Seguirás siendo nuestro jefe

Uno puede conmoverse con la noticia, sentir el impacto emocional que refleja la pérdida de un ser querido y hasta largar el llanto ­a lo macho­ cuando ya no aguantamos más el «carozo» en la garganta. Pero nunca, estar triste por la muerte de «El «Pepe», él no lo hubiera permitido, sigue siendo el jefe, y a los jefes hay que respetarlos.

¿Qué más podíamos pedirle a un hombre que vivió tan intensamente sus 90 años? ¿Acaso no tenía derecho? Si hasta tuvo dignidad para morir. A lo grande.

Ahora, que se genera tanta discusión y debate para escribir la historia más reciente del Uruguay, pensamos que nadie discutirá la inclusión de su figura, su trabajo, su aporte, durante gran parte del siglo pasado, que lo vinculan a todas las luchas y movilizaciones de los trabajadores y de nuestro pueblo a favor de la democracia, la libertad, los derechos de las grandes mayorías y la solidaridad internacional.

Fue justo el homenaje que le rindieron hombres y mujeres de todos los partidos políticos y las salutaciones de los que no pudieron llegar. Habla de su ejemplo. Lástima por los que no estuvieron de ninguna forma. Habla de sus valores.

Muchos de ellos, se refirieron a su vida como «un articulador», «un negociador», un hombre «con el que se podía hablar». Algunos reconocieron el papel de «conductor» o «referente» de un movimiento obrero que él ayudó a gestar. Pero «El Pepe» fue mucho más que eso. Fue ­junto a otros hombres y mujeres­ uno de los que entregó su vida a favor de los trabajadores. Que vivió como pensó. Que le puso pasión a sus ideales. De los que entendió a muy temprana edad, que lo individual se rinde ante el colectivo; que «uno» es eso entre muchos; que había, y hay, que organizar y fortalecer las organizaciones sociales y populares, fundamentalmente a la clase obrera y trabajadora, de la ciudad y del campo, para construir una patria en la que rijan otros valores. La solidaridad, la justicia, el amor al prójimo; la justa distribución de la riqueza: la sociedad del pan y de las rosas. Una sociedad sin explotados ni explotadores. A eso dedicó su vida y pudo ver el inicio de esa obra.

«El Pepe» fue constructor y arquitecto de la unidad; sabía antes que nadie, que para ello hay que tener principios muy firmes, para conceder sin renunciar. Fue maestro y profesor de generaciones enteras; de su época, de las posteriores y de las futuras. Practicó en vida, aquello que decía y ejercía el Che: «Hay que endurecerse, sin perder la ternura jamás».

Su talla se hace más imponente si se mide por la moral, la ética, el humanismo y los principios revolucionarios.

El sintió un golpe muy duro con la pérdida de su compañera Delma, casi que no supo ­o no quiso­ superar. Se aferró al cariño y cuidado de sus hijas Elisa y Lídice, y disfrutaba siempre estar rodeado de sus nietos y bisnietos. Hasta el último suspiro todos estuvieron con él.

Dos anécdotas ­entre tantas­ miden la dureza de su ternura y la grandeza de su humildad.

Hace algunos años, en un aniversario de Gerardo Cuesta en la plaza que lleva su nombre, aparece en un auto la emblemática figura de «El Canario» Félix Díaz, ya enfermo. Micrófono en mano, «El Canario» sin bajarse, saluda el acto y termina trasmitiendo tranquilidad a todos, que está mejor y que «…aquí no se rinde nadie, carajo!». Don D’Elía se acercó hasta él y ambos se abrazaron, con los ojos llenos de lágrimas. Pocos días después, falleció «El canario Félix». Hasta en eso eran compinches y maniobreros. Los compañeros de la central, me designaron para acompañar a «El Pepe» a un Congreso que se desarrollaba en la República Dominicana en el año 93, donde le hacían un homenaje. Las actividades diarias terminaban muy tarde, pero el pedía retirarse siempre a las 19.00 horas. Todas las mañanas, a las 6.00 en punto, me golpeaba la puerta de mi habitación, suavecito, cómo no queriendo hacer lo que hacía y preguntaba: «¿Negro, tás dormido?». Sí estaba, pero era señal de que «El Pepe» quería tomar mate y conversar. Chau «Don Pepe», aunque tu humildad no te lo permita, a partir de ahora pasaste a la inmortalidad y tu ejemplo será guía y acción de la clase trabajadora, tú clase. Seguirás siendo nuestro jefe, ya lo decidimos y por unanimidad. *

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