Pepe, el capitán de todos
Pasan las horas y sigo sin aceptar que ya no podremos más llamar al Pepe D’Elía para consultar o pedir una opinión. Seguramente nos costará reconocer su ausencia y esa seguridad que nos transmitía el solo hecho de saber que el Pepe estaba allí y que siempre se podía recurrir a él, a su compromiso, a su sabia humildad.
Y nos costará porque sentimos que el Pepe siempre estará allí, donde cada circunstancia, cada debate, cada momento de tensión del movimiento sindical, así lo exija, recordándonos que pase lo que pase y más allá de diferencias que hay que respetar siempre, la suerte de los trabajadores está ligada a la lucha permanente por la construcción de la unidad.
Entre miles de imágenes, lo recuerdo cuando corrió peligro la unidad del Pit-Cnt a la salida del 3 er Congreso, y él y su trayectoria se convirtieron en el más valioso y exclusivo referente para superar los desencuentros y en el garante de la unidad de la central, con la participación de todos en una sola central única de trabajadores, orgullo de Uruguay.
También lo recuerdo en algunas tertulias, alrededor de un fogón, acompañado de su amigo Félix y en un entorno familiar, a veces en casa del Gallego, donde los participantes nos deleitábamos de las mil y detalladas anécdotas que nos enseñaban la composición y funcionamiento de Uruguay, su sociedad y sus personajes, relatadas por Pepe con los más mínimos detalles. El prestigio de Pepe no fue sólo entre los asalariados del país y los universitarios, sino también entre los actores del sistema político todo, como quedó demostrado en tantas circunstancias. Por su propia forma de ser, profundamente humana y franca, se ubicó siempre del lado de los trabajadores, impulsó sus luchas, pero todo lo hizo sabiendo que las confrontaciones debían apuntar siempre al fortalecimiento y la profundización de la democracia y por lo tanto al fortalecimiento del país.
Ese mérito personal se vio aumentado porque además supo ser fiel intérprete de las urgencias de los trabajadores y a la vez ser un orientador del movimiento sindical y social en la búsqueda de una sociedad mejor, más justa, más equitativa y más libre para todos los uruguayos.
No le quito ninguna virtud a Pepe si digo que su obra fue la de toda una generación de dirigentes sindicales que se pusieron al hombro el destino de la clase obrera y de los asalariados, con una visión de país y de patria muy fuerte.
Decir Pepe D’Elía es decir clase obrera, movimiento sindical, es decir Frente Amplio. Es decir Uruguay, es decir América Latina unida.
Decir Pepe D’Elía es decir compromiso antifascista, es decir antiimperialismo, es decir inspiración artiguista, es decir resistencia a la dictadura en Uruguay.
El Pepe fue el capitán de todos nosotros. Y por eso seguirá orientando, respaldando, criticando si es necesario, a todos los que alguna vez avanzamos sintiendo el impulso de la fuerza que transmitía su mano apretada, sus razonamientos y gestos profundos.
Seguramente las nuevas generaciones, al construir su camino, una vez que lo descubran, sentirán que son parte de una historia que transcurre y se construye entre todos, pero que necesita de grandes hombres como él. *
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