Caso de sobornos fue el detonante de la dimisión del vicepresidente

"No renuncio a la lucha"

Durante una rueda de prensa en un hotel céntrico en la ciudad de Buenos Aires, en la que no se aceptaron preguntas, Alvarez –con lágrimas en los ojos– deseó que su renuncia «contribuya a tomar las decisiones que la gente espera».

Alvarez admitió que su renuncia se debió a su desacuerdo con «algunas determinaciones» de De la Rúa, en alusión al recambio ministerial que se anunció el jueves, en el que fue confirmado el secretario de inteligencia Fernando de Santibañes y ascendido a secretario general de la Presidencia Alberto Flamarique, ex ministro de Trabajo, sospechosos de presuntos sobornos en el Senado para aprobar una ley laboral. Flamarique, a su vez, presentó renuncia ayer, un día después de haber asumido su función. «Respeto las determinaciones del presidente; sin embargo, no puedo acompañarlas pasivamente y en silencio porque son contradictorias con las decisiones que vengo reclamando en el Senado», señaló el renunciante, al leer un documento que a continuación reproducimos, con los motivos de su alejamiento del cargo:

«En primer lugar, quiero agradecer mucho a la gente que hoy vino a nuestra casa, que no pudimos saludarla porque no quisimos que esto se confunda con un acto político. Quiero trasmitirles los fundamentos de mi decisión.

Presento mi renuncia indeclinable al cargo de vicepresidente de la Nación. Lo hago para poder decir con libertad lo que siento y lo que pienso y al mismo tiempo para no perjudicar al presidente ni alterar la vida institucional. Sobre todo en una etapa donde la mayoría de la gente, nuestra gente, sufre una situación difícil desde lo laboral y lo social. La Argentina necesita confianza interna y externa para volver a crecer.

Soy leal al presidente

Voy a seguir defendiendo el proyecto de la Alianza, de nuestro gobierno. Voy a seguir bregando por las cosas que le prometimos a la gente el 24 de octubre del año pasado. Quiero con este gesto, con mi renuncia, alejar las interpretaciones internistas o de lucha por el poder.

He sido y soy leal al presidente y esto tiene que ir de la mano con la lealtad a mis convicciones, a las de mi fuerza política y a los compromisos con la ciudadanía que nos votó.

De aquí que mi renuncia debe tomarse también como un acto de lealdad. No soy parte de ninguna pulseada por el poder. No me empuja ningún ánimo de debilitar la figura presidencial. Siempre tuve muy presente que las expectativas de nuestro pueblo se centran en la figura de nuestro presidente. Así lo entendí desde que fui nominado en la fórmula y así lo sigo y seguiré entendiendo. Y también sé que el cargo de vicepresidente no permite mayores desacuerdos sobre un tema tan sensible como los sobornos en el Senado.

No renuncio a la lucha. Renuncio al cargo con el que me ha honrado la ciudadanía. Fundé una fuerza nueva para entre otras cosas cambiar drásticamente la forma de hacer política en este país, en nuestro país. Estoy convencido que estamos en una crisis terminal en la forma de hacer política, en la relación entre el poder político y el poder económico y del vínculo entre la política y la gente. Lo vengo sosteniendo no desde ahora sino desde hace más de diez años.

Parece paradójico y a la vez resulta cada vez más chocante. Cuanto más avanza la pobreza, la desocupación, el escepticismo y la apatía desde no pocos lugares se responde con dinero negro, compra y venta de leyes, más pragmatismo y más protagonismo para quienes operan en la política como si fuera un gran negocio para pocos. Esta realidad no acepta medias tintas.

No se puede tratar el cáncer con aspirinas ni alcanzan los discursos que remiten a la acción de una Justicia en la cual muchos de los que deben investigar los casos de corrupción difícilmente podrían soportar una investigación a fondo sobre su patrimonio.

Dos crisis

De aquí que esta situación debe enfrentarse con una enorme cuota de coraje y decisión. O se está con lo viejo que debe morir o se lucha por lo nuevo, que esta crisis debe ayudar a luchar. Atravesamos tres crisis los argentinos: la crisis política social, la crisis moral y la crisis económica.

Para combatir la primera he manifestado que los senadores que protagonizaron las decisiones de los últimos años del Senado debían renunciar. Lejos de ello, han intentado una política de avestruz, se han atornillado a las bancas y a los cargos ahora seguramente se amparan, como ya lo han señalado públicamente algunos en el presidente para decir que nada ha pasado. (… Aquí la alocusión es interrumpida por aplausos y frases de aliento como: …»Â¡Y pegue, y pegue!»).

Confío en que mi renuncia contribuya a que tomen las decisiones que la sociedad y la gente espera. Que se den cuenta que deben hacer gestos que aun en la decadencia los acerque a un nivel de dignidad que no tuvieron en el ejercicio de la función.

Nunca pretendí ocupar el lugar de la Justicia. No he culpado a nadie judicialmente, no es mi función. Eso sí, pedí gestos políticos contundentes, que den cuenta de lo que piensa, siente y demanda la mayoría de la gente. Muchos senadores creyeron que el conflicto se dirimía en términos personales.

No quisieron darse cuenta de que su desprestigio es ante nuestros compatriotas. No se enfrentan conmigo, están enfrentados con la gente.

Respeto las determinaciones del presidente. Sin embargo, no puedo acompañarlas pasivamente o en silencio porque son contradictorias con las decisiones que vengo reclamando en el Senado de la Nación. Sigo teniendo la convicción de que hacer gestos políticos fuertes es lo que está esperando la sociedad para resolver la crisis política.

Desde el llano

Por último, nadie debe entender que esta renuncia significa abandonar mis compromisos y responsabilidades. Voy a seguir trabajando sin descanso por los valores y contenidos que fundaron la Alianza porque constituyen la garantía de cumplir con el contrato social y ético que establecimos con la mayoría de nuestro pueblo el 24 de octubre de 1999.

Muchas gracias. Quiero decir a todos mis compatriotas que no se necesita ser vicepresidente para luchar por una Argentina mejor, para luchar por lo que hemos soñado, para luchar por lo que sentimos. Le quiero decir a mucha gente que me dijo o que me puede decir que no renuncie, que voy a seguir peleando por los mismos ideales que peleé en mi vida: construir una Nación más autónoma, construír una sociedad más justa, más igualitaria.

Lo voy a hacer desde el llano con la misma voluntad, con la misma vocación, con la misma firmeza y con el mismo compromiso que tuve en mi larga vida militante y que voy a seguir defendiendo la Alianza para que siga siendo el instrumento que pueda mejorarle la vida a los argentinos.

Eso es lo importante, todo lo demás es anécdota. Lo importante es que cumplamos con lo que le dijimos a la gente: que mejoremos su vida, su nivel de ingreso, su dignidad, su participación. Y siempre he creído que para lograr estas condiciones teníamos que tener otra política.

Me da mucha vergüenza que un joven de 16, 17 o 18 años sienta que la política es similar al delito, sienta que los que hacemos política y tenemos cargos, los tenemos para incrementar nuestro patrimonio.

Me da mucha vergüenza que se sigan promocionando figuras que son las responsables de que la gente asocie la política al delito.

No lo vamos a permitir. Vamos a seguir luchando para cambiar esta situación. Muchas gracias.»

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