Pepe era la ética con patas
Gabriel Mazzarovich me pidió que escribiera algo sobre Pepe D’Elía. ¿Por dónde empiezo? me dije. Hablar del Pepe y tratar de no dejar nada olvidado, a mí me puede llevar cincuenta carillas
Hablar del Pepe dirigente sindical, del Pepe compañero fraterno, del Pepe familiero que te recibía en su casa como si fueras un hijo junto a su adorable compañera Delma, del Pepe compinche que siempre te cubría alguna macana, del Pepe que te citaba para rezongarte y empezaba duro y terminaba con un consejo de padre, me es muy difícil.
Es muy grande la figura de Pepe, es insustituible, no me da la pluma para lo que Pepe se merece de recordatorio.
Cuántos recuerdos, enseñanzas de cómo pararse en la vida, porque Pepe no ayudaba a formar dirigentes sindicales: ayudaba a formar hombres y mujeres para encarar la vida; ser dirigentes sindicales era casi una consecuencia.
Porque todo lo de Pepe venía rodeado con una altísima cuota de ética: sus dichos, sus consejos, sus opiniones, siempre estaban sólidamente sostenidos con una fuerza moral y ética que era característica de Pepe, así vivía junto a su compañera del alma, Delma, y luego con sus hijas.
Porque Pepe era la ética con patas. Su estatura moral no tenía límites. Era tan alta como lo era su derroche de afectos sobre los compañeros, siempre paternal, fraterno, preocupado por los problemitas caseros que cada uno de nosotros tenía: allí estaba el Pepe para dar una mano o un consejo.
Para mi generación, la del 83, Pepe fue nuestro referente, nuestro guía, nuestro maestro.
Hoy Pepe se tomó un descanso, fue a dar una vuelta por allí nomás, seguro que estará mirando de reojo qué hacemos todos para continuar su trabajo de forjar la unidad, esa unidad que yo diría sólo él supo atar entre la generación del setenta y nosotros en el 83.
Porque sin duda alguna Pepe fue el eslabón que juntó la CNT y el PIT, fue el referente para los de afuera y el guía para los de adentro, para nosotros que nacíamos a la vida sindical sin referencia alguna.
Qué honor haber conocido a Pepe, qué privilegio haber compartido con él mil horas de charlas y de discusión, cuánto aprendimos todos. Hoy más o menos toda la generación sindical del 83 tiene un cacho del Pepe en su accionar gremial.
Somos pequeños reproductores, sólo nos queda cumplir. Forjar más unidad, ser más solidarios, más fraternos y más aun en la discrepancias; si logramos eso, sería homenajear y recordar al Pepe todos los días y sería el más grande de los honores que Pepe se merece.
Crecer en solidaridad, en fraternidad y unidad, darle para delante a nuestro Pit-Cnt. Meterle espíritu combativo a todo lo que hacemos es emular al Pepe, de esta forma Pepe seguirá en la vuelta.
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