Caso Inau: se aprobó informe de mayoría; blancos elevarán antecedentes a la Justicia
Tras una extenuante sesión del plenario de Diputados, reunido en forma extraordinaria, concluyó el trámite legislativo de los más largos que recuerde la historia del Parlamento nacional por los hechos acaecidos en el Inau la noche del 14 al 15 de junio de 2005. Empero, esos hechos podrían seguir siendo zarandeados públicamente, ya que el Partido Nacional anunció que elevará a la Justicia penal los antecedentes reunidos por la comisión investigadora de la Cámara de Representantes.
Apenas iniciada la sesión, en un clima de cierto jolgorio por el regreso al trabajo luego del verano, pudieron apreciarse algunos hechos sobresalientes.
Carlos Gamou (Espacio 609), más delgado y dándole al café como si fuera té con hielo, lució por primera vez en años una camisa clara, diáfana diría.
Darío Pérez (Liga Federal Frenteamplista) llegó, miró desde el fondo, saludó a pocos y se fue calladito; claro, tiene tantos baturrillos que atender en Maldonado, pobre.
Las nacionalistas Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista), Sandra Etcheverry (Alianza Nacional) y Adriana Peña (independiente) compitieron por provocar la impresión más conmovedora en el augusto recinto: fue final de bandera verde que todavía se discute, porque hubo interrupciones en la votación por varios picos de hipertensión.
Finalmente, Ivonne Caballero (Alianza Nacional) probó no sólo que hace bien al ojo (quiero decir a la salud general, por la alegría que despierta) sino que es necesario que el titular de la banca, Jorge Gandini, sea beneficiado con una misión en un destino lejano; como es blanco, ¿podría ser Alaska?
El informe oficial
Javier Salsamendi (Espacio 609) presentó el informe por la mayoría. En una exposición que citó fugazmente a Kant, sólo a Kant, menos mal y durante la cual tuvo la gentileza de admitir que podría ser aburrido, cosa que fue, nomás amenazó con pulverizar cualquier cálculo conocido sobre la duración de un discurso. Abundó en antecedentes históricos, la situación de la minoridad heredada por este gobierno, la pobreza infantil, la marginalidad y la cantidad de veces en que tanto la ministra Arismendi como las autoridades competentes comparecieron a distintas convocatorias parlamentarias por el motín de 2005 en la Colonia Berro.
Recordó que el oficialismo había aceptado habilitar la constitución de una comisión investigadora, pese a que los hechos denunciados oportunamente el motín, la actitud de los directores del Inau y la intervención de la ministra Arismendi y el senador Lorier habían sido exhaustivamente analizados en otros ámbitos parlamentarios sin que se hubiesen producido consecuencias políticas ni judiciales. Y lo aceptó por tres razones fundamentales: un criterio de transparencia política y cortesía parlamentaria; la importancia de analizar e investigar el contexto general en que los hechos se produjeron y cuáles fueron las causas; y la oportunidad de sentar las bases de una política de Estado en materia de minoridad desguarnecida o infractora.
Al cabo sentenció Salsamendi con el rostro inmutable, supongo que producto de su profunda convicción «quedó totalmente claro (…) que el motín ocurrido (…) fue absolutamente inusual y que las causas del mismo se remontan a años anteriores». Ante la mirada directa y con un brillo amenazante en los ojos de Washington Abdala (Foro Batllista), más peligroso cuando está quieto y acecha que cuando se mueve, Salsamendi precisó que hubo «descoordinaciones, propias de una situación como la que se vivió, entre el Ministerio del Interior y el Inau, de todo lo cual se debe, y así ocurrió, extraer enseñanzas hacia el futuro». Y, ya bajando su telón y con el registro vocal hecho añicos casi lo aplauden, pero la extenuación era general dijo que «quedó fehacientemente demostrado que el Directorio del Inau siempre estuvo al mando de la situación y que la intervención de la ministra Arismendi y del senador Lorier se dio en el marco de una actuación movida por fines esencialmente humanitarios, tendientes a lograr que la integridad física de todos los involucrados se salvaguardara».
Hay que resaltar una curiosidad: Salsamendi estuvo todo el tiempo mirando hacia la bancada colorada, ignoro si buscando aceptar el lance con el que, silencioso, lo toreaba el soldado Abdala, o porque, de tanto hablar, si movía el pescuezo para el otro lado se desarmaba.
Salta la minoría
Alvaro Alonso (Desafío Nacional) emergió desde una banca cuya ubicación no favorece su visibilidad y se plantó firme, facón al cinto: «Tenía la esperanza, mínima, de que el oficialismo dedicara tiempo a justificar lo injustificable, las actitudes de Arismendi y Lorier». Enseguida exhibió su frustración mientras Salsamendi trepaba la escalera hacia los pasillos, quizás a reflexionar acerca del riesgo de la incontinencia verbal usando un tono de gallo canario: «Pero no, sólo hubo una reproducción de lo que pasó en la comisión. Las conclusiones son de Perogrullo». No conforme, añadió: «Hubo superposición de responsabilidades y competencias entre el juez, la Policía, los directores del Inau y la ministra. Fue lo más parecido a Macondo. La Policía tuvo que hacer lo contrario de lo que pensaba porque la ministra Arismendi desplazó a la autoridad competente». Luego recordó las diferencias que, a su juicio, quedaron claras entre el ministro del Interior y la ministra de Desarrollo Social. Y gritó, como si saliera del mismo fondo de un aljibe de «El cordobés»: «¡La ministra se debió haber ido, pero, claro, en este gobierno no se va nadie!».
Mientras yo detectaba al diputado Edgardo Rodríguez (Espacio 609) luciendo una remera con hombreras color naranja escándalo, que me perturbó unos segundos, Alonso acabó diciendo que el Partido Nacional seguiría la investigación a través de otros mecanismos parlamentarios o elevaría los antecedentes al Poder Judicial.
Salsamendi que había vuelto inadvertidamente preguntó para qué tanto amague, si los blancos ya habían anunciado que pasarían el caso a los estrados judiciales. Enseguida, encolerizado por los dichos del diputado preopinante, abominó, por si hiciera falta su juramento, del liberalismo económico; como cundió la incomprensión, reivindicó a renglón seguido al liberalismo político ¡había sido a efectos comparativos! al referirse a las supuestas opiniones divergentes sobre el motín entre dos ministros del gabinete. El representante del Espacio 609, esta vez, nos bendijo a todos con una enternecedora e inesperada devoción por la síntesis. Creo que hasta bajó una luz celestial a posarse sobre su testa.
A continuación, Gustavo Espinosa (Foro Batllista), con voz un tanto aflautada aunque bien erecta, presentó el otro informe en minoría, el de los colorados (que a veces no se ven pero siempre están). No anduvo con vueltas. Responsabilizó a la ministra Arismendi de los hechos acaecidos en la Colonia Berro; pidió al Directorio del Inau revertir las políticas en materia de contención y rehabilitación de menores infractores en el Interj; recomendó al Poder Ejecutivo atender los reclamos de los trabajadores del Inau en cuanto a salud, capacitación e infraestructura; observó políticamente la actuación del presidente del Inau, Víctor Giorgi; y reclamó del organismo responsable de la minoridad correcciones en el Centro de Ingreso, Derivación y Diagnóstico, con el objetivo de lograr un mejor funcionamiento.
La resolución
Poco antes de la votación, Edgardo Ortuño (Vertiente Artiguista) nos entregó una conceptuosa pieza oratoria que, no obstante, se sintió como algo ya dicho. Es que, de veras, Salsamendi no dejó ni un agujerito para meter aunque fuera un balín. Eso sí, Ortuño lo hizo con otra voz, otros ademanes, otra postura corporal. Y Sandra Etcheverry, titular de la denuncia parlamentaria, ratificó la posición crítica de la minoría calzando novedosos anteojos, con su habitual energía ahora en enva
se de piel marrón playero, y moviendo los brazos con la secreta esperanza esto me lo he imaginado yo de pegarle un boleo casual a algún diputado del Frente.
Pero lo más tintineante estuvo a cargo de Pablo Abdala (Herrerismo), con dos sublimes aportes. Primero, aunque confesó no ser psicólogo, diagnosticó que Marina Arismendi «tiene un impulso feroz que siempre la lleva al borde de la ilicitud»; (yo, por mi parte, confieso que me enteré por mi colega Otormín, pues me había distraído hablando con Maisa, secretaria de la bancada oficialista, y con el coordinador Aníbal Pereyra (Espacio 609), quien vino a interesarse por un problema inguinal que me aquejaba); y luego, Abdala tiró por la borda las dubitaciones de Alonso y dijo, tan claro como Tita Merello cantaba «Yo soy así», que el Partido Nacional pedirá a la Cámara el envío de todos los antecedentes a la Justicia penal.
La resolución, aprobada por la mayoría, entiende que en el caso no pueden establecerse responsabilidades especiales de ninguno de los investigados; que la infantilización de la pobreza es un problema de larga data que demandará un esfuerzo muy sostenido de todos los uruguayos; que la situación de los adolescentes infractores de la ley penal es producto, entre otras razones, de la problemática social y las notorias carencias de las políticas implementadas en el pasado para atenderla; y que, atento a todo esto, el Parlamento debe prestarle una especial, particular y prioritaria atención al tema. *
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