ENTREVISTA: TABARE HACKENBRUCH, DIPUTADO DEL FORO BATLLISTA

"En Uruguay, luego que se forman liderazgos fuertes, es muy difícil hacer transiciones"

-En ocasión de ser designado primer vicepresidente de la Cámara de Diputados, usted recibió un reconocimiento del que participaron, incluso, legisladores oficialistas. ¿Fue una sorpresa? ¿Cómo lo sintió?

-Lo sentí con muchísima emoción. Incluso, después leí la crónica que usted hizo de la sesión y me causó gracia, porque a lo largo de mi vida política y personal he tenido que luchar contra un montón de preconceptos y creo que en su caso también hubo algo de eso.

 

-Es posible.

-Indudablemente, usted tenía una serie de preconceptos producto de la actividad política de mi familia y, bueno, ya he lidiado con eso y por suerte he tenido la alegría de ganarme el respeto de personas que piensan distinto. Creo que eso lo expresó bien Conde, del Partido Socialista, cuando dijo que éramos «adversarios pero no enemigos». Y yo creo que es eso: para mí todas las personas son respetables. La lucha se da en el plano de las ideas. Hay ideas que no comparto y las combato, pero no a las personas. Sentí entonces mucho orgullo y, sobre todo, una alegría muy grande por mi padre…

 

-Que también fue recordado en la sesión por Enrique Pintado…

-Sí, sí, y alegría también por mi mujer y mis hijos, mi familia que estaba ahí. Porque la actividad política, aunque parezca que no, recae mucho sobre la familia. Porque esos preconceptos que he tenido que vencer yo, también los han tenido que vencer mis hijos en los ámbitos en los cuales han estado.

 

-Vayamos a un tema no menor. El peso del apellido Hackenbruch. Por supuesto que ha habido múltiples, nutridas críticas a la tarea larga en política de su padre. No me corresponde a mí, ahora, ingresar en ese terreno. Las obras políticas de los hombres, sobre todo cuando se hacen en un extenso trayecto, deben ser juzgadas en otros ámbitos y por la historia. Pero hay un hecho objetivo: es un peso muy grande sobre un joven legislador que lleva el mismo apellido. ¿Se ha sentido demasiado a la sombra de su padre?

-Todo en la vida tiene sus aspectos positivos y negativos, intrínsecamente. Yo estoy orgulloso de mi padre, una persona que arrancó en la vida política siendo menor de edad y ha ocupado absolutamente todos los cargos electivos por su departamento. Es una persona a la que se le podrá criticar cómo administró, qué obras hizo o dejó de hacer, pero después de sesenta años en la vida política nunca se puso un peso indebido en el bolsillo. Para mí, la honestidad y el trabajo son dos de las virtudes más importantes de una persona. Y mi padre es una persona trabajadora y honesta y yo me siento orgulloso de eso. Es un activo muy importante para mi vida política y personal. Lo tomo como algo positivo. Mi abuelo fundó la agrupación «José Batlle y Ordóñez», fue diputado luego de ser empleado del ferrocarril. Y bueno, toda esa trayectoria me ha ayudado a estar donde estoy. También es cierto, como contrapartida, que mucha gente genera preconceptos, y como ha sido enemiga o adversaria política de mi padre, también termina enfrentada conmigo. Pero es parte de la vida. Nada es absolutamente positivo ni negativo. Estoy donde estoy por lo que ha hecho mi viejo y por lo que ha hecho mi abuelo, no sólo por mi esfuerzo. Y hay otro componente: mi segundo apellido es Legnani, que también es una familia que toda la vida ha trabajado en política. Lo que a lo mejor siento, sí, es una sobre exigencia: no puedo fallar a todos esos antecedentes. Ese peso lo siento.

 

-¿Y considera que ha llegado la hora del crecimiento? ¿Su padre se retiró?

-Mi padre se retiró de los cargos políticos activos, pero de la política se va a retirar el día que se vaya de este mundo. Pedirle a él, a un Sanguinetti, a un Batlle, a un Lacalle que se retiren… Pongo otro ejemplo, aunque de una persona ya fallecida: Líber Seregni. Dejó de ser candidato por el Frente Amplio pero se mantuvo como una referencia constante e importante.

 

-Está bien, ahí estamos hablamos del papel del referente, pero dejando el sitio para que el Hackenbruch joven crezca. ¿O no es así?

-Mire, yo siempre estuve en política mucho más por sentido de responsabilidad que por esa vocación que otras personas tienen, que son políticos vocacionales, políticos o nada. Yo tuve una responsabilidad política que asumí, no sólo por ser hijo de quien soy sino por un montón de personas que confiaron en mí, un grupo de amigos políticos, y bueno, me debo a ellos, como me debo a mi padre. Aunque nunca sentí que mi viejo me limitara en la vida política. Yo voy a crecer, estando él o no, de acuerdo a mis virtudes y a mi capacidad. Le diría más: fue al revés. Cuando lo defendí, aun a veces teniendo algunas discrepancias naturales entre padre e hijo, lo hice con mucho orgullo y amor.

 

-Lo que pasa es que la participación de la gente joven tiene para el Partido Colorado, en este momento, una importancia impar, sobre todo por el necesario proceso de cambio que debe producirse. Pero a eso vamos a llegar enseguida. Primero terminemos con el tema de los preconceptos. Usted mantiene una relación que pudo haberle generado problemas a partir de algunas versiones públicas. Me refiero a su amistad con el hijo del doctor Sanguinetti.

-Yo tengo amistad con Julio Luis y sé que él ha sufrido muchísimos ataques personales. Tal vez porque gente que no tuvo la valentía de enfrentarse directamente con Sanguinetti lo atacó a través de su hijo, trató de ensuciar a Julio Luis. Se nos ensució mucho a él y a mí. Se dijo que era dueño de una estación de servicio, cosa que desmiento rotundamente; se dijo que era dueño de La Pasiva de las Piedras, cosa que también desmiento; se dijo que era dueño del «Puertofino» de Atlántida, otra cosa que también desmiento; las empresas de salvavidas, las empresas de recolección de residuos de Pando, en fin, todo mentira. Fue una estrategia orquestada sobre la base de rumores, fundamentalmente por adversarios políticos de mi padre. Yo siempre creí que la verdad, al final, triunfa. Y tengo la tranquilidad de conciencia de que sigo el mismo camino de honestidad de mi padre. Y eso termina saliendo a la luz. Usted lo escuchó cuando se votó en Diputados la ley que permitirá la tercerización del hipódromo de Las Piedras, a través de la instalación de salas de juego en todo el país: me saqué las ganas de aludir a todas las cosas de las que se me había acusado y decir que «por suerte ahora mi padre no es intendente, porque si no iban a decir que el hipódromo de las Piedras era mío». Es parte de las leyes de juego. Uno las acepta y las soporta.

 

-Pero está claro que no va a abandonar ninguna amistad por más rumores que sigan circulando.

-Yo creo que con Julio Luis se fue muy injusto, por encima de que él no va a seguir en la carrera política. Por lo que hemos hablado no tiene interés. Pero yo tengo amistad con él, no renuncio a ella, así como no renuncio a los amigos frenteamplistas que tengo, muy amigos y algunos parientes que adoro. Una cosa es la política y otra la amistad. El que no aprenda a separarlas, está mal.

 

-Vayamos a la interna colorada. El Partido Colorado sufrió un gran revés electoral, perdió alrededor de 600.000 votos, y si bien eso se fijó mucho en la imagen de Jorge Batlle y su gobierno, afectó a todo el partido que hoy está enfrentado al desafío de cambiar esa situación. ¿Cómo se está dando la transición de que se habla en el Foro Batllista?

-Primero que nada, el Partido Colorado tiene vocación de gobierno. Muchas veces hasta nos olvidamos que somos oposición y tenemos una actitud que, por ejemplo, nos pasamos de defensores del Estado. No digo que sea malo. Es una realidad. Nos cuesta mucho asumir el papel de oposición. Esa vocación d
e gobierno es la que nos lleva a ir generando nuevos lazos con la sociedad para poder crecer y aumentar la masa electoral del partido. Y creo que eso no va por las candidaturas, le soy sincero. Creo que va por un trabajo sistemático para volver a generar esos lazos que la acción de gobierno corta, nos guste o nos guste. Le está pasando al Frente Amplio. El gobierno lleva, en el inconsciente colectivo de la sociedad uruguaya, a «derechizarse», por decirlo de alguna manera. Y la gente vio al Partido Colorado ya no como representante de las ideas del batllismo, de justicia social y de igualdad de oportunidades. El gobierno nos desgastó. El mantenerse en el poder desgasta y genera determinados malos acostumbramientos que la gente luego juzga muy duramente. Sería muy fácil echarle la culpa de todo a Batlle. O a la crisis de 2002. Está claro que eso influyó: el estilo de conducción de la presidencia, la crisis de 2002 y la aftosa incidieron en el resultado electoral, no nos engañemos. Y bueno, estamos en un proceso de recambio dentro del Foro Batllista y creo que, mucho más allá de las personas, lo que importa es el recambio de las conductas.

 

-Ahí está. ¿Pero ayuda a ese recambio o a esa renovación, a ese volver a acercarse a los lugares de los que se alejó el Partido Colorado, que se siga advirtiendo una dependencia de Sanguinetti?

-Pero esto es como siempre. Si Sanguinetti se fuera para la casa, mucha gente diría: «Qué horrible, Sanguinetti abandonó al partido en el peor momento». Palos porque bogas y palos porque no bogas. Sanguinetti es un referente, no cabe ninguna duda. Yo estoy convencido de que es el mejor ciudadano uruguayo para ser presidente. Ahora, que yo esté convencido no significa que sea el mejor candidato de mi sector y de mi partido. Son cosas distintas. Por un lado, luego de diez años de gobierno de Sanguinetti, se va acumulando gente que está en contra, aunque a veces ni sabe por qué, pero yo lo sigo considerando el mejor. Pero puede que no sea en este momento el mejor candidato para el sector ni para el partido. Iremos viendo. El otro día le hice a usted el cuento de lo que Batlle y Ordóñez le decía a Tomás Berreta: «El que se precipita, se precipita». Lo importante hoy es que haya gente con el partido, que después de haberlo apoyado con un 18% en las municipales, quiera ser candidata.

 

-¿Sanguinetti está facilitando esa suerte de transición?

-Lo facilitó toda la vida. No es casualidad que muchos precandidatos surgieran de su sector. Recordemos a Fernández Faingold, a Didier Opertti, al propio Guillermo Stirling, Luis Hierro López. Sanguinetti ha abierto muchísimo la cancha. Lo que también es cierto es que la altura intelectual de Sanguinetti, cuando surgen las comparaciones, a veces es difícil y, sin quererlo, puede hacer sombra. Sin quererlo, claro.

 

-¿Y cómo obra en este panorama una cierta ansiedad de algunos jóvenes dirigentes colorados por fijar sus candidaturas?

-Lo que pasa es que el ciudadano colorado a veces pregunta, hay una cierta ansiedad de los colorados y también del periodismo que quiere anticipar noticias. Fíjese que el mismo problema tiene el Frente Amplio hoy. Si tiene problemas de recambio el Partido Colorado, problemas más graves tiene el Frente al punto que se está pensando en una reforma constitucional con fines electorales. Claramente, hoy por hoy, el Frente está fragmentado en dos sectores claramente definidos: un sector que quiere parecerse mucho a lo que es el pensamiento batllista y un sector mucho más radical. Ante esa dificultad y que no haya nuevas generaciones apareciendo, se piensa en una reforma electoral. En el Uruguay es difícil, después que se forman liderazgos fuertes, lograr las transiciones. No es sólo problema de colorados o del Frente. Creo que mientras vivió Wilson sucedía lo mismo en el Partido Nacional. Yo no creo que, con Wilson vivo, Lacalle hubiese sido presidente.

 

-Yo le hablaba de candidaturas, además, porque notoriamente se han advertido corrimientos dentro del Partido Colorado. Un hombre que fue candidato del Foro a la presidencia, Stirling, se fue con Bordaberry, alguien de la 15 que pretende formar un nuevo grupo. Por otro lado ha habido manifestaciones con matices dentro del Foro: la candidatura de Abdala, que parece estar más prendida de Sanguinetti, y la de Tabaré Viera, que posa de una mayor independencia. Y en medio de todo este panorama hay una persona que no ha dicho una palabra, pero que tiene una de las mejores imágenes públicas a la que puede aspirar hoy un colorado: Atchugarry. ¿Cómo se ata este paquete?

-Como se dice siempre: después que el carro arranca, los zapallos se acomodan solos. Yo creo que el sector de Bordaberry le viene bien a los colorados. Es una persona que fue un buen ministro y que le va a dar a la derecha del partido una visión más moderna. Es un típico colorado liberal y veremos qué impronta va a querer marcar. Por otro lado está el Foro que es la clásica impronta batllista, lo que fue el pensamiento de Batlle y Ordóñez adaptado a los tiempos de hoy. Seguimos creyendo que el Estado tiene que seguir siendo un elemento dinamizador y sobre todo garante de la igualdad de oportunidades, no un peso para el ciudadano. Por otra parte, no sabemos qué va a hacer la lista 15. Pero vuelvo a lo de antes: con un partido que sufrió su peor derrota, que las encuestas ubican entre el 15 y el 20%, y que haya mucha gente que quiera meter para adelante, yo creo que es bueno.

 

-Sin que nos despeguemos de lo que hemos estado hablando, ¿cómo piensa Tabaré Hackenbruch aprovechar esta legislatura, que deja la impresión de ser especial por la cantidad de proyectos de diversa envergadura que van a caer en el seno de la Cámara de Diputados?

-Primero, va a ser una gran experiencia, porque si bien ya estuve cinco años en la Cámara, el proceso de aprendizaje continúa. En cuanto a los temas que ingresen, uno va a tratar de ponerle su impronta, el pensamiento del sector, porque yo no soy un político aislado. También le soy sincero, no es fácil hoy, con la mayoría que tiene el Frente Amplio, incidir en los proyectos de ley. No es una crítica, es un dato de la realidad. El gobierno tiene la mayoría parlamentaria, tiene su agenda, su hoja de ruta, y me parece bien, es lógico, las tiene que marcar. Trataremos de que se discuta lo más posible y obviamente trataremos de aportar. Ojalá el Frente Amplio nos escuche y tome alguna cosa, porque por encima de las mayorías circunstanciales hay que tener entre todos juntos una visión de Uruguay. Fíjese que el tema de la emigración sigue estando. Aquello de que «vamos a lograr que vuelvan los uruguayos», no, no… No sólo no volvieron, sino que se siguen yendo. Creo que es un tema de Estado. Y pongo otro tema encima de la mesa: yo voy a leer atentamente el proyecto de ley de reforma de la salud, en profundidad. Porque así como, a priori, estaba en contra de la Reforma Tributaria, porque históricamente el batllismo ha estado contra el impuesto a la renta porque atenta contra el ahorro y contra la generación de trabajo, en este subsistema de la salud, donde el propio subsistema va a pagar una ampliación del acceso al sistema mutual, en fin… En principio, siento cierta afinidad. Tengo que ver, efectivamente, si en los hechos será así. Con esa mentalidad abierta estudiaremos todos los temas que nos presenten.

 

-¿Dónde se construye más en el Parlamento? ¿En las comisiones o en los plenarios?

-Absolutamente, en las comisiones. El verdadero trabajo parlamentario está allí. Es donde realmente se habla con franqueza, más directamente, con más posibilidades de llegar a acuerdos. Creo que la gente que viene a un plenario se desilusiona mucho, porque mientras un legislador está hablando con gran vehemencia y convicción, otros hablan por celular, caminan o conversan
entre ellos. El que lo ve de afuera dice ¿y esto qué es? Seguramente imaginaba otra cosa. Lo que se marca en el plenario son las posiciones, pero ya se sabe de antemano la historia. El germen se desarrolla en la comisión.

Es importante el pasaje por el plenario porque es donde toman estado público los temas y puede haber algún debate, aunque ya sabemos cómo terminará todo. Pero no es de ahora. La primera vez que vine al Parlamento, cuando trabajaba con Cigliutti, y vaya que en ese Senado, allá por los años 1987, 1988, había gente de primera división, estaba hablando creo que Rodríguez Camusso y sus propios compañeros de bancada no le prestaban atención. Yo también me desilusioné. Después, cuando fui aprendiendo, comprendí las reglas y dónde se trabaja realmente.

 

Una última pregunta. Usted es un hombre del Interior, aunque de un departamento peculiar como Canelones, con un peso específico político y electoral significativo. ¿Se imagina políticamente excediendo los límites de su departamento? ¿Se ve como político nacional?

-Canelones tiene una ventaja. Es un pequeño país. No hay actividad del Uruguay que no se desarrolle en Canelones, salvo, quizás, el arroz y la caña de azúcar. Eso me permite tener una visión más nacional. Además, la ruta 11 divide al departamento en dos realidades distintas: la ruta 11 hacia el Norte, lo que vendría a ser el Santoral, que tiene un componente mucho más de interior, y la ruta 11 hacia abajo, donde hay un componente mucho más urbano, con una problemática mucho más parecida a la de Montevideo. Entonces me siento cómodo estando allí y poder tocar todos los grandes temas nacionales. Claro, Montevideo sigue ejerciendo demasiada influencia en Canelones. Y creo que la administración municipal actual ha incentivado eso, lo cual tiene sus cosas positivas, por ejemplo en el acuerdo por el transporte metropolitano, pero en otras cosas no, porque Canelones tiene que mantener su identidad.

 

-O sea, usted es un descentralizador nato.

-Ni qué hablar. Y la descentralización no es gobierno nacional-ministerios. Es Montevideo-Interior, porque los ministerios están todos en la capital. La verdadera descentralización es ésa: Montevideo-Interior. *

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