
Saddam llegó al cadalso sereno, sujetando un Corán con sus manos atadas, y se negó a que le pusieran una capucha. Horas después, una cadena de televisión privada iraquí difundió imágenes de su cadáver, envuelto en una mortaja blanca.
“Subió con calma al patíbulo, resuelto y valiente”, relató el consejero de Seguridad Nacional, Muafaq Al Rubai, testigo de la ejecución, que tuvo lugar entre las 05.30 y las 06.00 locales (02.30 y 03.00 GMT).
No dio “ninguna señal de arrepentimiento. Alababa a los muyahidín, alababa a los yihadistas (…) Insultaba a los persas e insultaba también a Occidente”, contó Al Rubai a la televisión nacional Iraqia.
“Saddam dijo: ‘Espero que permanezcan unidos y les advierto: no confíen en la coalición iraní, esa gente es peligrosa”, relató otro de los testigos, el juez Munir Haddad.
“No trató de resistir y no pidió nada. Tenía en sus manos un ejemplar del Corán, que deseó enviar a una persona. Alguien tomó el nombre del destinatario del Corán y prometió cumplir el pedido”, abundó Al Rubai.
“Añadió que no tenía miedo de nadie”, dijo Haddad, juez de la Corte de Apelación del Alto Tribunal Penal iraquí, la instancia que el martes ratificó la sentencia a muerte del dictador tras un juicio cuya independencia ha sido severamente cuestionada.
La televisión iraquí, al igual que las cadenas internacionales, difundieron una secuencia de unos 20 segundos filmada durante los últimos minutos de vida de Saddam.
Vestido con un traje oscuro y una camisa blanca, el ex presidente fue conducido al cadalso por dos hombres enmascarados que le colocaron un pañuelo negro en el cuello, y luego una soga. Las imágenes se detuvieron en esta última secuencia y no mostraron el ahorcamiento.
La ejecución tuvo lugar en uno de los centros de tortura utilizados por el gobierno de Saddam Hussein en Kadhamiya, al norte de Bagdad, que actualmente funciona como cuartel de los servicios de inteligencia iraquíes.
El primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, se felicitó por la “ejecución del criminal Saddam”, aunque lanzó una llamada a la reconciliación de aquellos partidarios del ex presi- dente cuyas “manos no estén manchadas de sangre”.
El dictador, que dirigió el país con mano de hierro durante casi 25 años, desde 1979 hasta 2003, fue condenado a morir en la horca el 5 de noviembre por la matanza de 148 aldeanos chiitas en el poblado de Dujail en represalia por un atentado frustrado en su contra en 1982.
También era procesado por el asesinato de unos 180.000 iraquíes kurdos en las denominadas campañas de Anfal en 1987-88.
Detenido el 13 de diciembre de 2003 cerca de su ciudad natal de Tikrit (60 km al norte de la capital) por soldados estadounidenses que le hallaron en un escondite subterráneo, pasó los dos últimos años detenido en un lugar secreto.
La ejecución de los dos coacusados del ex presidente, su medio hermano, Barzan Al Tikriti, y el ex presidente del tribunal revolucionario, Awad al Bandar, fue aplazada a último momento para destacar la muerte de Saddam, explicó Al Rubai.
Los coacusados recibieron con calma la noticia de la ejecución de Saddam Hussein. Con respecto a su futuro, Rubai precisó: “Serán ejecutados después de las fiestas del Aid al Adha”, la fiesta musulmana del Sacrificio, que termina el jueves.
“Fue un proceso 100% iraquí. Sólo había iraquíes, ningún extranjero”, recalcó.
También asistieron a la ejecución el fiscal general, un médico, un representante de Maliki y algunos periodistas.
La ejecución fue acogida con disparos de alegría por una multitud congregada en la zona céntrica de Nayaf, la ciudad santa chiita ubicada también en el sur de Irak.
En Bagdad se escucharon brevemente algunas detonaciones y ráfagas de ametralladoras automáticas en señal de júbilo; también, en los barrios con mayoría de población chiita.
El presidente estadounidense, George W. Bush, que dormía mientras Saddam fue ejecutado, calificó su muerte como un importante hito en el camino de la reconstrucción democrática en Irak, pero advirtió que podría no significar el fin de la violencia. La ministra británica de Relaciones Exteriores, Margaret Beckett, estimó que Saddam Hussein había pagado sus deudas, mientras que Francia llamó a los iraquíes a “¨mirar hacia el futuro y a trabajar por la reconciliación y la unidad nacional”. Israel, por su lado, consideró que se hizo justicia.
La cancillería rusa lamentó la ejecución; el gobierno palestino de Hamas la tachó de asesinato político; Libia decretó tres días de duelo y el Vaticano la catalogó de noticia trágica.
La presidencia finlandesa de la Unión Europea (UE) reiteró su oposición a la pena de muerte y señaló que la ejecución del dictador “podría revelarse fuente de divisiones para el futuro de Irak”.
Asimismo, miles de personas se lanzaron a las calles en India, Pakistán y Bangladesh en protesta contra la ejecución de Saddam. Irak, por su parte, vivió un día más una jornada de sangrientos atentados que costaron la vida a, por lo menos, 77 personas, en Bagdad y Kufa, una ciudad chiita del sur del país. Además, el Ejército estadounidense anunció este sábado la muerte de seis militares, lo que convierte a diciembre en el mes más sangriento para las tropas de este país en suelo iraquí desde noviembre de 2004, con 107 bajas. *
La ejecución del dictador es “un hito importante en el camino de Irak hacia la democracia que puede gobernarse, ser autosuficiente y defenderse”, y el gobierno puede “ser un aliado en la guerra contra el terror”, declaró el presidente W. Bush.
La Unión Europea condenó los crímenes del dictador iraquí Saddam Hussein, pero también la pena de muerte, declaró a la AFP Cristina Gallach, portavoz del alto representante de la Unión Europea para la política exterior, Javier Solana.
Saddam Hussein pagó sus cuentas, declaró la ministra británica de Relaciones Exteriores, Margaret Beckett. Sin embargo, recordó que el “gobierno británico no apoya el recurso a la pena de muerte en Irak ni en ninguna otra parte”.
Representantes del Parlamento ruso estimaron que la desaparición del ex presidente desestabilizará aún más la situación en Irak y en toda la región del Golfo. “Esto provocará una nueva espiral” de violencia, según Mijail Marguelov, del comité de Relaciones Internacionales de la Cámara Alta.
“Francia, que aboga, al igual que el resto de sus socios europeos, por la abolición universal de la pena de muerte, toma nota de la ejecución de Saddam Hussein”, declaró el Ministerio francés de Relaciones Exteriores, que instó a los iraquíes a mirar “hacia el futuro y trabajar por la reconciliación y la unidad nacional”.
El gobierno alemán puede comprender la satisfacción de las víctimas de la dictadura de Saddam Hussein tras su ejecución, pero permanece opuesto a la pena de muerte, declaró el viceministro de Relaciones Exteriores, Gernot Erler.
El padre Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, calificó de noticia trágica el ahorcamiento. “Existe un riesgo de que alimente el espíritu de venganza y siembre más violencia”, opinó.
Japón aseguró que respeta la ejecución, así como Australia, opuesta a la pena de muerte, que afirmó, sin embargo, que el juicio había sido justo. Malasia, que ocupa la presidencia de la Organización de la Conferencia Islámica (Oci), advirtió del riesgo de una escalada de violencia en Irak.
El presidente del gobierno italiano, Romano Prodi, dijo que la medida fue inhumana y se mostró preocupado de que la ejecución pueda elevar aún más la tensión en Irak.
El gobierno iraní salu
dó la ejecución del ex presidente de Irak, con quien se enfrentó en la guerra de 1980-1988, al afirmar que se trata de una “victoria de los iraquíes”.
Israel consideró por su parte que se hizo justicia, según declaró a la AFP un alto responsable del gobierno.
La ejecución de Saddam Hussein es un asesinato político y viola todas las leyes internacionales, afirmó a la AFP el portavoz del movimiento islamista palestino en el poder, Hamas, Fawzi Barhum.
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