Vendedor de antigüedades perdió todo
La casa de un vendedor de antigüedades quien no consideró importante decir cómo se llama, ubicada sobre la Interbalnearia, fue totalmente arrasada ayer por el fuego que avanzó vertiginosamente desde el Balneario Argentino hacia Jaureguiberry. Los arenales y el entorno afectado severamente por otros incendios no impidieron que el gran calor dejara reducida a escombros, hierros retorcidos y materiales hechos cenizas, a la casa, construida con materiales livianos, de este hombre que muchos turistas y montevideanos suelen visitar. Allí, entre los pinos y la arena, tiene a la venta todo tipo de artículos antiguos: desde atractivas ruedas de carreta hasta añejos carteles del nomenclátor de distintas ciudades de nuestro país, exóticas botellas de vidrio y muchas otras cosas. Nada o casi nada se salvó de la voracidad de las llamas.
El hombre, felizmente, no se encontraba allí cuando unos vecinos le avisaron del incendio; vive solo, por lo que nadie fue presa de las llamas. Cuando llegó, contempló con resignación en qué se habían transformado su casa y su medio de vida.
«No quedó nada, ahí está la prueba. Con el fuego tenés que arrancar y correr si no te agarra. Esto vino de allá, cuando a mí me avisaron yo estaba en balneario Solís, como a 15 kilómetros de acá».
Coincidió con autoridades y otros vecinos en que el viento de ayer jugó un papel preponderante en el avance de las llamas. «Sí, con el calor se empezó a levantar y levantar viento, cruzó la calle y cruzó la ruta, ahí está la prueba».
El hombre, menudo, bronceado por el sol y trepado a una bicicleta, nos dijo que ahora no tendrá que arrancar de cero con su trabajo, «yo diría que más arrancar de cero, de menos cero», narró ya consolado y dispuesto a seguir luchando.
Su nombre no importa, dijo él, «todo el mundo me conoce acá sobre la carretera».
Suizos muy enojados
Entre el Balneario Argentino y Jaureguiberry hay un rincón casi paradisíaco en donde varias familias de origen suizo han erigido hace muchos años pequeños pero cálidos complejos que por estos días están colmados, principalmente de europeos que optan por estas tierras para eludir el invierno del norte. Los tres complejos turísticos (Cabañas Pueblo Suizo, Paraíso Suizo y Resort Suizo) fueron ayer totalmente rodeados por las llamas. Los propietarios, pala y chicotes en mano, fueron los primeros en ponerse a trabajar hasta que llegaron las topadoras municipales y personal del Ejército para contener las llamas.
Sin embargo, al igual que otros vecinos, se lamentan de que cuando ocurren estos eventos, las coordinaciones no llevan según ellos a aprovechar más adecuadamente todos los recursos disponibles y en forma rápida.
Además, narraron algo que parece insólito y que tiene relación directa con el peligro siempre latente de que ocurran incendios en esa zona de la costa canaria. Tras el voraz siniestro que se desatara en esa misma zona hace un año, las tres familias hicieron contacto son sus raíces en Suiza, y con dinero propio adquirieron equipos del ejército de aquel país: 2 bombas, 300 metros de mangueras para incendios y otros equipamientos capaces de dar una respuesta rápida y eficaz en toda la zona de Jaureguiberry, y reforzar los elementos con que cuenta el pequeño destacamento de bomberos local. El equipamiento es capaz de tomar agua de cualquier fuente hídrica, incluso de pequeñas piscinas de jardín. Sin embargo, por alguna razón que estas familias suizas radicadas en la zona no pueden entender, hay trabas burocráticas que no permiten que todo ese equipamiento ingrese a nuestro país, sin costos para nadie más que para ellos mismos.
Varias familias optaron por alejarse de sus alojamientos e irse de paseo a Piriápolis o Atlántida; otras, directamente, debieron ser evacuadas y cancelaron su estancia en la apacible zona, generando además las consiguientes pérdidas para estos negocios, en plena temporada veraniega.
Estos son sólo algunos testimonios recogidos ayer entre cenizas y troncos incandescentes, en una zona de la costa canaria que parece señalada, porque éste no fue el primer incendio de verano que se produce allí. Cada temporada se repite la pesadilla para decenas de familias que residen en forma permanente, y otras tantas que optan por vacacionar en el lugar.
¿Cuál fue la causa de este siniestro? Nadie se atrevía a confirmarlo ayer, aunque seguramente medió alguna imprudencia. Pero ése es otro tema: dependerá de los resultados de las investigaciones que ya inició bomberos.
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