La pastera española puede llevar a las largas su relocalización en Colonia

Ence logró que Kirchner vote una ley para negocios eólicos en la Patagonia

Así se cuenta en una investigación del matutino Clarín. Es una historia interesante por sus intrigas y por la utilización política que han hecho altos funcionarios del gobierno argentino, que se pavoneó de haber logrado de Ence un acto de comprensión frente al litigio planteado desde Gualeguaychú con las pasteras al otro lado de la orilla.

El 12 de diciembre pasado, en medio del grave conflicto con Uruguay por las papeleras, Juan Luis Arregui, presidente de Ence, comunicó oficialmente desde la Casa Rosada que la planta productora de pasta de celulosa que su compañía iba a construir en Fray Bentos, frente a Gualeguaychú, sería relocalizada a 250 kilómetros de ese lugar, en Punta Pereyra, justo donde comienza el Río de la Plata.

A esto, el gobierno argentino lo transmitió como una victoria y la empresa apareció contribuyendo generosamente a una solución del diferendo, y tanto el rey Juan Carlos como el presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, que se interesaron en la cuestión, quedaron muy satisfechos. Ya se conoce que nadie antes de ese día había comunicado nada al gobierno del Frente Amplio.

Arregui hizo la comunicación tras un encuentro pautado con el jefe de gabinete, Alberto Fernández y otro «casual» con el presidente Néstor Kirchner. Es un juego que a menudo practica la dupla, especialmente con columnistas de medios de importancia. Fernández los cita a tomar un café y si la cosa da para más, se suma imprevistamente el jefe de Estado que tiene su oficina pegada a la del funcionario.

El triunfalismo del titular de Ence y de los gobernantes hizo pensar que había algún negocio, subraya el investigador de Clarín. Es que «nadie pierde tanta plata y modifica semejante proyecto sólo por aparecer como el bueno de una película que, para colmo, protagonizan los políticos», dijo al matutino un empresario argentino.

 

Las razones del gesto «generoso»

Según el diario, por fuentes de la empresa española, hasta hace un año Ence llevaba invertidos en Uruguay «entre 230 y 240 millones de dólares». Eso por la compra y movimiento de tierras, apertura de caminos, alambrado perimetral, la construcción del puerto propio, que según dijo Arregui por televisión costó 80 millones, el proyecto de ingeniería, el desarrollo de la logística para construir la planta, algunas instalaciones, y otros gastos.

A eso hay que sumarle los beneficios impositivos de los que gozaría Ence en Fray Bentos, por 30 años, gracias a la vigencia de la Zona Franca dispuesta por el gobierno uruguayo cuando se firmó el convenio de radicación. Beneficios que en el nuevo lugar de localización todavía no le han sido concedidos. Y, dentro de la planificación económica de la empresa, la postergación sin fecha del comienzo de una producción ya comprometida con la demanda de los clientes. Un significativo lucro cesante.

Entonces, la pregunta es recurrente: ¿a cambio de qué tomó esa decisión la empresa española? ¿Sólo por un gesto de buena voluntad o porque había otro gran negocio en la mira de Arregui? Es que Arregui, que llegó a la presidencia de Ence, hace tan sólo 8 meses es un hombre que hizo su fortuna en empresas relacionadas con la energía, y especialmente la energía eólica, la que se genera con la utilización del viento. Actualmente también es vicepresidente y segundo accionista de Iberdrola SA, líder mundial del sector eólico, y participa de la estructura de Gamesa SA uno de los más importantes promotores mundiales de parques eólicos, y de la que también fue fundador. «En España se lo conoce a Arregui como «el hombre del viento», destaca Clarín.

Vientos hay en muchos sitios, pero muchos más en la Patagonia argentina, y como por la pastera conoció a los más altos funcionarios argentinos, no habló solamente sobre ese caso sino que abordaron la crisis energética, las posibilidades de utilizar mejor las fuentes renovables de energía para producir electricidad, y todo lo relativo a esa actividad.

 

Ence y el fomento eólico

Casualmente, sino se quiere ser suspicaz, una semana antes del anuncio de Arregui sobre la relocalización de Ence, el 6 de diciembre el Parlamento argentino sancionó la Ley 26.190 de Régimen de Fomento Nacional para el uso de fuentes renovables de energía destinada a la producción de energía eléctrica.

Allí se establece un régimen de inversiones y beneficios impositivos para quienes realicen emprendimientos de energía eólica, entre otros. Todo bajo la órbita de la empresa estatal Enarsa (Empresa Nacional de Energía SA).

Así, para las españolas Iberdrola y Gamesa se abre un terreno fértil para explotar en la Argentina una actividad poco desarrollada, pero con mucho potencial. El viento patagónico tiene una velocidad promedio de 22 km/h, y en algunas zonas superior a 36 km/h. lo que lo hace muy atractivo para la actividad.

La pregunta que queda flotando es si una vez resueltos los eventuales negocios eólicos de Ence ¿cuál será el destino de Ence en Uruguay?

«Es el mismo interrogante que comparten algunos ejecutivos de esa empresa, quienes le confiaron a Clarín que observan a Juan Luis Arregui más entusiasmado con el viento que con la pasta de celulosa, y alimentan un legítimo temor por su futuro», advierte Clarín.

A Arregui lo conocen como «el Buho», y por su amistad con el rey Juan Carlos.

En su momento anunció que los primitivos 600 millones de dólares de inversión de su pastera se duplicarán hasta los 1.250 millones para pasar del objetivo del medio millón de toneladas al millón.

Arregui apuesta fuerte y quiere convertir a Ence en el primer productor europeo y segundo mundial de celulosa de eucalipto. Se verá. *

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