¡Qué difícil va a ser acostumbrarnos a tu ausencia, Pepe!
Sí, va a ser difícil. Es que la historia del sindicalismo uruguayo contemporáneo, digamos a partir de la Segunda Guerra Mundial, tuvo siempre en el Pepe D’Elía a un protagonista de primera línea.
Podemos arrancar con la constitución de la UGT, allá por 1942. Allí estaba el Pepe, por entonces un joven dirigente sindical del comercio, integrando la dirección de la Central.
Yo, que ya no me cocino en el primer hervor, recuerdo, con mis 15 años curiosos, haber asistido al acto de apertura del congreso constitutivo de la UGT, realizado en aquel hermoso teatro que fue el Estudio Auditorio del Sodre. Y por ahí ya andaba el Pepe, y no de curioso sino ya en su condición de militante sindical.
Cuando los avatares de la guerra fría condujeron a desavenencias y rupturas, que nos dejaron dispersión y enfrentamientos muy duros, el Pepe formó parte del conjunto de dirigentes sindicales, lúcidos, que abordaron la tarea de la construcción de la unidad. ¡Cuántas reuniones, cuántas mesas por la unidad, cuántos plenarios! ¡Cuánta paciencia!
Por otra parte, esos fueron años del estallido de una crisis económica que sacudió todas las estructuras sociales y políticas del país, y en ese marco, de grandes movilizaciones obreras que, a la par de sus reivindicaciones, gestaban en la calle el reclamo, la necesidad de la unidad, y al mismo tiempo la necesidad de buscar una salida a la crisis por vía de un programa.
El proceso de la unidad lleva así, en 1962, a la formación de una central, la CTU, constituida con el compromiso expreso de trabajar por la unidad en una central única.
Y es a José D’Elía a quien se le encomienda la presidencia de la CTU, por ser ya entonces un símbolo de unidad y de consecuencia con su clase.
Y es como tal que encabeza las tareas que conducen a la formación de un organismo coordinador, la CNT, en 1964, a la realización del Congreso del Pueblo en 1965, y, finalmente, a la constitución de la CNT ahora como central única de los trabajadores, en 1966. Desde entonces, y por siempre, el Pepe fue su presidente, como lo fue luego, a la salida de la dictadura, del Pit-Cnt.
¿Cómo no vamos a extrañar su ausencia si tres generaciones de militantes sindicales lo tuvimos como compañero y como amigo?
¿En qué atributos descansaría la confianza que todos, pensáramos como pensáramos, depositamos siempre en el Pepe?
A mí me parece que eran varios, y al menos hoy rescato los que a mí me parecieron siempre más significativos.
Uno era ese algo que hacía que, aun defendiendo con firmeza sus puntos de vista respetaba el de otros, abría caminos de aproximación y, sobre todo, cultivaba la fraternidad en sus relaciones.
Creo que todos lo sentíamos un amigo y que podíamos confiar en él.
Otro era su permanente preocupación por la lectura, por la elevación del conocimiento, por no quedarse en lo inmediato, en lo cotidiano, en los problemas de cada día, sino levantar la mira y mirar más la región y el mundo. Más de una vez quedé sorprendido por sus intervenciones en reuniones, que en una primera instancia pudiera parecernos como fuera de las cuestiones en discusión, apurados todos por resolverlas y marchar a nuestros sindicatos, pero que apuntaban a no perder de vista nunca el contexto regional y mundial en que nos movíamos, el carácter de la sociedad de la que formamos parte, en una palabra: a pensar como clase.
Por último, no nos quedemos en su papel como dirigente sindical. Pepe D’Elía fue un militante político. Socialista, más aun que como adherente al partido, que lo fue, como una forma de pensar y actuar.
Formó parte de la pléyade de militantes sociales y políticos que contribuyeron a la unidad de las fuerzas políticas de izquierda, y fue firmante del Compromiso que el 5 de febrero de 1971 dio lugar al nacimiento del Frente Amplio. En el Plenario Nacional del FA, emergente de las elecciones internas del 12/11/06, fue ratificada su condición de miembro pleno del mismo como personalidad independiente.
¿Qué mas decir? El Pepe D’Elía llenó con su presencia toda una etapa de lo mejor de la historia de nuestra patria.
¡Chau, Pepe, y hasta siempre! *
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