Lacalle Pou: "Se viene una ley presupuestal hecha con remiendos y que no dice adónde va el país"
Por Raúl Legnani
–¿En qué cambió su vida desde el momento que fue electo diputado?
—Ser diputado fue asumir una responsabilidad que no depende de uno mismo, porque un empresario puede hacer un buen producto y que por eso le vaya bien, pero en esto cada cinco años hay una cantidad de personas que te dicen que te fue mal o bien. Tanto el matrimonio como la actividad política es una decisión de vida y la política es la actividad más linda del mundo.
–¿Por qué es la más linda?
—Siempre digo que fue difícil no enamorarse de una profesión estando junto a una persona como Lacalle que la vive con muchas ganas y con mucha pasión, que además sentís cariño por ella y que aparte no le ha ido mal.
Creo que la gota que derramó el vaso para que yo me dedicara a esto fueron los peores momentos que vivimos en nuestra familia.
–En eso que usted llama los malos momentos, ¿en qué se refugió, de dónde sacó la fuerza?
–En la fe en Dios.
–Eso dice su padre, también.
—Es verdad. Yo practico a mi manera la religión. No voy a misa, pero desde los diez años rezo.
–¿Cuándo descubre a Herrera como político?
—Lo descubro en mi casa con anécdotas de mi padre, en las recorridas del país en diálogo con mucha gente, pero lo descubro cuando leo el libro de Haedo y cuando leo el libro del doctor Lacalle. Lo descubrí no sólo por curiosidad, sino también por necesidad.
Lo que más me gusta de Herrera está en el libro de Lacalle, donde dice todas las cosas que fue. Y lo que más me gusta es cuando recuerda que fue embajador, diputado, juez de paz, periodista, pero resalta lo de montonero. Y creo que él de lo que más se sentía orgulloso era de haber sido montonero, servidor de Aparicio Saravia.
Herrera trazó la política exterior que el país debe aplicar y a la vez fue un visionario, una persona que se supo adaptar a través de los tiempos. Alguien que durante más de 40 años fue el jefe civil del partido. Su vida fue una verdadera epopeya, de leyenda, porque nadie gana una elección después de perder tantas, a los 80 y pico de años.
–¿Cuándo descubre a Lacalle como político?
—Antes que nada en sus pequeños gestos humanitarios, en el cariño hacia la gente que muestra a diario. Recuerdo cuando íbamos caminando por el barrio y hacía ciertas cosas pero sin salir después con la corneta a decir que las hizo.
Hay una anécdota que no sé si le va a gustar que la cuente. Un día estábamos en nuestro barrio, el barrio «La mondiola», cuando el viejo llegó de laburar. De repente vio un carro con un caballo subiendo por Pereyra de la Luz. Estacionó el auto, se fue a la esquina y empezó a empujar el carro para que subiera. Son esas cosas que me hacen enamorar de una personalidad.
Ayer en casa empezamos a hacer anécdotas de las cosas extrañas que pasan y ahí se ve la característica humanitaria de una persona. Después lo empecé a escuchar como político, descubrí las ideas, el ímpetu, la voluntad, la capacidad de revertir situaciones.
En LA REPUBLICA salió un muy buen artículo que aún conservo en la contratapa de un suplemento que se llamaba «Tómelo o déjelo»…
–Firmado por Raúl Morales; soy yo. Escribí sobre los cuatro candidatos a la Presidencia y firmé con seudónimo para no condicionar con mi nombre un trabajo que se esforzó por ser objetivo al extremo.
–Que tiene un dibujo de Lacalle arriba de un caballo.
–El dibujo es de Serrano. ¿Y?
–Es una muy buena descripción, objetiva, de un tipo como Lacalle que movió montañas. Lo que más me atrae de Lacalle es su capacidad intelectual, su conocimiento de los mecanismos para hacer una cosa, pero siempre con un pie en la tierra. Hoy le llevo un problema de una escuela, por ejemplo en Tapia y tiene una solución porque conoce el medio, porque conoce los mecanismos y porque conoce los aspectos técnicos.
–¿Qué anécdota le contó ayer a sus padres en la mesa familiar?
–Hablamos de aquellas personas que recurren a uno, sin conocerlo, a pedir algún tipo de favor monetario. El otro día vino un correligionario que se decía amigo de Lacalle, a manguearme unos mangos. Lo vi mal, el hombre tenía una pata mal y a un hombre llorando a uno lo sensibiliza mucho. Pero como yo en ese momento no tenía plata, hice una colecta entre la agrupación y le di unos mangos. A las dos semanas yo estaba en una audiencia en el comité y me anunciaron que esa persona estaba ahí. Para mis adentros pensé que me venía a devolver el favor. Yo emocionado lo hice pasar, me dijo que le había ido mal–porque aquellos mangos eran para comprar unas cosas–y de inmediato me pidió más guita. Como una cosa es ser bueno y otra es ser hijo de la pavota, le dije una serie de disparates. El hombre bajó la cabeza, asumió que estaba en infracción y cuando se iba me dijo: «No tenés diez pesitos para el ómnibus». Se los di, si el loco era un fenómeno (se ríe).
–¿Qué le conmovió más de Canelones cuando lo descubrió?
—Yo en Canelones lo único que no hago es dormir y uno se va enamorando o tomando relacionamiento con la gente. Es tan variado el departamento y te exige tanta cintura que te exige a ti mismo. Usted sale de Las Piedras y es una realidad totalmente diferente a otros puntos. Están los colonos por un lado, son 497, y después tenés la ciudad más grande del Uruguay después de Montevideo. Quizá yo me sienta más identificado con las zonas rurales, porque existe mucho más el mano a mano. Yo me paro en la plaza de Tala y saludo a cinco personas sin querer, que te conocen, que tomaron un mate contigo. Ahora tengo puesta la camiseta del departamento a través de la gente. Tengo pensado irme a vivir a Canelones cuando junte unos mangos y me pueda comprar algún terrenito o algo. Mi sueño es vivir en la Ruta 11, en la Estación Pedrera, pero si uno empieza a agrandar la familia y quiere mandar a estudiar a los hijos a ciertos lugares, se complica un poco.
–¿Su carrera de abogacía fue muy rápida?
—Fue rápida, pero no fui de los mejores estudiantes. Siempre tuve la conciencia de que cuando el agua llegaba al cuello había que salir rápidamente. Tuve tres o cuatro traspiés bastante grandes, fui de perder dos o tres veces un examen, pero nunca dejé que se me fuera un año. Cuando tenía que encerrarme a estudiar un mes o un mes y pico, lo hacía. El último examen fue oral, lo salvé con nueve y fue con un profesor grado 5.
–No debe ser sencillo dar un examen siendo el hijo del Presidente de la República. ¿Pesa la responsabilidad?
—Hubo profesores que se encontraron con el doctor Lacalle y le decían (pone voz grave): «Hasta que tu hijo no estudie yo no le hago salvar el examen». Y el viejo le decía «metele fierro, nomás». El viejo es así, cuando estuve detenido en la Policía por un problema con un coracero en el estadio –me arrancó cuatro dientes de un golpe–, Lacalle me dejó incomunicado.
También tuve profesores que no eran de nuestra colectividad. Recuerdo a uno que estaba pasando la lista –ya había tenido de alumna a mi hermana–, y dijo (pone voz de asco): «Tuve a su hermana, lo tengo a usted, al que no le gusta la sopa dos platos».
–¿Por qué no dice quién es?
–No, no.
–¿Qué materia le gustó más de la carrera?
–Creo que Constitucional fue la que más me gustó, quizás porque es la más relacionada con la política.
–¿Qué onda tiene con los jóvenes, con su
generación?
–He tenido reuniones muy lindas con gente joven. Algunas mateadas en Las Piedras, en el interior del departamento. Ahí llego, me aflojo la corbata, busco que haya un mate de por medio y largamos a conversar. Yo le presto mucha más atención a una persona de mi generación, que quizás de otra. Es que enseguida me pongo de escucha. Ahora el 28 hay una reunión de las Federaciones Herreristas en Durazno, que va a ser muy linda. Aparte provengo de un sector y de un partido que a la gente joven le ha dado espacios: los directores de entes autónomos, servicios descentralizados tienen el más bajo promedio de edad. Lo mismo aquí en el Parlamento. Somos la bancada más joven, por lejos. La juventud no es una persona que levanta una bandera, pinta un muro y toca el tambor, si hace eso y aparte se le da la participación debida es otra cosa. Nosotros le damos un lugar a los jóvenes, más allá de las palabras.
–Cuando su padre se va a descansar a Florida se lleva los CD de Zitarrosa, ¿usted qué música escucha?
—Hoy me llevo el Canto Popular Nacionalista, el último CD. La Gesta de Aparicio la escucho desde que tengo cinco años, en un disco de pasta. Escucho a Zitarrosa, también a Leonardo Favio, escuché Metálica y Sumo. Tengo gustos muy variados. Lo de Leonardo Favio es muy gracioso. Cuando íbamos al campo con mi viejo, yo tenía once años, ponía en el escarabajo el casete de Leonardo Favio.
Yo lo odiaba, «que te regalaré una rosa», qué sé yo. Pero como los olores, como los sonidos, que te recuerdan lindas cosas, lo empecé a incorporar, me quedó grabado. Zitarrosa me encanta. Mi viejo tiene una cajita con sus CD que no se los podés tocar, entre ellos están los Soares de Lima, Luis Armstrong, Zitarrosa, Jorge Cafrune. El folclore y el canto popular me gustan mucho. Me gusta el rock de la época de Los Estómagos, de Los Traidores, Los Vidrios. Son de la época de las primeras razzias que uno se comía.
–Cuando en la radio pasan tango, ¿cambia de radio?
—Mi señora aprendió a bailar tango. Me gusta. Hace dos años, no sé si fue por algún desplante amoroso o qué, me dio por escuchar tango en FM Gardel. No soy un conocedor, no tengo esa melancolía suficiente para escuchar tangos. Y eso que a pesar de mis 27 años tengo más anécdotas que futuro (se ríe). Es que recordar las historias es lindo.
–¿Qué es para usted Nacional?
–Es el cuadro de mis amores, es una pasión un poco menguada porque no voy tanto al estadio. Pero el sábado fui a ver a Nacional con Juventud. Ojo que yo soy un privilegiado, porque nací en el fútbol en 1980 cuando mi viejo nos llevaba con Shol y su hijo Gustavito, el capataz de la estancia, a la Copa América, cuando De la Peña hizo el gol de bolea. Después dejé de ir, particularmente después de aquel golpe que me dio el coracero y me sacó un poco las ganas. Fui anti-Peñarol, ahora soy nacionalista en todos los términos. Si sale Peñarol afuera quiero que gane.
–Esa es una formulación para quedar bien políticamente…
–No, no, porque fue anti-Peñarol. Claro que si juegan Fénix y Peñarol quiero que gane Fénix. Pero si juega cualquier cuadro uruguayo afuera, quiero que gane el uruguayo.
–¿En Canelones le puso el ojo a algún cuadro?
–Tengo compañeros que son hinchas del Ferro en Empalme, pero también de Villa Olmos, otros son del Cinco Esquinas. Y bueno, en el Juventud de las Piedras la mayoría de su directiva es del Frente. También acaba de salir campeón el Oriental de La Paz. Yo quiero que el fútbol sea de todo el país y no sólo de Montevideo. Quiero que gane el Paysandú Bella Vista, el Tacuarembó, el Frontera de Rivera.
–¿Qué lee?
–Ahora estoy leyendo la crónica de Aparicio Saravia y cuando voy para afuera leo muchos cuentos cortos, camperos, de tradición partidaria. Javier de Viana, por ejemplo. Ahora leo Presupuesto. En la luna de miel me colgué con una novela que estaba leyendo mi señora, pero básicamente leo historia, una historia con anécdotas, como la hace Reyes Abadie. Yo tomé clases de historia con Lincoln Maiztegui y era un buen profesor porque te hacía una clase entretenida.
–Entrando en el plano político. El Partido Nacional no salió bien de todo el proceso electoral. ¿Cómo está viendo a su partido en Canelones?
–Nadie puede negar que el partido no salió bien, cuando sacó 35 mil votos en Canelones cuando las elecciones municipales. Pero esto se logró con el abandono de un candidato que no respetó la lealtad política. Creo que hubo un balotaje de hecho. Mire que fuimos al sacrificio, fuimos a la paliza. Y no le digo que sabíamos lo que iba a pasar, pero más o menos…
Hoy tenemos unos ediles muy buenos. Han llamado a la Junta al intendente, han sido críticos en el buen sentido. Van a marcar una etapa por su buen comportamiento colectivo.
En estos momentos hay una comisión departamental que se eligió el 12 de agosto, un día después de mi cumpleaños, donde está representada la mayoría de los sectores que podían acceder por votación. Está la gente del diputado Julio Lara, de Bernardino Ayala, la 903 con Delgado Sicco, la 505, la gente de la 400, la Lista 2 de Santoro y se está haciendo un trabajo lindo y con ganas.
–Es sabido que el doctor Lacalle se ha transformado en la columna vertebral del Partido Nacional y mucho más. Pero también es claro que el Partido Nacional va a mostrar en las próximas internas nuevas tendencias, nuevos agrupamientos…
–Ojalá, le deseo la mayor de las suertes al emprendimiento del senador Larrañaga y ojalá tenga la mejor votación. Claro que nosotros aspiramos a ganar. Si es un grupo blanco para competir con lealtad, bienvenido sea.
–Ahora aparecen algunos movimientos, aún un poco tenues, pero movimientos al fin. Uno ve a Luis Alberto Heber y a Juan Raúl Ferreira con un buen diálogo, bastante juntos, ¿usted se va a parar siempre del lado de Lacalle?
–Mi líder es el doctor Lacalle. Quizás sean mucho más los encuentros a nivel de líder político que como hijo, a pesar de que tengo una excelente relación con mi padre. Yo sigo a Lacalle y no porque sea mi figura paterna.
–¿Usted está dispuesto a encabezar una tendencia dentro del Herrerismo?
–No.
–¿Con quién está más cerca dentro del Herrerismo?
–Me siento cerca de todo compañero herrerista que atravesó la tormenta y el desierto. Quiero como a un hermano mayor a Luis Alberto Heber, pero aprecio mucho a todos los diputados de la 71 de Montevideo, a todos los diputados del interior. Los siento como un parte mía. Repito: si es con buena fe, bienvenidos todos los reagrupamientos. Le deseo suerte al senador Larrañaga y al diputado Arturo Heber, que ya largó su precandidatura. Esto también se lo dijimos a Ramírez…
–¿Se ha encontrado con Ramírez?
–No, no me encontré. Ya no me acuerdo ni quién es. No creo que si nos encontráramos pueda ser un momento muy agradable. Ramírez es como el cometa Halley, es una estrella fugaz. En una actividad lo bueno no es que sea corta o larga la vida, el asunto es que sea buena. Esa vida fue corta y horrible.
–¿Qué es lo que más le interesa o preocupa del Presupuesto?
–Toda ley debe tener un contacto con la realidad. Hoy estamos en un momento de recesión, un momento de desempleo, con la gente un poco desesperanzada, con un costo del Estado que es importante y que a veces detiene a los sectores productivos e industriales, por eso hay que tener una visión global. Yo no soy de la teoría de que se corte perjudicando una fuente de
trabajo, porque si hoy el funcionario público va a la esfera privada forma parte de una cifra, ni tampoco que se recorte un salario.
–Se habla de costo país, del costo del Estado pero cuando llega la hora no se toca a nadie y nadie se anima a achicar ese Estado. Estamos siempre ahí…
–Cuando asumió el doctor Jorge Batlle parecía que cortaba por todos lados. Yo creo que hay recortes que no pueden ser, como es el caso de las Juventudes Agrarias que le cuestan al país 125 mil dólares. Hay un artículo del Presupuesto que les saca esos 125 mil dólares por año y van a la secretaría general del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. No hay recortes, pero hay traslación de fondos que está mal hecha. Esperamos que se recorte la publicidad estatal, también racionalizándola, porque no es lo mismo recortar la publicidad para los medios nacionales que le corten a la radio de Tomás Gomensoro o a FM Naturaleza de Tala, radios familiares. Recortemos con prudencia, pero también con criterio. Nosotros creemos que este Presupuesto es un colage. Alcanza con ver la situación del Codicen, ¿es que no se hablaron el Presidente de la República, el Ministro de Economía y el Presidente del Codicen? Doscientos treinta y pico palos verdes de diferencia entre un presiente y otro es fuerte. Por eso creemos que se viene una ley presupuestal hecha con remiendos y lo peor es que no dice adónde va el país. No dice «acá es el incentivo», «acá esto no va más», «plante rabanitos que le va a ir bien».
–¿El país está sin rumbo?
–Yo creo que esta ley de Presupuesto así lo sugiere. No diría que estamos sin rumbo. Sé que el Presidente Batlle es una persona de bien, patriota, que por suerte cuenta con un Partido Nacional que lo puso en la Presidencia y que ha sido el gran generador de ideas. El ejemplo ha sido la propuesta sobre Ancel. ¿Cuál es el «No» a esta idea, cuando Tabaré Vázquez habla de privatizaciones y su Intendencia lleva más de 50 servicios privatizados? Tenemos un Mujica que cuando sale a hablar parece un neoliberal como dicen ellos, que no es una mala palabra porque lo único que quiere decir es nuevos liberales. En el Foro parece que Antel fuera su hermano mayor.
–¿Usted siente que su partido es mejor aliado de Batlle, que el Foro Batllista?
–No sé. Creo que primero tendría que haber una unidad de criterio en la bancada de legisladores del Partido Colorado. Que el Foro no se haga el chancho rengo porque ellos votaron a Batlle y pusieron el vicepresidente y tienen los ministerios más importantes. Entonces, entre fantasmas no nos pisamos las sábanas. Decir que son oposición (hace un gesto de duda con la boca) … pero parece que ahora recibieron un lineazo y votan todo.
–¿Ustedes votan el Presupuesto?
–No soy el portavoz de esta noticia: me parece que el Partido Nacional va a votar en general y no va a votar muchos artículos y va a presentar aditivos y sustitutivos. Yo tengo un aditivo, que es la partida especial para todos los auxiliares de servicios de todos los centros educativos del país.
«Me gusta el mondongo y la tortilla de papas»
–Cuando va a comer a su casa, ¿va por algún plato especial?
–El mondongo o tortilla de papas. En casa la tortilla de papas es un clásico.
–¿Sabe cocinar?
–Sí, de todo un poco. Me tiro al agua con los guisos, trato con la polenta, hago tortillas de papas.
–¿Sabe dar vuelta la tortilla?
–Claro.
–Es que ustedes son especialistas en dar vuelta la tortilla, antes de las internas estaban últimos y terminaron primeros.
–Es que viene de familia (se ríe). Cuando yo tenía doce o trece años los viernes hacía las tortillas, también bifes a la marinera, una carne al horno, un matambre a la leche.
Yo salía mucho de campamento con una barra, salíamos a cazar jabalíes y cuando estás afuera te hacés unos guisos de esos «treinta y siete puñaladas por segundo»: polenta, polenta.
—¿Y el vino?
–Me gusta el vino tinto. En las recorridas por Canelones, mucho salchichón, queso de cerdo, jamón serrano y vino cacero. Pero en los campamentos como el vino que compramos no es Cavernet Sauvignon, me acostumbré mucho a tomar «aviones», cortado con Coca Cola. Entre semana no tomo alcohol, ahora tengo gastritis, por eso trato de no tomar vino tinto. El clarete no me joroba tanto.
Palomeque, Yamandú Castro, Sanguinetti y Hackenbruch
–¿Se ha vuelto a encontrar con Agapo Palomeque y Yamandú Castro?
–No. Con Palomeque me crucé el otro día, pero de lejos. A Yamandú Castro nunca lo veo, debe tener sus propios recorridos.
–¿Lo saludó a Palomeque?
–No.
–¿Por qué?
–Porque lo vi de lejos. Yo no gasto pólvora en chimangos.
–¿Se ha reunido con Julio Luis Sanguinetti y Tabaré Hackenbruch (hijo)?
–No. Porque no tengo interés alguno.
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