y eso fue bien aprovechado por las Fuerzas Armadas».

Para Singer, el golpe contó «con el beneplácito» de Estados Unidos. «Para dar un golpe hay que tener cierto respaldo, y existió».

Achard, en tanto, no coincidió plenamente con este planteo, y dio su opinión: «No le importábamos a los actores centrales de la guerra fría».

Según Achard las responsabilidades se deben buscar en el país. Al respecto enumeró que los Tupamaros, las Fuerzas Armadas, los gobiernos de Jorge Pacheco Areco y Bordaberry, sectores de los partidos tradicionales, sindicatos y empresarios, llevaron a que se desencadenara el golpe.

Opinó que este golpe de Estado «era evitable» y que para eso se debieron seguir otros caminos «que no se recorrieron o no se quisieron recorrer».

Trochón agregó a estas circunstancias el hecho de que las Fuerzas Armadas «comenzaron a cumplir un papel clave en el sistema político, y se convirtieron en interlocutores cada vez más legítimos. Existió una pérdida de legitimidad de los partidos y los militares se meten en ese espacio; y se registraron hechos de violencia» que llevaron al Ejército a tomar medidas al respecto.

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