ENTREVISTA: MARCO AURELIO GARCIA, EL PRINCIPAL ASESOR DE LULA, A 24 HORAS DE SU LLEGADA A URUGUAY

"Demandas de Uruguay son justas"

Marco Aurelio García, que integrará la delegación oficial de Brasil, comenzó reconociendo que las demandas uruguayas en torno a las asimetrías en el Mercosur «son justas». No obstante, afirmó que el Mercosur está trabajando para atender esas asimetrías; destacó la creación del Focen, aunque aclaró que «los dos países deben hacer un esfuerzo para identificar nichos de cooperación productiva y para estimular las exportaciones uruguayas hacia Brasil». Dijo que la relación entre Tabaré y Lula es «la mejor posible» y aceptó un déficit de discusión política entre las fuerzas de gobierno, por lo cual se manifestó partidario de reactivar «un mecanismo de consultas que mantuvimos en 2005 y parte de 2006, entre el PT, el Frente Amplio, el Partido Socialista chileno y los sectores políticos cercanos al presidente Néstor Kirchner».

Reconoció además, que hubo «ausencia de coordinación» en decisiones macroeconómicas como la de pagar la deuda al FMI, que hicieron por separado Argentina, Brasil y Uruguay y dijo que «hubiera sido deseable» que la acción se realizara como Mercosur.

El principal asesor de Lula, dijo que las «negociaciones y conversaciones políticas son de fundamental importancia para resolver estos contenciosos comerciales y/o económicos».

Indicó que no cree «que el Mercosur aísle a Uruguay del Mundo», por el contrario sostuvo, «Uruguay estuvo aislado cuando se retiró del Grupo de los 20, situación que el gobierno de Tabaré Vázquez corrigió».

En cuanto a las perspectivas futuras del Mercosur aseguró «para trascender la dimensión puramente comercial ­que es importante­ y establecer una efectiva cooperación económica, hablamos de infraestructura, energía y complementación productiva, es fundamental que avancemos en el ámbito institucional».

García indicó que en Brasil, con el segundo gobierno de Lula, se trata de «avanzar hacia un nuevo paradigma, posnacional-desarrollista y posneoliberal». A su pedido, evitó referirse a algunos temas como la gira del presidente norteamericano George Bush y el diferendo entre Uruguay y Argentina por la planta de celulosa Botnia.

 

«No creo que el Mercosur aísle a Uruguay del mundo»

-El Mercosur vive una situación dual; por un lado está en crecimiento, ingresa Venezuela, lo solicita Bolivia, crece su prestigio internacional; pero por el otro los países más chicos como Uruguay y Paraguay se sienten en inferioridad. ¿Está en crisis el Mercosur? ¿Qué piensa de los reclamos realizados por Uruguay y Bolivia en la última cumbre de Brasilia?

 

-Las demandas de Uruguay son justas. Hay problemas de asimetrías que ya fueron detectados hace tiempo y para los cuales el Mercosur comenzó a dar respuestas. Una de ellas es la creación del Focen que contará con aportes mayores por parte de Brasil y de Argentina, pero que beneficiará fundamentalmente Uruguay y Paraguay. Podemos y debemos avanzar en otras medidas para aumentar las exportaciones de Uruguay dentro del Mercosur. Se discute una cierta flexibilización de las reglas de origen.

Brasil está combatiendo las trabas burocráticas a las exportaciones uruguayas.

Pienso que deberíamos trabajar más los temas de la integración productiva.

Es positivo el crecimiento de las inversiones brasileñas en Uruguay. Creo que los dos países deben hacer un esfuerzo para identificar nichos de cooperación productiva y para estimular las exportaciones uruguayas hacia Brasil en el marco de nuestro Programa de Sustitución Competitiva de Importaciones.

Las negociaciones políticas y las conversaciones son de fundamental importancia para resolver estos contenciosos comerciales y/o económicos.

Hace pocos días, las conversaciones entre los presidentes Evo Morales y Lula en Brasilia, permitieron resolver no sólo los diferendos sobre el precio del gas ­en bases aceptables para las dos partes­ sino también establecer un vasto programa de cooperación entre Brasil y Bolivia, que involucra, incluso, significativas inversiones en la industrialización del gas boliviano.

 

-Hace pocos días el ex presidente uruguayo Jorge Batlle, afirmó que «el Mercosur margina y aísla a Uruguay del Mundo». Desde sectores de la derecha e incluso desde algunos de la izquierda, se plantean lecturas similares. ¿Qué opina usted de esta afirmación política?

 

-No creo que el Mercosur aísle a Uruguay del mundo. Uruguay estuvo aislado, cuando no participó del Grupo de los 20, marginándose del Grupo que llevaba adelante una importante estrategia en lo que se refiere a las negociaciones de la Ronda de Doha, en el marco de la Organización Mundial del Comercio. Esta situación fue corregida por el gobierno de Tabaré Vázquez. El Mercosur estará siempre sensible a las posiciones uruguayas sobre como el bloque debe insertarse en el mundo. Nosotros, los brasileños, aunque seamos una economía grande y compleja, creemos que es mejor formar parte del Mercosur que actuar solos en este mundo asimétrico económica, social y políticamente en que vivimos.

 

-El Mercosur comenzó como una iniciativa bilateral de Argentina y Brasil, a la que se sumaron luego, no sin problemas, Uruguay y Paraguay; una de las críticas que se plantea a la situación actual es la permanencia de ese bilateralismo entre Argentina y Brasil para las decisiones importantes. ¿Comparte usted ese diagnóstico?

-El hecho de que Argentina y Brasil mantengan una relación bilateral intensa representa, a mi juicio, un instrumento de fortalecimiento del Mercosur. Sería del caso preguntarse, por ejemplo, si el buen relacionamiento entre Francia y Alemania debilita la Unión Europea. No lo creo, pienso que es todo lo contrario. Además, todas las decisiones sobre el funcionamiento del bloque son siempre tomadas por los cuatro países.

 

-Uno de los puntos concretos que se maneja para esta crítica tiene que ver con la falta de avance en aspectos clave de la esencia fundacional del Mercosur: la coordinación de políticas macroeconómicas y la unión aduanera. Por ejemplo, Argentina, Brasil y Uruguay pagaron su deuda con el FMI, pero lo hicieron por separado y sin coordinación. ¿No hubiera sido mejor realizar esta acción como bloque y fortalecer el Mercosur?

-Creo que debemos avanzar para una coordinación macroeconómica del Mercosur, así como también para lograr una mayor articulación institucional.

Es posible que la ausencia de coordinación en esta materia que, insisto, hubiera sido deseable, se deba a estrategias que cada uno de nuestros países adoptó para superar la grave crisis que teníamos cuando Lula, Kirchner y Tabaré iniciaron sus gobiernos. Los tres gobiernos ­lo mismo que Paraguay­ se mostraron capaces de superar las graves dificultades coyunturales que enfrentaron. Pienso que ahora ha llegado el momento de discutir y planear juntos el nuevo ciclo de desarrollo que nuestros pueblos esperan.

 

-En este marco, la presencia de Venezuela y de su presidente Hugo Chávez, ¿puede ayudar a generar un nuevo punto de equilibrio?

-La presencia de Venezuela en el Mercosur ­por su expresión económica, demográfica y por su ubicación geográfica­ cambia para mejor al bloque. Esperamos que otros países puedan incorporarse.

 

Hacia un nuevo Mercosur

-Cuando surge el Mercosur, se plantea casi exclusivamente en el terreno económico y además, surge en el marco del predominio de opciones neoliberales en todos los gobiernos de la región. Hoy la situación es muy diferente e incluso se privilegia una dimensión política del bloque. ¿Cuáles son los aspectos fundamentales de la política de Lula hacia el Mercosur, pensando en el futuro?

-Lula siempre ha dicho ­y lo reiteró en su discurso del 1 de enero, cuando comenzó su segundo mandato­ que Brasil quiere asociar su futuro al del Mercosur y a
l de la Comunidad Sudamericana de Naciones. Para trascender la dimensión puramente comercial ­que es importante­ y establecer una efectiva cooperación económica, hablamos de infraestructura, energía y complementación productiva, es fundamental que avancemos en el ámbito institucional. El Parlamento del Mercosur ayudará, pero es necesario fortalecer las instituciones ejecutivas de Montevideo. Estaremos confrontados con la problemática de compatibilizar regionalización con supra-nacionalidad.

 

-Para finalizar con las preguntas sobre el bloque regional. Hay dos dimensiones que se deben considerar: la relación entre Estados y gobiernos, dentro de la que se inscriben las relaciones personales entre los presidentes y las relaciones entre las fuerza políticas que están en el gobierno. Da la sensación de que falta construir puentes de relación, que falta diálogo. Usted es un protagonista de primera línea de este trabajo. ¿Cómo ve usted la relación entre los presidentes que integran el bloque y en particular entre Lula y Tabaré Vázquez?

-Usted tiene razón en llamar la atención sobre el peso que tienen las relaciones personales de los presidentes y miembros de los gobiernos en las relaciones entre los países. La relación de Tabaré con Lula, es la mejor posible. También lo es la que tenemos con muchos miembros de los gobiernos de Uruguay y de Argentina. Eso nos permite discutir con mucha franqueza incluso los temas más difíciles que pueden ocurrir entre dos países en determinadas circunstancias históricas.

 

-Abordando el segundo aspecto del tema anterior. El Partido de los Trabajadores (PT) y el Frente Amplio (FA) han tenido relaciones históricas de cercanía, han trabajado juntos especialmente desde la fundación del Foro de San Pablo. ¿Cómo son las relaciones actuales entre el PT y el FA? ¿Hace falta generar mecanismos más concretos de reflexión conjunta?

-El Frente Amplio y el Partido de los Trabajadores tienen una viejísima relación que tiene un peso muy positivo en las relaciones de nuestros países.

Creo, sin embargo que deberíamos reactivar un mecanismo de consultas que mantuvimos en 2005 y parte de 2006, entre el PT, el Frente Amplio, el Partido Socialista chileno y los sectores políticos cercanos al presidente Néstor Kirchner.

 

«Un nuevo paradigma»

-Pasemos a la situación brasileña. Lula ha sido reelecto con una votación histórica. Se ha señalado que este segundo gobierno va a tener diferencias con el primero. ¿Cuáles son esas diferencias fundamentales?

-El ajuste de la economía y el éxito de las políticas sociales en los cuatro primeros años, nos permite enfrentar ahora el tema del desarrollo.

Necesitamos crecer mucho más. Crecer con distribución de ingreso, con estabilidad macroeconómica y reducción de la vulnerabilidad externa. Ese nuevo ciclo de desarrollo se hará con la profundización de la democracia en el país y con un énfasis mayor todavía en la integración sudamericana. El Plan de Aceleración del Desarrollo (PAC) que garantizará inversiones de cerca de 250 mil millones de dólares en los próximos cuatro años, que el presidente mandó al Congreso, expresa ese proyecto de desarrollo. Necesitamos avanzar hacia un nuevo paradigma, posnacional-desarrollista y posneoliberal.

 

-En entrevistas anteriores, usted afirmó que en el primer mandato, y por un tiempo, tuvieron que usar «herramientas conservadoras» de política económica porque no había opción. ¿Se abandonaron estas herramientas en este segundo mandato?

-Controlar la inflación y equilibrar las cuentas del Estado no son objetivos conservadores. Al revés son medidas que benefician esencialmente a los trabajadores. Pero son herramientas. El objetivo final es el desarrollo con más empleo, fuerte reducción de las desigualdades sociales y profundización de la democracia. No podemos perder de vista esos objetivos. A veces utilizamos medicinas amargas. Son necesarias, pero no podemos transformar la necesidad en virtud.

 

-Lula ha dado prioridad a la conformación de una coalición. ¿Qué fuerzas políticas integran esa coalición y cómo la definiría usted en términos políticos e ideológicos?

-Once partidos integran la coalición que yo caracterizaría como de izquierda-centro y no de centro-izquierda. Con esto llamo la atención sobre el hecho, muy importante por cierto, que son las fuerzas de izquierda las que imprimen el ritmo del gobierno. Pero la coalición es muy importante, puesto que reúne fuerzas democráticas, comprometidas con el desarrollo. El ejercicio de esta alianza va a tener repercusiones muy importantes para el futuro de la política progresista en Brasil.

 

-Algunos analistas han señalado que en este segundo mandato, el gobierno será más lulista y menos petista. ¿Qué piensa usted de esta afirmación?

-Lula siempre fue más grande que el PT. Pero Lula y el PT son inseparables. Fue el presidente quien reafirmó recientemente su vinculación con el PT, exactamente dijo: «Está en mi sangre».

 

-El PT sufrió una fuerte crisis, acusaciones de corrupción, escisiones políticas; usted estuvo a cargo de la presidencia del PT, para superar esa crisis orgánicamente. ¿Cuál es la situación actual del PT y cuáles fueron las principales conclusiones que sacaron de esa crisis?

-Los problemas de corrupción afectaron al conjunto del sistema político brasileño. Por eso inscribimos en la agenda de los próximos años la necesidad de una reforma política. El PT hará su reflexión sobre esos y otros temas en el marco de su Congreso de julio próximo. Vamos a discutir «El Brasil que queremos», nuestro horizonte socialista y las transformaciones necesarias por las cuales el partido deberá pasar. Nuestra democracia interna ­como la de otros partidos de izquierda de la región­ garantizará un buen resultado.

 

-Finalmente. Se ha producido un cambio político muy importante en América Latina, hay 11 gobiernos de izquierda o progresistas, las fuerzas que integran el Foro de San Pablo obtuvieron más de 100 millones de votos en las elecciones entre 2004 y 2006. Desde la derecha, primero se acusó a estos gobiernos de populistas y se auguró que generarían inestabilidad; ahora, por el contrario se señala que no son de izquierda y que no tienen un proyecto político claro. ¿Cómo valora usted la situación en el continente de la izquierda latinoamericana?

-En América latina, especialmente en América del Sur, ocurrió una extraordinaria emergencia de las masas en la política. La expresión más relevante de este movimiento fueron los resultados electorales de los últimos años y las nuevas políticas en curso en la mayoría de los países de la región, incluso en aquellos donde la izquierda no fue victoriosa. Un buen observador llegará a la conclusión de que antes existía inestabilidad económica, social y política y que los últimos años estamos logrando una efectiva estabilidad basada en la ampliación del espacio público y en la incorporación de las demandas de las mayorías en los programas de nuestros gobiernos. *

 

Un peso pesado

Marco Aurelio García es el primer consultor de Lula en materia de relaciones internacionales y ahora ocupa el cargo de asesor especial en Asuntos Internacionales de la Presidencia de la República Federativa del Brasil. Fue compañero de Lula, desde el primer momento, en la fundación y dirección del Partido de los Trabajadores y ocupó la secretaría de Relaciones Internacionales del Partido durante muchos años, y desde esa responsabilidad entabló relación con los principales partidos de izquierda de América Latina, Europa y Africa. Es fundador y uno de los principales gestores del Foro de San Pablo. Goza de la plena confianza de Lula y otras
responsabilidades claves, tuvo como misión ayudar a la salida política en Venezuela tras el golpe de Estado contra Hugo Chávez, y debió hacerse cargo de la Presidencia del PT para superar la crisis, durante la última campaña electoral en Brasil. *

 

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