Un difícil aprendizaje, tanto para el gobierno como para la oposición
«Hemos tenido dificultades dentro de la fuerza política que está en el gobierno y también con la oposición. Estamos haciendo un ejercicio de aprendizaje, todos», afirmó el pasado 15 de diciembre el presidente Tabaré Vázquez, un día después de terminar una ronda de almuerzos con los líderes Jorge Larrañaga (Partido Nacional), Julio María Sanguinetti (Partido Colorado) y Pablo Mieres (Partido Independiente).
Poco y nada cambió, quizás, y tratando de buscar una excusa sin contenido, porque en verano no pasa nada y el país recién empieza a andar en marzo.
Encontrar la respuesta en una sola causa sería simplista e inexacto: culturalmente pesan mucho las herencias.
La herencia de la izquierda que «le pasa la factura» a la actitud de los partidos tradicionales cuando estuvieron y administraron, en coalición, el poder, y no dieron cabida a un amplio sector de la población representado por el Frente Amplio.
Desde la oposición, se reclama y se patalea porque «no somos escuchados» y se responde al gobierno con el puño crispado, el llamado a comisión de los ministros, las interpelaciones, el tono elevado.
Una relación que se retroalimenta en donde no todo es negativo: como pocos países en el mundo, Uruguay demostró un grado de unidad importante en defensa de la instalación de las plantas de celulosa. Y todo hace prever que se logrará en algunos días luego de un período desgastante, el acuerdo para designar al nuevo fiscal de Corte.
También es cierto que al gobierno por diferentes motivos le ha costado tener un interlocutor válido: fueron superados el vicepresidente Rodolfo Nin Novoa (negociación por organismos de contralor), el secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández (Fiscalía de Corte) y Brovetto, ministro de Educación y Cultura y presidente del FA.
¿Qué dice la oposición?
Política exterior, reforma tributaria, seguridad pública, Fiscalía de Corte, reforma de la educación y de la salud, y muchos otros temas han enfrentado a la administración gubernamental con la oposición.
El tópico más reciente, el último, el del acto que se realizará hoy, en el cual el presidente Vázquez desde el balcón del Edificio Independencia rendirá cuentas a la ciudadanía.
«Debo decir con toda franqueza que el Presidente de la República va a concurrir a un acto del Frente Amplio, y vale hacernos la pregunta: ¿Quién financia? ¿Quién asume el costo de la financiación de este acto?», sostuvo el presidente del Directorio blanco, Jorge Larrañaga.
Y sobre las eventuales respuestas, indicó: «Si lo asume el gobierno, está mal porque los uruguayos no tienen porqué financiar un acto en donde participa el Presidente pero es un acto del Frente Amplio».
En tanto, «si lo financia el Frente Amplio también está mal porque es la prueba del nueve de que el Presidente incumple con la Constitución de la República participando en un acto político que le está expresamente vedado por el artículo 77 de la Constitución».
Larrañaga señaló que «no le aporta a la tradición de recato, de sobriedad republicana, que la máxima investidura presidencial debe tener».
«Si quería un contacto con el pueblo lo puede hacer a través de una exposición en el Parlamento que se puede transmitir por cadena nacional y llegar a todos los hogares de los uruguayos», expresó.
Abdala: «Dos mundos»
«Está mal la cosa. No hay un escenario de diálogo fluido, el ejemplo de la Fiscalía de Corte es aleccionador. El gobierno fue para adelante y para atrás, y en un momento creyó que podía pasar por la mayoría constitucional, pasarla por arriba. Terminó entendiendo que no, que el camino correcto era el respeto de la mayoría, ahora está en ese diálogo», evaluó el colorado Washington Abdala.
A su entender, «es evidente que en el modelo económico estamos a mil años de distancia, estamos viendo formatos muy distintos en el tema tributario, en la reforma de la salud».
«No hay un diálogo más o menos fluido a pesar de las discrepancias. Acá empieza a haber dos mundos distintos: el mundo del gobierno y el mundo de la oposición, y eso me parece que cuando el divorcio tiene una profundidad como la que está empezando a tener éste hace daño a la sociedad civil», señaló.
Agregó que «no hay diálogo institucional y está complicado el asunto».
Mieres: «Doble filo»
Pablo Mieres (PI) evaluó que «la mayoría absoluta obtenida por el gobierno es un arma de doble filo porque por un lado le otorga instrumentos poderosos para gobernar pero eso mismo también le hace caer en el riesgo de prescindir de los acuerdos y de las negociaciones con el resto del sistema político».
«Hoy no hay prácticamente ninguna participación en los entes autónomos, en las empresas públicas, y (la que hay) está restringida a los organismos de contralor, que son más bien un remanente de integración del pasado», dijo.
También, «en términos políticos y de contenidos, la relación gobierno-oposición ha sido marcada por fuertes diferencias. El PI ha reconocido aciertos y señaló las discrepancias, se mantiene en una oposición constructiva, leal a la institucionalidad».
En proyección «vienen tiempos de mayor dificultad por algunos temas como la educación, la reforma de la salud, la reforma tributaria, aunque también si la reforma del Estado tal cual se ha anunciado se impulsa, vamos a apoyar fuertemente».
«Va a ir aumentando la rispidez porque hay en el horizonte un debate sobre reformas políticas y constitucionales (reelección), asuntos que hacen a cada uno de los partidos», concluyó. *
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