El desafío de Inau es desmesurado: educar con y para el trabajo, la convivencia y la cooperación

El anterior Jefe Departamental del Inau, Joaquín De Almeida, está separado del cargo. Las denuncias contra él son añejas, pero sucesivos directorios lo ampararon. Ahora los resultados de las investigaciones administrativas fueron derivados a la Justicia, se llamó a concurso y hay un nuevo director, un nuevo proyecto; otro presente, un futuro distinto. Joaquín De Almeida se recibió de maestro siendo soldado. Fue maestro del cuartel y los militares lo pusieron al frente del Consejo del Niño en San José. Era hombre de la dictadura. Fue el último presidente de la Junta de Vecinos e integrante importante, aunque con bajo perfil político, del esquema de poder local. Desde aquel episodio en el que resultó muerto, en el viejo Hogar de Varones, un internado con un arma que nunca debió estar allí, hasta las últimas acusaciones que se le hicieron por el manejo del personal, los convenios y los fondos en forma irregular, hubo muchas denuncias. De ellas, una larga lista fue objeto de procedimientos que invariablemente terminaban en «a partir de la fecha no se registran actuaciones». Los plazos se vencían y todo quedaba en nada. El ­desde hace muchos años­ director de Jurídica del Inau (doctor Darío Caviglia) tiene mucho que explicar al respecto.

 

Un nuevo jefe, un nuevo proyecto

Pablo Almeida (la aparente coincidencia en el apellido es sólo eso) ingresó al Iname el 19 de junio del 1989. El lo cuenta con mucho humor. «Ingresé un día de motín. Era estudiante de los primeros años de psicología. Se hizo un llamado por el diario y yo me presenté. Algunas personas, cuando vieron mi edad, no me querían dejar ni siquiera anotar, pero como demostré que era estudiante de psicología me dejaron. Y la prueba de fuego fue que el primer día de trabajo había motín.

Yo me presento a las 7 de la mañana, era invierno, estaba muy oscuro, y el hogar estaba semidestruido. Había gente que entró conmigo. Cuando vieron ese panorama como de guerra se fueron».

 

¿Fue en la Colonia Berro?

-Sí. Es un lugar de máxima seguridad. Y yo me quedé todo el día ahí. Hubo escaramuzas, hubo micro motines. Las ollas (de gran tamaño) volaban, palos, bancos, no había nada sano. Había gritos. Y yo metido ahí en el medio, y los chiquilines se daban cuenta.

 

­¿Te quedaste de valiente o paralizado de miedo?

-No, de valiente nunca, yo creo que fue más por curiosidad que me quedé. Me acuerdo de que uno de los chiquilines me preguntó: «¿Tenés miedo, flaco? Quedate acá», me dijo. Y yo me quedé con él, mientras aquello era una locura. Cuando lo comenté en mi familia ­esa noche tarde­ yo no sé si sabían siquiera que me había presentado. Me dijeron: «No mientas». Y les costó mucho tiempo creer lo que les estaba contando.

Me acuerdo de que me agarré con un muchacho que tenía una espalda impresionante. Se estaban peleando dos y los separé; agarré al más grande, me dejó deshecho porque me dio contra las paredes, pero nunca me pegó, nunca. Forcejeamos pero nunca me pegó, pero me hizo trizas contra la pared, era como agarrar un novillo, el cuerpo me dolía todo. ¿Y sabés lo que hizo este muchacho? Me dio la mano ­yo no entendía nada­ y me dijo: «Aguantaste». ¡Me felicitó! Yo no sabía lo que era eso.

 

­Códigos muy ajenos a los que aprendiste.

­No entendía nada. El director en ese momento me dijo: «Vos vas para La Tablada, porque está más tranquilo. Acá no te podemos tener porque es una responsabilidad para nosotros «. Y bueno, ahí quedé.

 

­Así empezaste y hoy estás enfrentado a una jefatura que es muy especial.

­Y ha tenido su historia, como otras tantas.

 

­¿Sentís que se viene encarrilando como vos pensabas?

­Sí, poco a poco sí. Siento que las cosas que yo venía planteando en el proyecto que tuve que presentar y que de alguna manera uno podía pensar, se van encaminando.

 

­Lo que querés hacer, ¿no es desmesurado? Te va a llevar tiempo, ¿pero además se puede?

­Exacto. Yo tuve tiempo para escribir este proyecto, lo escribí estando con hepatitis. Tenía mucho para pensar, y borrar, y escribir de nuevo, y consultar. Tenía gente que me apoyó, gente amiga dentro de la institución, y yo les presentaba cosas…

 

­¿Es un proyecto a la medida de San José o se puede instalar en cualquier jefatura departamental?

­No. Cada departamento tiene su realidad particular. Los concursos respectivos de distintas jefaturas departamentales se hicieron para esos departamentos, porque las realidades son distintas. Por el número de hogares, por la cantidad de chiquilines, hasta la distribución territorial. En Colonia, por ejemplo, los centros están totalmente alejados, casi en la periferia del departamento. En este departamento no, están prácticamente concentrados en la capital.

 

­Rincón de la Bolsa tiene muchas carencias de servicios.

­Sí, es la que tiene más carencia de servicios. Con el Directorio se está pensando abrir un Centro de Promoción de Derechos, que es una especie de consultoría para las familias, con técnicos.

 

­¿Es una especie de hogar de tránsito, que la gente lo pueda tomar de referencia?

­Sí, es asesorar a las familias y tratar de brindar otros niveles de contención, sobre todo a nivel profesional y de seguimiento de situaciones.

 

­En este momento están las inscripciones para proveer 56 cargos, pero anteriormente hubo una inscripción para un concurso para las direcciones de los servicios.

-Sí, pero eso es a nivel interno. Todos los funcionarios del departamento, de estos 170 que hay, que quisieran presentarse al llamado del concurso de oposición y méritos para directores de centros, de estos nueve centros, se podían presentar. Eso está en proceso, se están designando los tribunales y se espera que a mediados de año ya estén las direcciones.

 

­¿Cuánta gente se anotó?

­Creo que se anotaron siete del departamento.

­O sea que no llegaban a cubrir todas las direcciones.

­No. *

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