Para vos ¿quién será el próximo candidato a Presidente por el FA?
Hace siete días escribí que el gobierno y la fuerza política están impregnados de la cuestión electoral. Las horas y los días fueron confirmando que eso es así, no sólo por declaraciones públicas sino también por contactos que hemos mantenido con dirigentes del progresismo.
Me han dicho, esos interlocutores, que la próxima candidatura a la Presidencia de la República genera tensiones en el gobierno y que Tabaré Vázquez, como las detectó, ha salido a operar con mucha firmeza. Por eso dijo en Anchorena que la reforma del Estado no tiene nada que ver con la posibilidad de su reelección –«la agenda la establecemos nosotros», dijo–, dando una clara señal, con la designación de Enrique Rubio al frente de la OPP, de que es la hora de hacer y de gobernar (no me como la pastilla: el tema de las candidaturas va a saltar cuando Vázquez quiera y no antes, incluso no descarto que pueda estar o no en el menú su reelección).
El poder que ha construido Vázquez desde 1989 a la fecha es de una velocidad no conocida en el país y mucho menos en la izquierda. La crisis del socialismo real y del PCU, el agotamiento político del liderazgo de Seregni y su posterior muerte dejaron en manos de Vázquez toda la sintonía con las multitudes, al grado de que se transformó en un nuevo líder de distinto tipo. Vázquez no le dice a la gente lo que tiene que hacer, le dice lo que está haciendo y la gente ruge y le cree. Su éxito en la IMM, así como los dos primeros años de gobierno nacional, son los pilares de su imagen, en los que confluye el muchacho pícaro de La Teja con el manejo del poder que tienen los médicos, quienes entre ellos se trituran sin ningún tipo de reparos.
Ante esta realidad –Vázquez es la realidad política más fuerte del país–, se presenta la dificultad de su reelección porque la misma huele (aunque no lo sea) a autoritarismo y porque, además, los mecanismos institucionales son complejos, intrincados, que no permiten establecer un debate serio sobre la personalidad en el proceso del cambio.
A pesar de que la reelección es como entrar en la casa de los espejos, donde no es fácil encontrar la salida, a Vázquez le sobra personalidad y talante como para arriesgase a recorrerla y con éxito. Si Vázquez quiere va a la reelección, porque en el FA no hay nadie que le pueda torcer la mano. Pero si no quiere, por múltiples razones, queda abierta la disputa por la candidatura en las elecciones internas de todos los partidos políticos en 2009.
Los posibles herederos
El Frente Amplio discute el tema de las candidaturas a la Presidencia de la República, como esas parejas a las que no les gusta el novio de la nena y por eso hablan en voz baja para que nadie las oiga.
En el FA todos están enamorados del gobierno, dicho esto en el mejor sentido de la palabra, por eso quieren asegurar que las contradicciones se resuelvan sin conflicto para poder ir todos juntos, porque si se cae uno, se cae todo.
Si Vázquez se va a pescar durante cinco años al finalizar su mandato, hay candidatos cantados: Danilo Astori y José Mujica. Mientras que el primero dice que quiere, aunque no agita sobre el tema, el segundo toma tiempo y habla de su edad y de sus achaques, pero no es claro sobre si quiere o no quiere.
Astori cumple el próximo 23 de abril 67 años. Ingresaría a la Presidencia con 70 años de edad. Por su parte Mujica tendrá, en caso de ser electo, 76 años de edad. Si Vázquez fuera reelecto tendría, el 1º de marzo de 2010 71 años, dado que cumple el 17 de enero.
Vázquez y Astori tienen, entonces, casi la misma edad y aparecen, por lo menos en el aspecto, con un mejor estado físico que Mujica, quien después de la enfermedad mejoró sustancialmente en su apariencia, a lo que se agregó un mejor vestir sin llegar, por lejos, a la fina elegancia de los otros dos.
Es sabido que la vida de Mujica ha sido mucho más castigada que la de Astori y la de Vázquez, debido a los enfrentamientos armados y a los años de prisión salvaje que sufrió el viejo guerrillero. Sus enfermedades son públicas, las de los otros dos competidores son reservadas, si es que las tienen.
Desde el punto de vista del cuidado físico es notorio que Vázquez y Astori aparecen con un semblante mucho más saludable que el de Mujica. Los dos primeros no fuman desde hace tiempo, se cuidan en las comidas, mientras que Mujica fumó hasta hace poco tiempo y se cuidó poco. Pero la política y el manejo del poder no es sólo salud, aunque hay que tenerla y preservarla porque sin ella no hay posibilidades de concretar algo.
Dejemos a Vázquez afuera, ya que si quiere la reelección va a potenciar las otras candidaturas. Veamos, entonces, cuáles son las zonas en común y cuáles no entre Astori y Mujica.
José Mujica
Mujica viene familiarmente del Partido Nacional y por eso tiene un apego importante con el campo, la naturaleza y el cielo abierto. Es una extraña combinación del gaucho con el anarquista, que explica que en sus años de juventud se haya aproximado a sectores intelectuales libertarios relacionados con el pensamiento humanista, que lo llevaron a empuñar las armas sin tener en cuenta el pacto político y social donde por lo general la impronta es de los más fuertes -, que se expresa en la legalidad de toda una sociedad.
Es, además, un hombre bastante enciclopedista, con una capacidad tremenda para captar algo que le interesa e incorporarlo a su disco duro. Ha mostrado que la vida le ha enseñado mucho más que los libros y los grandes debates ideológicos (en general los tupamaros son así), al grado de que nadie puede sostener que el pensamiento que explicitaba en las mateadas posteriores a su liberación se exprese en sus discurso y gestos de hoy.
Mujica ha evolucionado, aunque algunos tengan todo el derecho de decir que ha involucionado. De lo que no hay dudas, es de que no es el mismo. En 1985 era un chocador ideológico y político, hoy es un chocador cuando le conviene, pero ante todo se presenta como el jefe de una tribu que es capaz de pensar y de conmover, mientras sus indios se matan a flechazos. Prefiere componer que descomponer, pero nunca es la Virgen Inmaculada, porque siempre trabaja para su molino, igual que lo hacen todos, pero a él no se le nota.
Su éxito político electoral se ha basado en su lenguaje llano, algunos pitucos dicen que es ordinario, pero fundamentalmente por su capacidad de construir alianzas. Lo más insólito, lo que muestra su poder de transmitir afecto, es que a sus aliados les dice «sapos», «culebras» o «cocodrilos» y jamás se molestan. Todos bancan: no hay otro igual, no hay. Esta es su mayor virtud. Más que un político y un ministro, es como el abuelo al que hay que irle a pedir consejos cuando la cagada es grande o la decisión muy seria. Esta característica le da una llegada muy profunda en sectores populares que necesitan creer en algo, como le pasa a los jóvenes.
Su mayor problema está en su sector, que es demasiado laxo, pleno de contradicciones, en el que hay corrientes dentro del Espacio 609 –la fuerza electoral más poderosa de la izquierda–, que son muy difíciles de conjugar y que además están a punto de crisparse.
Danilo Astori
Astori es un político de izquierda, que votó por primera vez a la Unión Cívica, con una fuerte formación académica, lo que no le impide ser un fanático del fútbol y del carnaval. Esto le da un fuerte perfil urbano y montevideano, que muchas veces resulta incomprensible para los que analizan a las personas desde un solo ángulo.
El razonamiento y la construcción lógica del discurso son sus fuertes. Sólo basta recordar cómo destrozó con una lógica infernal a Jorge Batlle, cuando el Frente Amplio enfrentó la privatización de Antel. Referéndum que lo tuvo, junto a otros, en el primer lugar, y que ante el primer fracaso se negó a desistir de la consulta a la gente, cuando muchos en la izquierda –algunos son radicales de hoy– se bajaban desesperados.
Cuando se habla de las políticas para insertar al país en la región y en el mundo, es costumbre olvidar que Astori fue el promotor del ingreso del país al Mercosur –no el único–, sosteniendo que el aislamiento del país llevaba al Uruguay a la albanización.
Creó un grupo político en 1994, Asamblea Uruguay, que juntó en un solo abrazo a muchos independientes, a una parte de los ex comunistas que quedaban a la intemperie con las marcas de los ladrillos del Muro de Berlín en su alma y a otros militantes que se apartaron de distintos sectores de la izquierda para rodearlo. También tuvo importantes discrepancias en la interna del FA: apoyó con fervor la creación de las AFAP; acompañó la reforma de la Constitución por la que se estableció el balotaje, actitud que llegó a desgastar a Líber Seregni, quien estaba en la misma postura; estuvo en contra de derogar la ley de asociación de Ancap y ha sido un incansable y por momentos tozudo defensor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, además de que en 1999 enfrentó en las internas a Vázquez. Pagó por todo ello un fuerte costo político, pero se le reconoce que en todos los casos puso la cara, dio razones y argumentos. Astori, en todo momento, se mostró convencido de sus dichos, con un planteo que muchas veces lo mostró como alguien que confiaba demasiado en su inteligencia, donde la renovación de la izquierda quedaba atrapada solamente en sus propuestas y en las de Asamblea Uruguay.
Hoy vive una situación paradójica. No debe de haber un solo frenteamplista que no reconozca que su presencia al frente del Ministerio de Economía y Finanzas ha sido clave para darle estabilidad al gobierno de Vázquez y a la vez generar un clima de tranquilidad financiera, fundamental para el desarrollo económico.
A la vez, una parte importante de esos mismos frenteamplistas siente que se podría hacer otra «otra cosa» en materia económica y social, que fortaleciera los caminos hacia el Uruguay Productivo y la mejora sustancial de los recursos para la enseñanza.
No muestra cualidades para establecer alianzas con otros sectores del FA, prefiriendo el fortalecimiento de su sector. Este pecado es, quizás, el mayor obstáculo que tiene que vencer en su carrera presidencial, junto a que no tiene un discurso que penetre en los sectores más populares, aunque sí tiene uno de los mejores discursos para los sectores ideológicamente del centro.
Si Vázquez se va de pesca
Volvemos al comienzo: si Vázquez da un paso al costado, las miradas se centrarán en Mujica y Astori, como posibles candidatos. Desde el punto de vista programático no es sencillo establecer diferencias, porque Mujica ha sido extremadamente cauto en no mostrar diferencias públicas con Astori. Pero es de suponer que en una interna Astori buscará la continuidad de sus posturas y que Mujica se inclinará por presentar novedades.
El ministro de Ganadería se ha mostrado mucho más inclinado hacia las posturas que exigen políticas sectoriales más firmes y profundas, en tanto su posible oponente prefiere que sean las políticas macro y la estrategia de desarrollo, las que lleven a que los actores económicos se inclinen por la inversión.
Pero los dos saben que sin el otro no hay unidad y sin unidad no hay nuevo gobierno, por ello tendrán que acordar y en esto, en la búsqueda de acuerdos, se abren tres posibilidades: a) acordar antes de las elecciones internas y resolver que no hay competencia; b) ir a las internas con el compromiso de respetar el resultado, donde el que pierda da todo su apoyo al ganador; c) inventar otro candidato, que cuente con el apoyo de Mujica, Astori y Vázquez.
Antes de llegar a estas tres equinas, mucha agua va a correr y las capas medias serán decisivas, más cuando van a sentir, por lo menos en el primer año, los tirones en el bolsillo a consecuencia de las nuevas formas de tributación.
En esta batalla por convencer a las capas medias y neutralizar a los quejosos, Astori se juega todo su capital político. Si sale sin heridas graves puede adquirir una imagen de estadista insuperable. En caso contrario puede salir muy castigado.
Para Mujica la situación es más cómoda al no reclamar la paternidad de la reforma tributaria, pero todo indica que el viejo guerrillero va a jugar y fuerte del lado del ministro de Economía, porque si Astori se derrumba adiós a los próximos cinco años.
Cada uno atenderá su juego. Mujica arranca con mejor puntaje: ganó las cuatro últimas elecciones internas (dos internas, las nacionales de 2004 y las departamentales de 2005). Astori, más rezagado, también quiere y se siente fuerte. Solo falta saber si Vázquez no les complica la fiesta, porque hasta ahora se ha mostrado con muchas ganas, muy lejos de gobernar flotando. Es, además, un oncólogo que acompaña al paciente hasta el final. ¿Quién es el próximo candidato del FA a la Presidencia? *
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