Rossi y Astori pasaron por la Comisión Permanente sin consecuencias

Pluna: la oposición quedó obsesionada por el intermediario y un inversor uruguayo

Ocurre que una de las inquietudes de la oposición, reiterada de modo casi obsesivo, fue cuál era el pago a la firma Ficus Capital, designada por Pluna como «broker» ­algo así como un negociador­ para presentar inversores interesados en esa asociación. La cosa se complicó más al trascender que Paul Elverse, quien ha estado vinculado a negocios muy complejos por aquí, es el profesional a cargo de esa función en nombre de Ficus.

La otra inquietud de la oposición se abrió en un abanico de preguntas: cuál es la inversión del eventual socio, quienes integran el consorcio ­Leadgate Investiment Corporation­ y qué precauciones ha tomado el gobierno para asegurar que la mayoría de las acciones de la futura Pluna quede, como se ha dicho, en manos del Estado.

 

El eje: broker y consorcio

La delegación oficial fue selecta y nutrida: los ministros de Economía y de Transporte, los respectivos subsecretarios, varios asesores y la totalidad del directorio de Pluna. Pero su ingreso, tal vez sugiriendo que la lentitud sentaría reales en el augusto recinto, fue digno de un corto de Olmedo; el presidente Carlos Baráibar, quien dirigió la sesión con compostura y escaso entusiasmo, anunció: «Se autoriza la entrada a sala…» y, ¡sorpresa!, nadie ingresó. Hubo dos o tres minutos de incertidumbre y cejas que se alzaron sin pudor, hasta que, con Rossi a la cabeza, aparecieron los muchachos, notándose enseguida que al volumen corporal del subsecretario Bergara le caen mejor los asientos del Senado.

Carlos Moreira (Alianza Nacional), el convocante, inició su oratoria con otra sorpresa: se congratuló por la presencia de Astori, a quien, dijo suelto de cuerpo, él no había llamado. Fue sublime la mirada de incomprensión que le tributó el ministro de Economía. Moreira, perpetrando sin compasión el delito de repetición (porque en él es tan monumental que sólo así puede definirse), antes de entrar con gran énfasis en la peripecia de Ficus Capital y del eventual socio inversor, trazó la historia de Pluna desde la Ley de Asociación de Empresas Públicas de 1992 y concluyó en que están vigentes muy severas normas que, a su juicio, están siendo violadas por la negociación emprendida por el gobierno. Las principales: la obligación de llamar a licitación pública internacional para elegir el eventual socio de Pluna, que extendió, ahora en versión muy libre, a la designación de un negociador ­¡ah, el broker!­ para hacer la intermediación, y la necesidad de refrendar la operación mediante una ley específica.

José Amorin (Lista 15), muy formal y con tono de persuasión académica, dijo prácticamente lo mismo, pero recordó que el senador Alfie, el 4 de agosto de 2006, elevó al ministro Rossi un pedido de informes con la mayoría de las inquietudes ahora replanteadas. «Lamentablemente ­sentenció con mirada severa hacia alguna cámara que andaba por ahí­ todavía no ha habido respuesta». Adujo que no estaba contra las asociaciones de empresas públicas con privados, pero exigió saber, al recordar que la información disponible provenía de la prensa, los detalles de este negocio. También preguntó por qué se eligió a Ficus Capital como broker, qué elementos tomó esta firma para presentar a la corporación interesada, cuál es la integración del capital de ésta, cuánto invertirá y qué garantías previó el gobierno para que la bandera de Pluna siga siendo uruguaya.

Moreira, ni lerdo ni perezoso, carraspeando pero sin las flemas traicioneras que lo atoraron el otro día, aportó más dudas: a qué se dedican los inversores, qué garantías han presentado, hasta dónde llegará la responsabilidad de Pluna en los compromisos que se asuman, qué facultades de control tendrá el Estado y quién es el inversor uruguayo que, se dice, participa de Leadgate Investiment.

 

Rossi en pantallas e inglés

Con cierta informalidad y tono amigable, apoyado en textos y gráficas que exhibió en dos grandes pantallas ­emergentes de la moderna laptop que manipulaba, con un solo dedo gordo de una de sus gordas manos, el subsecretario Bergara­ el ministro Rossi hizo una aplastante exposición de aproximadamente dos horas. Su contundencia está fuera de discusión; lástima que debió decir numerosas palabras de origen anglosajón; lo hizo con un inglés escasamente británico, pero lo salvó su tesón criollo (¡vamos Toto, arriba, que Gardel decía Ñiu Yor!).

Hizo su propia historia de Pluna, remontándose a la década de 1940, y aseguró que este negocio aún no estaba cerrado. «Nos dimos un plazo de sesenta días desde el 4 de enero, fecha en que firmamos el preacuerdo, dijo, pero como no ha finalizado hay que decir que seguimos trabajando y muchas cosas pueden cambiar». Admitió que el 51% del capital accionario de la futura Pluna deberá estar en poder del Estado, pues de otra manera no será posible mantener la bandera uruguaya para las operaciones, tal como exigen las normas aeronáuticas internacionales. Describió el mal negocio que había sido la asociación con Varig y las circunstancias que han rodeado a la negociación para recuperar todas las acciones, una vez que la empresa brasileña se desplomó. En este sentido, aclaró que si bien hoy se tiene el manejo total de la gestión, o gerenciamiento, legalmente Varig todavía posee el 49% del capital de Pluna; el proceso de recuperación es seguro pero lento. Luego habló de las gestiones para salvar a Pluna ­que sin un socio inversor no tiene futuro­ antes de la llegada de Leadgate Investiment: primero fue un grupo inglés (no pudo pronunciar el nombre, qué pena) cuya propuesta resultó insuficiente; más tarde, decenas de consultas desde el exterior sin que ninguna fructificara en una propuesta decente; y al final una asociación con Conviasa, que pareció estar madura, pero que, por razones que nada tuvieron que ver con Pluna, la empresa venezolana declinó.

A continuación, lo mejor. La corporación con la que se está negociando no es una sola, sino dos (éramos pocos y parió la abuela habrá pensado Moreira; no sé qué pudo pensar Amorin, porque en ese momento no estaba): por un lado, Leadgate Investiment, que va al frente como cabezudo de carnaval, y está integrada por capitales norteamericanos, alemanes y uruguayos; y por otro, un tal Raúl Rodríguez, igualmente uruguayo él, especialista en marketing y con emprendimientos en España, que con otros inversores armó una empresa independiente y se asoció a Leadgate para sumar (o sea, para llegar a los dinerillos exigibles). La inversión del eventual socio de Pluna ascenderá a 177.000.000 de dólares, de los cuales, en una primera etapa, entrarán 15.000.000 más la adquisición de una flota de nuevos aparatos.

Y después, la frutilla de la torta: el pago del broker. Primero cobrará 20.000 dólares por mes, durante cinco meses, aunque incluyendo en ese pago a cuatro asesores más; si la operación termina satisfactoriamente, percibirá el 6% de la capitalización que se concrete en Pluna, porcentaje no acumulativo, habiéndose acordado un mínimo de 250.000 dólares.

 

Sur, paredón y… Astori

El debate se erizó. Lo del broker le quedó atragantado a Amorin, a Moreira y a los que se fueron sumando ­José Carlos Cardoso (Herrerismo) y Francisco Gallinal (Correntada Wilsonista)- como carozo de aceituna (negra, blancas no hay) en la garganta.

Moreira, supongo que perdido el control por la extensión del debate y el inglés de Rossi, dijo «yo tengo una duda» alrededor de setenta y siete veces; Amorin, a quien se veía calmo y elegante, y entonces quizás haya sido porque Astori seguía sentado sin decir palabra, dijo «yo creo que esto no se puede hacer sin una ley» alrededor de sesenta y tres veces; y los dos juntos, en distintas ocasiones, no a coro, dijeron «se debió llamar a licitación para contratar al broker» alrededor de ciento cuarenta veces (atentos, que la suma cierra).

Ya con todos muy cansados, se oyó este diálogo:

Amorin: -¿Cómo se integra el 51%
uruguayo del paquete accionario?

Rossi: -Tengo la misma preocupación. Lo tenemos que resolver bien. El Estado, junto a otros accionistas uruguayos, tiene el 25%. Y un 30% es capital de Raúl Rodríguez, socio de Leadgate, que es uruguayo.

Amorin: -Rodríguez sí, pero ¿el capital de la empresa de Rodríguez es todo uruguayo?

Rossi: -Hemos consultado a medio mundo, hasta ahora nos han dicho que sí. Pero admito la duda.

Fue seguramente esto lo que llevó a Astori a salir de su silencio. Un silencio militante, sin una queja, manteniendo la canosa cabellera prolijamente depositada sobre el perfil derecho (esto puede ser sólo una curiosidad, nada más).

Cerró la sesión con una esclarecedora exposición, santificada por una brevedad que -tras cinco horas de consorcios, brokers, Rodríguez, vocablos y siglas anglosajonas y repeticiones al cubo- agradeció hasta Moreira. A juicio del ministro de Economía, el procedimiento seguido ha sido correcto y transparente, la negociación no ha concluido, Pluna sólo se salva con una asociación que le inyecte capital e infraestructura y la información obtenida acerca de las partes ofrece suficientes garantías para seguir andando.

Y cayó el telón. Por ahora. *

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