Tratan de rescatar los años de la cana en un libro con humor e ironía

Comunistas sienten que son "desaparecidos de la historia"

Cada tanto se encuentran, siempre en pequeños grupos, y cada vez que se despiden juran que «algo vamos a escribir». Nunca lo hacen; es que sienten el pasado de una forma que ni ellos mismos saben explicar.

Esta vez alguien escribió «De bigote p´arriba», un libro que cuenta cómo vivieron los comunistas los años de cárcel, donde predomina el humor y la sencilla «humanidad cotidiana», al decir de Rúben Yáñez. Es un trabajo impregnado de humor, por momentos casi infantil. Ingenuo, sin duda.

El libro recibió una mención de honor en el año 2000 en un concurso organizado por la IMM. «Pensé que por ese solo hecho a alguna editorial le iba a interesar y no fue así, porque no lo vieron como un libro comercial», dice su autor Luis Fourcade (su verdadero nombre es Luis Mario Pérez).

Tuvo que ocurrir que dos compañeros se encontraran en un sanatorio y uno de ellos comentara sobre la existencia del libro. Días después accede al texto, habla con Sergio Brogi, de la Editorial Orbe, quien resuelve publicarlo.

«Desde hace años siento un gran dolor porque sólo se escribe sobre un determinado sector político al que respeto mucho (se refiere al MLN), pero me duele que no haya nada del Partido (PCU), del gran Partido Comunista que fue».

Para Fourcade, que ya no milita en el PCU, hay una omisión «no se de quién». «Nadie escribe sobre la cana y eso hace aparecer que nosotros no hicimos nada», agrega.

No oculta que la existencia del libro es «por un compromiso ético con aquellos que ya no están, que son la mayoría». Tampoco oculta que en su fuero más íntimo «yo tenía que sacarme esto del alma», por eso «debería haberse llamado desde el alma». Siente, a la vez, una buena respuesta de sus compañeros. «Algunos llaman a mi casa emocionados, otros lloran. Está pasando una cosa muy linda, nueva para mí», asegura Fourcade.

Dice que no es un libro íntimo, sino de alguien que estando preso, observó el mundo que lo rodeaba. «Está centrado en los militantes de base del Partido Comunista», por eso «no hay grandes nombres», sólo una mención muy breve a Jaime Pérez.

La idea fue rescatar el tema de la solidaridad, que fue fundamental, y principalmente el humor, «que nos ayudó mucho». Eso es el libro, aunque «un compañero me dijo un día que contara las tristes, porque los lectores van a creer que la pasamos fenómeno». «Yo quise rescatar el humor».

Reconoce que el libro no contiene las miserias humanas: «Hay temas que me los guardé, incluso les cambié el nombre a algunos de los que se quebraron, por un asunto de piedad, porque no me corresponde juzgarlos. Ellos mismos se juzgaron y creo que sufrieron más moralmente, que en la tortura física». Aunque si hay «dos ratas humanas que fueron delatores y que todo el mundo sabe quiénes son».

Fourcade dice que «dar la vida por un ideal no pasa sólo por vencer a la tortura, sino que también pasa por ayudar al otro y por tener esperanzas en un mundo mejor».

La fuerza que los ganaba era porque estaban convencidos de que la dictadura estaba herida de muerte, como había dicho el Flaco Arismendi al explicar el significado de la huelga general.

Sobre sus carceleros, actores importantes, dijo que había de todo. » Estaban los manijeados, pero también gente que nos respetaba mucho. Un día viene un cabo y empieza a preguntar sobre nuestros oficios y profesiones, porque estaban pidiendo gente para trabajar en el Penal. En ese momento uno de los soldados se paró y dijo: ‘Qué disparate, hay una universidad acá adentro'». «No hay que contar todo porque el enemigo sigue trabajado: hubo gente que se portó muy bien y que se la jugó por nosotros».

«Un día ­dice Fourcade riéndose­ me encuentro en un recreo con uno de los milicos que llevaba un mameluco que había sido mío. Le decíamos «el manso»: ¿qué hacés acá?, le pregunté.´Si yo estaba afiliado al Partido'».

Recuerda que en el primer año de cárcel no tuvieron acceso a libros, por eso crearon la «memoteca», donde los distintos presos explicaban sobre sus profesiones, desde el médico al albañil. «Yo aprendí de todos ellos, porque en la cana tenía como un gran angular, como si yo no estuviera ahí, como si mirara por un agujero».

Sobre la historia perdida, Fourcade asegura que eso ha ocurrido por la fractura del PCU. «Por suerte ocurrió después de la cana, porque si hubiera sido bajo la dictadura uno agarraba tres sábanas, las ataba y se colgaba. Me entiende?»

«Hay miles de personas que tienen algo para contar y se nos están muriendo», concluye, seguramente mirando la realidad por un nuevo agujero. *

 

Discrepamos

«El gordo Francia (oficial del Penal de Libertad) tocaba muy bien la guitarra. Se mamaba y entraba de madrugada en la barraca despertando a todo el mundo, provocando a los compañeros, sobre todo al compañero Sacchi. Le preguntaba cuántos abortos había hecho en su vida. ­Porque vos ­­le decía con la lengua trabada­, sos un hijo de puta comunista abortero. ­Discrepamos ­respondía con ironía el gordo Sacchi».

 

El silencio

«­ Decí ¡vivan los soldados!

­ ¡ Vivan los soldados!

­Decí ¡abajo el Partido Comunista!

(Silencio)

Entonces te cagaban a palo».

 

Bajo tierra, con cal

«Entro al hall del locutorio. Allí tengo que firmar unos papeles que atestiguan que me trataron bien. Un pequeño detalle, un oficial aclara que si no firmo, no salgo (libre). Firmo, por supuesto, no como vidrios.

Un capitán me despide. Con voz neutra, mirándome a los ojos, aclara: ­Mirá, tratá de no meterte en nada porque la próxima vez no venís para acá. Vas bajo tierra, con cal».

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