Abdala y la "ciudad prohibida"

El diputado del Foro Batllista Washington Abdala sacó a relucir el pasado jueves 18 su más definido perfil de «soldado batllista», como le gustaba autodefinirse en una vieja campaña electoral.

A pocas horas de haber retornado de un viaje a China, que lo mantuvo alejado del verano austral por casi 20 días, el representante notó que en el ámbito parlamentario algunas cosas habían cambiado y, según él, para mal.

Al forista Abdala generalmente se lo ve inquieto, rápido, de un lado para el otro, casi corriendo en los pasillos del augusto Palacio Legislativo y el jueves, casi como de repente, se dio cuenta que tenía sus pasos acotados, como los pasos perdidos, salvando la redundancia ya que él pertenece a ese ámbito.

Resulta que al estar en pleno receso de las actividades de gobierno, algunas de las puertas de acceso al viejo edificio legislativo permanecen cerradas y eso exacerbó los ánimos de Abdala.

«¡Que significa esto! ¡¿Acaso estamos en la ciudad prohibida?!» preguntó enfadado y a los gritos con el recuerdo aún intacto de uno de los lugares que visitó en su reciente estadía en China.

«Primero, buenos días», le dijo un funcionario reclamándole el saludo de rigor, lo que hizo apaciguar un poco sus ánimos. «Nosotros no damos la orden de cerrar las puertas. Usted debe dirigirse a otra oficina a hacer el reclamo, señorrr diputado», le espetó el funcionario poniendo -como se ve- énfasis en la «r» .

Acomodándose el jopo, Abdala giró 180 grados sobre uno de sus pies, taconeó y marchó como un soldado a la oficina de la Comisión Administrativa a plantear su queja de puertas abiertas.

Al otro día, ayer viernes precisamente, el Palacio Legislativo amaneció con todas sus puertas abiertas de par en par aunque el diputado Abdala no lo supo hasta ahora. No apareció durante todo el día. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje