¿Cómo se para Brasil ante Estados Unidos, Venezuela y la región? Habla un "Patriota"

Ante la inminente visita de Lula: aventar el lamento y mirar lejos

En los últimos tiempos las relaciones de los dos países no han sido las mejores, particularmente porque desde esta comarca sentimos que Brasil no ha tenido políticas activas que permitan ayudar a destrabar el conflicto con Argentina, por la instalación de Botnia en Fray Bentos.

A la vez nadie más o menos sensato y que realmente quiera «más y mejor Mercosur» puede pensar que eso se puede lograr sin la participación de Brasil, que es el país con mayor desarrollo capitalista de Sudamérica y con un gobierno políticamente afín al del doctor Tabaré Vázquez.

Uruguay no puede quedarse en el lamento tanguero de reprocharle a Brasil por sus apatías en relación al conflicto pastero. Por ello el encuentro de los dos presidentes debe transformarse en la gran oportunidad para establecer bases de acuerdo que permitan superar las asimetrías de las economías de la región, en la perspectiva de una mayor apertura del Mercosur al mundo y a toda Latinoamérica. Más cuando ha surgido la esperanza del diálogo directo con Argentina, por el conflicto de las pasteras, lo que puede llevar a un nuevo clima mercosuriano.

Como en cualquier reunión, seguramente impregnada de elementos de negociación, vale saber lo que uno quiere, pero también hay que conocer por adelantado lo que el otro piensa, por eso importan algunos pasajes de una reciente entrevista que se le realizara al próximo embajador de Brasil en Estados Unidos, Antonio Aguiar Patriota, que en nuestra país recogiera La Onda digital (Nº 322) pero que fuera realizada en origen por Folha de San Pablo.

 

La mirada de un «Patriota»

­En términos prácticos, ¿el Alca está muerto?

­No. Lo que hubo con relación al Alca fue una redefinición de contornos que llevó al acuerdo de Miami, previendo acuerdos plurilaterales en las áreas en que uno u otro participante no quisiese asumir nuevas responsabilidades. Y nosotros veíamos como problemático el hecho de que el Alca parecía, a nuestros ojos, menos una iniciativa tendiente a una apertura de mercado ­que nos interesa mucho y por la cual vamos a continuar trabajando con mucho énfasis­ y más a un esfuerzo de armonización de reglamentos y leyes en la región de las Américas, por ejemplo, en el área de la propiedad intelectual.

­El ministro Celso Amorim dice de forma más directa: Brasil quería apertura de mercado y Estados Unidos quería exportar sus leyes, defender sus patentes…

­Exactamente. También en el área de inversiones, de compras gubernamentales. Y ahí Brasil no tuvo interés, porque dicho modelo habría sido problemático para nuestro desarrollo industrial. Es interesante destacar que esta evaluación se difundió mucho, aun en sectores que parecían más proclives al Alca.

­Entonces, el Alca murió.

­Mire… Algunas personas prefieren decir que está hibernando.

­¿Existe la posibilidad de que Brasil corra de atrás y negocie acuerdos también por separado, como hicieron otros países con el fin del Alca?

­El hecho es que, a pesar de los acuerdos bilaterales, el comercio de Brasil con los países sudamericanos aumentó mucho más que el comercio de Estados Unidos con esos mismos países. Eso indica que estamos acertando aquí en la región.

­Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Ortega en Nicaragua. ¿Este perfil de presidentes no puede perjudicar las relaciones con Estados Unidos?

­Venezuela es el segundo socio comercial de Estados Unidos en América Latina, y Brasil el tercero. Retórica aparte, esto ya dice todo.

­¿Y las embestidas de Chávez y Morales rumbo a la nacionalización de sectores importantes para Estados Unidos como la energía?

­Si miramos hacia la región, hacia América del Sur en particular, todos los gobiernos, sin excepción, fueron democráticamente electos. ¿Cuáles son las otras regiones del mundo en desarrollo sobre las cuales se puede decir esto? Creo que ninguna, ninguna otra. Esto es lo que importa.

­En la visita de Condoleezza Rice a Brasil, ella dijo que la legitimidad electoral era apenas un dato de la democracia. Y fue un recado directo para Venezuela.

­Es verdad que es un dato, pero es uno de los primeros y es fundamental. Otro aspecto es que han sido electos en la región líderes que dan importancia a la agenda social y esto también es relevante en una región tan marcada por desigualdades. El agravamiento de estas desigualdades puede llevar al debilitamiento de la propia democracia, con rupturas institucionales, crisis internas, conflictos que merecen ser evitados. El énfasis en la inversión social es positivo.

­Las últimas novedades del gobierno de Chávez, con reelecciones sucesivas, ¿se encuadran en los pasos de la democracia?

­Es curioso que pensemos que hasta 1950 y pocos años los americanos tenían derecho a reelecciones por tiempo indeterminado, y Franklin Roosevelt fue electo cuatro veces. Fue en los años de 1950 que se llegó al límite de dos períodos. Quiere decir que todos los países están perfeccionando y desarrollando formas democráticas.

­¿Venezuela no está dando marcha atrás?

­Esto le compete al pueblo venezolano. Parte de la cultura democrática es justamente respetar la voluntad popular.

­Brasil se enorgullece de servir como mediador entre las crisis en la región y entre los vecinos y Estados Unidos. Queriéndolo o no, ¿usted va a ser parte de esta táctica?

­El presidente Lula ha dicho claramente que no se puede buscar el desarrollo económico y social y mejorar las condiciones de vida de su población, ignorando a los países de alrededor. No podemos anhelar transformarnos en una nación desarrollada si estamos rodeados de bolsones de pobreza. Estamos todos en el mismo barco, y esto contaminó la acción externa brasileña en los últimos años.

­La Unctad (órgano de la ONU) detectó que América Latina fue la única región del mundo que perdió inversión extranjera directa en 2006, por miedo a la quiebra de contratos, riesgos de re estatización y nacionalización de empresas. ¿Brasil no es afectado por estas embestidas de la «república socialista del siglo XXI» de Chávez?

­Usted me hace recordar una frase de Condoleezza Rice cuando vino a Brasil: «Yo me rehúso a ‘chaveizar’ la relación de Brasil con Estados Unidos». Yo también. Es una buena frase. Tenemos una buena relación con Venezuela, y es preciso mirar el capitalismo del siglo XX de Venezuela y ver que tampoco tenía nada para ser aplaudido. Un país con tantos recursos naturales, una riqueza fácilmente explotable, y que no tradujo esto en un desarrollo económico y social. Este, además, es un rasgo de casi todos los países de la región.

­Como embajador de Brasil en Washington, ¿usted podrá ser una especie de portavoz de la región junto a Estados Unidos?

­Como máximo, podemos presentar de la manera más clara posible nuestros análisis, ponderaciones y nuestra comprensión del marco regional para que no haya una tendencia a categorizar de manera precipitada o estereotipada, para que haya una comprensión de los fenómenos dentro de su dimensión real.

­¿Cuál es el prisma brasileño?

­Hay una preocupación con la estabilidad en la región, con el perfeccionamiento de la democracia, sin que esto implique no respetar la soberanía y la voluntad popular. Y tenemos interés en la cooperación con todos los países de la región y, con Cuba, particularmente, tenemos el deseo de evitar que haya un irritamiento innecesario de tensiones.

­¿El trauma del apoyo americano a la dictadura brasileña quedó en el pasado o dejó marcas hasta hoy?

­Los diplomáticos trabajan con
el presente y con las oportunidades del momento. Lo que veo en el presente es una interlocución madura y fluida, respeto recíproco y confianza recíproca. Y hay factores muy favorables a una mayor aproximación aún. El biodiesel es uno de los principales. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje