Tamboriles en la Junta
Reanudó ayer sus sesiones la Junta Departamental capitalina. Pero la de ayer, amén de una interesante polémica generada por una intervención del edil colorado Fitgerald Cantero, tuvo la particularidad de que una de sus resoluciones motivó que las lonjas de Palermo y Barrio Sur hicieran vibrar los arabescos del histórico edificio y bailotear a ediles y funcionarios.
Pero vayamos por partes. En primer lugar, y aunque fuera del orden del día, varios ediles expresaron su congoja por la muerte del Darno y homenajearon al «mayor trovador uruguayo», según palabras de Gabriel Weiss. A continuación, apuntemos que no prosperó la iniciativa de Aníbal Gloodtdofsky de declarar visitante ilustre a George Bush.
Luego se produjo un pequeño debate en el que intervinieron varios legisladores comunales a propósito de los ruidos molestos y otros asuntos que desvelan a los vecinos y sobre los cuales –a juicio de la oposición– la IMM no ejerce los controles debidos. El oficialismo no se quedó atrás y, con altura pero con firmeza, refutó las críticas opositoras; notoriamente Fabián Villamarín (MPP), quien defendió la gestión municipal y la de la Comisión de Salud y Medio Ambiente de la Junta. Al final, todos estuvieron de acuerdo en debatir más en profundidad el tema de modo de corregir algunas situaciones como los espectáculos de Carnaval y los ensayos de las murgas, cuyos decibeles superan ampliamente el máximo saludable y son motivo de quejas frecuentes de los vecinos.
Enseguida, el cuerpo procedió al segundo punto del orden del día: designar con el nombre de Víctor Rodríguez Andrade (aquel memorable half –jas, como decíamos entonces– derecho de Central, Peñarol y la Selección y que fue campeón mundial en Maracaná en el 50) un pasaje entre la calle Carlos S. Viana y Zelmar Michelini, en pleno Barrio Sur.
Ahí me expliqué por qué las barras estaban colmadas de afrodescendientes, hijos, nietos y biznietos del crack. No vi a De Posadas, probablemente porque él es hincha de Nacional…
Ediles de todos los pelos aprovecharon la bolada para hablar de Maracaná, del fútbol uruguayo, de las cualidades morales de Rodríguez Andrade, a quien habían bautizado como «la perla negra», y de su afición al candombe.
No bien se aprobó, por unanimidad, la propuesta, Villamarín solicitó un cuarto intermedio de diez minutos. Fue entonces que tres descendientes del insigne futbolista empezaron a percutir sobre las lonjas. Chico, repique y piano batidos por las manos expertas fueron la manera que encontraron los familiares de Rodríguez Andrade de expresar su regocijo y agradecer a los ediles el homenaje tributado. *
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