Se modificó tributación del gasoil para beneficiar al transporte y la producción
«Mira al avaro, en sus riquezas, pobre». Esta frase figura en el diccionario de la Real Academia Española para ilustrar la palabra «paradoja», en su acepción retórica de «figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción».
Pues bien. Una sensación paradójica me dejó la sesión extraordinaria de la Cámara de Diputados durante la cual se aprobó el proyecto de «Enajenaciones de gasoil», remitido por el Poder Ejecutivo ya con media sanción del Senado, y que fue iniciativa de Alvaro Delgado (Correntada Wilsonista).
El proyecto llegó con un único informe, asegurando la aprobación unánime. Y así fue, más allá de un matiz que impidió que Iván Posadas (Partido Independiente) votara en su totalidad el artículo segundo. Pero el principio de la sesión, lleno de campanillas y musiquitas de benevolencia y conciliación, se quebró inopinadamente por la arremetida de un diputado blanco, lanza en ristre.
Empezamos bien…
El proyecto que, insisto, ya es ley procura mejorar la competitividad de varios sectores, particularmente del transporte de carga, y de parte de la producción rural. La eliminación del Imesi al gasoil, junto al aumento del IVA, que pasa a gravar a este combustible con la tasa básica, permite que, sin cambiar el precio final del producto, haya una disminución en los costos del transporte y de la producción. Dicho de otra forma: al incrementarse la deducción del IVA incluido en las compras de gasoil por parte de los beneficiados, se mejora su competencia y el proceso de formalización de sus actividades.
El otro objetivo es ayudar a corregir el desvío entre el consumo de distintos combustibles y los porcentajes de cada uno de ellos, relativos al proceso de refinación del petróleo. Esta situación genera excedentes de naftas y costos agregados, que deben ser absorbidos por los consumidores en el precio final y que indexan costos en toda la cadena productiva y comercial.
Jorge Gandini (Alianza Nacional) a cuya presencia sólo cabe imputarle el delito de lesa humanidad de haber impedido la participación de Irene Caballero, su suplente, que, se sabe, no produce el mismo efecto que él en sala recordó el camino del proyecto. Con voz impregnada de mesura, como si las cuentas le hubieran cerrado bien este mes, destacó, frente a tantas noticias sobre confrontaciones, la importancia del acuerdo: un proyecto nacido en el Partido Nacional fue bien recibido por el Poder Ejecutivo y ayudó a resolver un problema considerable.
A esta altura, la bancada oficialista se mantenía ordenada y en silencio, destacándose apenas por algunos toques estéticos imposibles de inadvertir: Jorge Orrico (Asamblea Uruguay) encaprichado con el beige, aunque superado por su compañero Carlos Varela en la lividez del mismo tono; Nora Castro (Espacio 609) toda rulos y toda color turquesa; Gloria Benítez (Partido Socialista) exhibiendo un enternecedor rosado y el presidente Pintado con otra corbata de prudentes colores amarillo y negro.
Había, casi, una calma campera. Aunque ocurrían peripecias menores. Mauricio Cusano (Alianza Nacional), por ejemplo, tomando té de bolsita como el gaucho Mendieta, o sea con mucha paciencia, por lo que se le debe haber enfriado. Pablo Iturralde (Alianza Nacional) acercándose a mí para preguntarme si había ido por su despacho, tal como le informó una secretaria, a lo que contesté que no, aunque no descartaba ¡a esta edad! el sonambulismo; así cerré un brevísimo diálogo que no hubiese entendido ni Benjamín Peret, aquel que dijo: «Hay que pegarle a la madre mientras es joven». Del otro lado, Germán Cardozo, Tabaré Hackembruch y Gustavo Espinosa (todos del Foro Batllista), muy juntitos y urbanos, supongo imaginando el candombe en que estaría su compañero Washington Abdala proclamando por ahí su candidatura.
Y entonces habló Alvaro Delgado, a fin de cuentas autor del proyecto, quien dijo que se abría una buena oportunidad para resolver problemas y seguir discutiendo sobre los combustibles. Aun en tono cauto, caballeresco, se permitió recordar que los combustibles nacionales son de los más caros de la región y del mundo por culpa de la carga impositiva. De todos modos, y tras una larga, pasmosa exposición, reconoció el gesto del gobierno: «Debemos tener esa hidalguía y ojalá podamos volver a destacarlo en otros temas».
Aquí, tal vez de tanta felicidad desparramada, Alfredo Asti (Asamblea Uruguay) se permitió un dulce aunque breve sueñito.
…pero seguimos mal
Y, sí. Ocurrió de golpe. Fue como si Pablo Abdala (Herrerismo), de pronto convertido en el Quijote sobre un Rocinante alucinado, declamara, dirigiéndose a ese oficialismo tan sereno y enristrándolo con el lanzón bajo: «Defiéndete, cautiva criatura, o entrégame de tu voluntad lo que con tanta razón se me debe».
Arrancó como para seguir la línea de los preopinantes »todos vamos a votar el proyecto», «esta vez hubo colaboración y no confrontación» pero muy pronto silbaron sus mandobles: «Esto es la desembocadura del gasoil productivo o de uno de sus afluentes, promesa del gobierno que hasta ahora no fue cumplida»; «es más, llegaron a decir que no lo podrían implementar, que no estaban en condiciones de cumplir la promesa electoral».
Mientras en la bancada de la mayoría se apagaban celulares, abortaban conversaciones y se sucedía un frenético reacomodo en las bancas, Abdala espoleó a su equino imaginario y apuró la embestida. Empezando por el recordado conflicto con los transportistas de carga, y dando fe de que el Partido Nacional había sacado las castañas del fuego, siguió con la política de las empresas públicas, a las que acusó de «ser meros instrumentos de recaudación y no de desarrollo» y concluyó con una arenga poblada de cifras durante la cual trató al manejo del tema energético por parte del gobierno con maneras poco gentiles ni tolerantes.
¡Y saltó Orrico! Ligó mal de entrada, porque Pintado le advirtió: «Le queda un minuto». Pero Orrico, quien en síntesis es un maestro, ya iba como Fausto, galopando con Mefistófeles sobre una yegua negra («¿Qué objetos serán aquellos que se mueven en el lugar de ese cadalso?»). Le contestó primero al presidente: «Será apenas un telegrama»; y luego a Abdala: «Aprobaremos cualquier proyecto venga de donde venga, si es bueno para el país. Y es insólito que debamos responder ahora a una interpelación sobre la política energética cuando vamos a aprobar un proyecto por unanimidad».
Y terminamos peor
Antes de que Abdala retrucase, Germán Cardozo mocionó por vía de urgencia la creación de una preinvestigadora parlamentaria para saber por qué el Banco Central dejó sin efecto la inhabilitación del economista Luis Porto, profesional integrante, qué casualidad, de Asamblea Uruguay.
Bueno, aquí vino una barahúnda fenomenal. La Mesa hizo votar la moción, luego comunicó la integración de la preinvestigadora, pero como no había en ella un representante de cada partido brotó una erupción de interpretaciones reglamentarias que, si dura un poco más, tal vez hubiese obligado a llamar al grupo GEO.
Jaime Trobo fue el más crítico con Pintado, a quien acusó de aplicar mal el reglamento, para lo cual leyó, con aplicación de abanderado escolar, el texto de marras. No obstante, a mi lugar de trabajo llegó de manos anónimas a las que no miré ni con la nuca un antecedente que demuestra que el diputado herrerista le imputó al presidente de la Mesa el mismo procedimiento que él utilizó en 1998. (Obviamente, guardé el documento como un tesoro, por aquello de que la memoria traiciona, ¿no, Jaime?).
Ahí, Pablo Abdala no resistió más y, como impulsado por un resorte, reclamó retomar la palabra sobre la cuestión central. Se sacó el gusto. Mirando a Orrico, le espetó. «¡Nadie le va a decir al Partido Nacional cuándo y dónde puede interpelar al gobierno»!
Enseguida vino una sucesión de acontecimi
entos que me fue imposible desentrañar y que consigno cronológicamente:
Pintado pidió calma (y, va primero…).
Juan José Bentancor (Vertiente Artiguista), reconociendo que quizá no era el momento oportuno, se despidió para ir al Senado a sustituir a Enrique Rubio. Pablo Ithurralde, que había quedado anonadado luego de su charla surrealista conmigo, lo felicitó y ganó que todos aplaudieran al saliente, que se retiró con elegancia impar.
Fernando Longo (Liga Federal Frenteamplista), dijo que lo de Abdala había sido de «mal gusto».
Juan Andrés Roballo (Alianza Progresista) insistió en el tema y abundó.
Juan José Domínguez (Espacio 609) abundó más y redundó.
Carlos González Alvarez (Alianza Nacional), con estilo simpático, dijo que votaba el proyecto con salvedades y redundó al cubo.
Eduardo Brenta (Vertiente Artiguista), con la serenidad que da una buena yerba, redundó a la enésima potencia.
E Iván Posadas (Partido Independiente), marcando ligeras diferencias con el texto y expresándose como un caballero decimonónico un tanto gritón, redundó ya en relación con el cálculo infinitesimal.
Al cabo, el proyecto fue aprobado y, como dije al comienzo, ya es ley y probablemente entre en vigencia el 1 de abril próximo.
Ah, también se designó al liceo de La Paloma, zona rural del noroeste de Durazno, con el romántico nombre de «Isla de las Palomas», que, se dice, proviene de varias hijas bonitas, muy merecedoras ellas, que concibió en lejano tiempo un terrateniente lugareño.
O sea, el tipo tenía una isla y allá iban, vaya a saber uno buscando qué, sus queridas «palomitas» (¿blancas?). *
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