ENTREVISTA: CON WASHINGTON ABDALA (PRE CANDIDATO DEL PC A LA PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA)

"Soy la socialdemocracia; de Bordaberry no se cuál es su actual planteo filosófico"

­¿Cómo definiría la actual etapa en que se encuentra el Partido Colorado?

­Hay mucho movimiento interno, mucha efervescencia, donde el Partido Colorado comienza a tomar conciencia de sus errores, cuando confundió Estado, gobierno y cuadros políticos. Además de que no entendió la lógica de la elección interna.

Tengo la impresión de que hay una lección aprendida, luego de un proceso autocrítico intenso que se desarrolló con mucha seriedad. Desde la Comisión de Reforma de la Carta Orgánica convoqué a gente que no piensa como los colorados. Muchos de ellos especialistas en el área de las ciencias sociales, de la historia del país, quienes nos dijeron cosas muy crudas, lo que nos hizo mucho bien. Hoy, luego de todo este proceso, nos estamos parando con un planteo distinto, mucho más abierto, con una renovación generacional que tiene que ver con los contenidos, pero también con lo etario.

­¿Cuáles son las reservas políticas e ideológicas del batllismo que usted se propone rescatar?

­Voy al rescate del batllismo de verdad, humanista, de la idea socialdemócrata que permite construir una sociedad que defiende a los más débiles, como eje central.

Una mirada batllista que no le regala nada a la filosofía neoliberal ni a las perspectivas conservadoras. El batllismo, cuando estuvo en el gobierno, se mostró como una corriente avanzada. Este camino hay que recorrerlo con mucho entusiasmo.

En el capítulo educativo no dudo de que hay que hacer más intervenciones y dar más libertad. Esta es una ecuación bien batllista: más libertad para que los sistemas funcionen mejor, pero a la vez más intervención porque esa inversión tiene una naturaleza social. No es un gasto, es combate a la pobreza verdadera. Este es el batllismo que tiene que volver a estar en escena. Hablo del espíritu de don Pepe (Batlle y Ordóñez), con el aterrizaje a la modernidad del 2009.

­¿Cuáles son los nuevos datos de esa modernidad de la que hay que apropiarse?

­Hoy al Uruguay le nacen 47 mil niños por año; la mitad está en situación de pobreza y entre la cuarta y quinta parte de esos nacimientos, son embarazos adolescentes.

Al Uruguay se le reproduce la gente más humilde, que tiene de promedio cuatro o cinco hijos. Las clases medias miran de costado y tienen un hijo cuando lo tienen.

A la vez a este mismo Uruguay se le van 18 mil personas por año. Este mismo país tiene un incremento de sus expectativas de vida, porque la calidad de vida de la gente mejora. Esto va a generar una ruptura social en muy poquitos años y no se va a arreglar con el Plan de Equidad o con planes asistencialistas. Reorientamos su economía y su plan director hacia escenarios distintos o vamos a ir a una conflictividad social muy grande.

­¿Por dónde va esa reorientación?

­Cuando todo es prioridad, nada es prioridad. Esto es lo que le pasa al actual gobierno.

­¿Cuál es su prioridad?

­La primera se resuelve con un formato educativo distinto. Creo que la fundamental es la educación, estableciendo estándares básicos de conocimiento en las distintas áreas del sistema educativo. Por ejemplo, que los distintos institutos educativos puedan montar exámenes nacionales y únicos por cada rama o sub rama.

Hay que dar más libertad a los padres para incidir, que va a generar un proceso de involucramiento muy grande en la principal arma del combate a la pobreza, que es la educación. Acá hay que reforzar políticas educativas. En esto rescato a Germán Rama y todo lo que hizo en educación preescolar, en inversión docente en el interior del país. Esta es una de las formas de volver a parar al Uruguay.

No soy de los que tiene todo para criticarle al gobierno; critico muchísimas cosas, pero por ejemplo el Plan Ceibal me parece una apuesta interesante para que los chicos puedan tener computadoras y globalizarse.

­Ahora, la economía manda…

­Sí.

­¿Cuál es el rumbo que debe asumir nuestra economía?

­En el capítulo agropecuario se dijo, por Mujica, que se apuntaba a un capitalismo en serio, pero no ha sido así. Creo que hay que ir a un modelo de capitalismo dinámico. Por eso a todo el tema de la forestación no hay que ponerle un palo en la rueda. Creo que hay que seguir profundizando este tipo de políticas, favoreciendo una política de productividad. No hay que tener temor en la investigación de nuevas tecnologías. Entiendo que es vital que las sociedades anónimas puedan ser propietarias de la tierra, por eso es un atraso cuando se va hacia atrás en este tipo de evaluaciones.

También tenemos que desarrollar el regionalismo abierto, pero tomándolo en serio, pero no esta cosa que es un regionalismo cerrado. Acá no hay una apuesta a andar bien en la región, donde Brasil y Argentina toman decisiones por ellos mismos. Hay que ir a una cosa distinta, no hay que tenerle temor al acceso a nuevos mercados. Países como Chile y Nueva Zelanda tienen operaciones comerciales y diplomáticas con decenas de funcionarios muy preparados para penetrar en los mercados. Todo el mundo te dice que China e India están en una revolución y nosotros lo leemos por los diarios.

­En una época la izquierda se arraigó en la clase obrera y las capas medias, profesionales e intelectuales. ¿La reforma tributaria puede ser el fin del buen relacionamiento del Frente Amplio con esos sectores medios?

­La reforma tributaria es el error más grande que va a cometer el contador Danilo Astori en estos años. Además, el ministro de Economía le hace el mandado a los grupos más importantes del mundo, al G8, que no quieren que exista otro tipo de modelos tributarios que no sean similares a los de ellos.

Con la reforma de Astori no se castiga tributariamente a los juegos de azar. Si ganaste el Cinco de Oro nadie te toca,; ahora si trabajás, si te rompés el alma, generás empleo, empujás y ganás algo, tributás. Eso es desestimulante.

­¿Hay alguna forma legal de impedir esta reforma tributaria?

­Si llego a presidente de la República voy a derogar esa ley. Ahora aparecieron recursos por inconstitucionalidad planteados por el Partido Nacional y organizaciones sociales, pero dado el embalaje que tiene el gobierno las nuevas formas de tributación vienen o vienen.

A dos años y medio del acto electoral hay que plantear que la derogación de la ley debe de ser una bandera, porque mata a la clase media, además de infectar a todo el sistema. Ya se ve que los alquileres han subido. Es elemental que quien tiene algún recurso se proteja de este tipo de cosas. La reforma puede ser el buque insignia crítico que va a tener el gobierno en las próximas elecciones.

­Para muchos la crisis lenta del Partido Colorado comenzó en 1958, cuando no votó la Ley Orgánica de la Universidad, lo que generó una ruptura progresiva de su partido con la intelectualidad. ¿Siente hoy la presencia de esa ruptura?

­La batalla de la izquierda empezó por una victoria cultural y terminó luego por una acumulación política que consagró la conquista del poder.

Su primera batalla fue establecer categorías en la cabeza de la gente, que comenzó por la intelectualidad y que luego se fueron transfiriendo. Es un dato de la realidad que lo que hoy es la perspectiva cultural, en la dimensión amplia de la palabra, es una mirada izquierdista. Eso fue producto de un acto de inteligencia de la izquierda, haciendo una penetración desde la sociedad civil, ambientando espacios en el arte, en la cultura, en el teatro, en el Carnaval. Fue así que llegó un momento y un día te levantaste en la mañana y tenías todo el barrio copado.

Esto tiene que ver que cuando eres gobierno se te monta enfrente a ti los contradiscursos
naturales. Hoy a la izquierda le empieza a pasar que pierde ese mecanismo de «fidelización» que tenía, porque tomar decisiones en el plano del poder es decirle a uno que sí y a otro que no. Así dejás a uno enojado y a dos calientes. Ahí empieza el proceso donde los partidos históricos, si entiende, la sociedad civil les empieza a ambientar en términos weberianos una legitimidad para poder argumentar en el plano de la inteligentsia, de la cultura, de la interpretación social, de los valores, del arte. Hay que ver si los partidos históricos entendemos eso desafíos. Yo creo que lo entendemos, pero además la batalla por el poder ­es muy gramsciano lo que estoy diciendo­ se da en escenarios que no son estrictamente imaginados desde el vamos.

También hay que tener límites, en esto soy muy crítico de la izquierda, para no ingresar en zonas donde desnaturalizás la calidad de la democracia. El escenario estudiantil, educativo, sindical, no puedes infiltrarlo, porque termina desnaturalizando el tema de la calidad democrática. Yo sostengo con el viejo Batlle que hay que dar la batalla en el plano de las ideas, pero no vayamos al copamiento de las instituciones porque eso es neocorporativismo y eso es un neofascismo.

­¿Los partidos tradicionales no coparon los sectores empresariales?

­No, los sectores empresariales van y vienen al canto del poder de turno. La única ideología que tienen es cómo generar más ingresos para sus proyectos empresariales. Todos los que ayer parecían ser colorados o blancos, hoy son frentistas. Se los ve al son de las maracas del gobierno. Y mañana si vuelven los colorados, se volverán más o menos simpatizantes. No tienen ideología, tienen un proyecto propio y personal. Eso es así y no hay que amargarse de mañana porque no te tienen el besito matinal.

­¿Dónde está su fuerza?

­En la forma como digo las cosas, en cómo interpreto la vida política, en mi postura ética que entiendo es irreprochable, en mis convicciones batllistas, que son las de siempre pero en el plano de la modernidad, y en mucho coraje para ponerle el pecho a las balas en un momento como éste, donde muchos otros se tirarían debajo de la mesa. Creo que también puedo aportar en algo en la reflexión intelectual. No soy un tipo que improvisa la vida política, desde hace mucho tiempo estoy estudiando los problemas del país.

­¿Soñó alguna vez que pueda darse la situación de tener que competir y debatir con Jorge Batlle o Julio María Sanguinetti?

­Con Sanguinetti no, porque no va a ser candidato. Así lo ha dicho y ha sido bien explícito. Con Jorge Batlle pienso que tampoco porque ha asumido la misma postura. Ahora yo estoy dispuesto a debatir con quien tenga que debatir, con los candidatos de todos los partidos o en la pre interna con los candidatos colorados.

­¿Bordaberry es el ala derecha del Partido Colorado y Abdala la izquierda?

­No, es más complejo el asunto. Yo soy el humanismo batllista, la socialdemocracia, el batllismo de don Pepe, las profundas convicciones democráticas. No descalifico a los demás, que podrán tener una mirada más conservadora o neoliberal. Cada uno tendrá su tipología. Yo soy lo que soy y sé lo que represento. Los demás tendrán que ir haciendo su oferta.

­¿Qué es Bordaberry?

­Es un actor político que irrumpe en la elección municipal. Previamente tuvo una gestión ministerial, pero no sé cuál es su actual planteo filosófico. Seguramente en los próximos tiempos lo hará ver. *

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