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Denuncian tortura a soldados dados de baja en cuartel de Caballería Nº 7 de Río Branco

Dos familias de Cerro Largo denunciaron, ante el Ministerio de Defensa y en el Juzgado de Paz de Río Branco, un caso de violación a los derechos humanos sobre dos ex soldados del Regimento de Caballería Mecanizado Nº 7 «Gral. Aparicio Saravia», que comandaba el teniente coronel Mario Partamian.

El caso, que los familiares de los dos efectivos dados de baja presentarán en los próximos días ante la prensa y organizaciones defensoras de los derechos humanos, apunta a debatir y tomar medidas sobre los métodos internos que en las fuerzas armadas siguen utilizándose para imponer la «disciplina militar».

No es la primera vez que el rigor disciplinario en la interna militar ­y aun en la policial­ genera denuncias sobre abuso de poder del mando de turno, cuando se continúa aplicando «reglamentos internos» diseñados en tiempos de «guerra antisubversiva» e inspirados en la «Doctrina de la Seguridad Nacional».

En la oportunidad, y ante la queja de los familiares, el teniente coronel Mario Partamian habría aducido que él se rige por los códigos establecidos en el reglamento «R 21″ aprobado en 1972, cuyo rigor fue luego corregido por el reglamento conocido como «Tapas Rojas», elaborado en los años ochenta.

Según informantes de LA REPUBLICA, en los días en que aplicó la sanción contra los dos soldados, Partamian había reprobado su curso de ascenso al grado de coronel. El 30 de noviembre de 2006, cuado se produjeron los hechos, ya había sido trasladado a la Brigada de Caballería Nº 2 en Melo.

 

Arresto, baja y tortura

Dámaso Alain Delgado (26 años) y Marcelo Acosta Pereira (19 años) servían como soldados en el Regimiento de Caballería Nº 7 de Río Branco. Ambos fueron sancionados con 15 días de arresto a rigor e incomunicación, luego de los cuales se les obligó a firmar el pedido de baja.

Acosta había sido denunciado de robar un metro de carpintería. A Delgado le tipificaron una supuesta condición de «psiquiátrico» (con 9 años de servicio en los que portó un arma), lo denunciaron porque habría «mirado» a la esposa de un oficial y por la grave falta de haber dejado una barrera de control levantada.

Dados de baja, se les ordenó vestirse de particular y los obligaron a recorrer «al trote» todo el cuartel, apuntados por dos soldados a caballo, quienes los «pasearon» ante la tropa y los oficiales, los metieron en un chiquero y los abandonaron a pie a los fondos de la unidad, a kilómetros de toda población.

Los dos jóvenes soldados debieron recibir atención psiquiátrica, luego de la tortura psicológica a la que fueron sometidos cuando ya habían cumplido dos semanas de arresto y, expulsados, habían recuperado su condición de civiles. Uno de ellos permanece bajo tratamiento en el Hospital de Río Branco.

Mireya Araújo Ballesté, madre de Delgado, es elocuente al narrar lo ocurrido en una carta enviada desde Río Branco, con fecha 7 de diciembre, a la ministra de Defensa Nacional, Azucena Berrutti, a quien le pide castigar a los oficiales que no duda en calificar como «torturadores».

 

Relato de una madre

«A las 17.30 horas, vinieron dos soldados armados a caballo y obligaron a mi hijo y al otro muchacho a comenzar a caminar al trote de los caballos, delante de ellos; los muchachos se pusieron nerviosos y con miedo, ambos soldados apuntaban los fusiles hacia mi hijo y el otro joven…».

«De repente, se encontraron con una recepción muy grande de oficiales y soldados, fueron paseados por todo el cuartel, como queriendo intimidar a los otros acerca de que si ellos hacían algo malo les pasaría lo mismo», narra la madre del soldado dado de baja.

«Luego de este terrible episodio, con el que tiran la moral de la persona, fueron conducidos por los soldados a caballo a atravesar por el chiquero del cuartel (donde se encuentran los cerdos). Ahí fue donde Dámaso, mi hijo, comenzó a sentirse mal, entró a temer por su vida, realmente pensó que lo matarían y que sus cuerpos desaparecerían comidos por los cerdos que hay allí. Mi hijo se orinó en sus ropas, temió mucho por su vida, pensó en nostros, su familia…».

«Luego de haber recorrido los kilómetros, y continuando apuntados por los fusiles, llegaron a una chacra lindera al cuartel y desde ahí fueron expulsados. Aún cansados y más que nada muy asustados, llegaron hasta la entrada del Regimiento que da a la Ruta 26 a solicitar que les entregaran sus pertenencias, incluyendo sus motocicletas. Les entregaron las motos, pero no el resto de sus pertenencias».

 

«Estamos en democracia»

«Hoy, Sra. ministra, y a raíz de la tortura psicológica a la que fue sometido mi hijo ya siendo civil, además del ataque moral sufrido ante toda la unidad, de la injusticia de la que fue víctima, sufrió una crisis nerviosa fuerte y debió ser internado en un psiquiátrico».

«Como madre y con el apoyo de toda la familia, batallaremos ante quien sea por esta violación a los derechos humanos que hoy se ha hecho con mi hijo. Iré hasta las últimas consecuencias, con los mismos derechos con que muchos uruguayos reclaman hoy las torturas sufridas en la dictadura militar.

Estamos en el año 2006 y en democracia», dice la dramática carta a la ministra.

«¿Qué reglamento interno tienen los cuarteles que les dan el derecho a torturar? ¿Por qué? Cuando concurrí al Regimiento a preguntar el por qué de (luego de) haberle prohibido su libertad y baja posterior, le habían hecho pasar por esa tortura a mi hijo, la respuesta fue que está escrito en los Códigos Militares y Reglamentos Internos».

«Si a alguno de los soldados se les hubiese escapado un tiro y hubiese matado a alguno de los muchachos, ¿también dirían que fue el Reglamento Interno y el Código Militar? Y en el caso de mi hijo, ¿los artículos del Reglamento Interno y el Código Militar dicen que se puede dejar a una persona con daños psiquiátricos por tortura?». *

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