Trabajó como médico durante la construcción de la Represa de Baygorria

El trabajo y los apoyos del nazi en Nueva Helvecia

Carlos Peláez y Gabriel Monteagudo

Por primera vez tomaron ayer estado público los documentos oficiales certificados por el gobierno de nuestro país que confirman la residencia temporal y posterior casamiento en Uruguay del médico nazi Joseph Mengele, responsable del asesinato de miles de judíos y gitanos en el campo de concentración de Auschwitz, Alemania.

Para desmentir las versiones que afirmaron que el médico nazi estuvo «de paso» en Uruguay, LA REPUBLICA accedió a la documentación oficial que prueba que Mengele contó con un fuerte apoyo en la pequeña ciudad del departamento de Colonia y tuvo aliados en el país.

Estas personas lo ayudaron con la tramitación que una tarde de julio de 1958 le permitió presentarse en el Juzgado de Nueva Helvecia, donde contrajo enlace con la viuda de su hermano.

La documentación, que ya no se encuentra en los registros de la ciudad y que tampoco aparece, porque faltan las hojas de esos años, en el registro que la Intendencia Municipal posee en la capital del departamento, fue entregada a este matutino por particulares «para que se conozca la verdad histórica, debidamente documentada», según aseguraron.

Esos papeles dan por tierra con las versiones que intentan asegurar, aún hoy, que no era el médico nazi sino un farsante el que se casó en Nueva Helvecia como José Mengele.

La investigación realizada por LA REPUBLICA demostró que se trataba de la misma persona, pero a la vez revela otros datos sorprendentes sobre la vida de ese infame personaje en la ciudad de Nueva Helvecia y acerca del lugar donde desempeñó tareas como médico.

Cuna de inmigrantes

Nada hace presumir la historia que esconde esta hermosa y pequeña ciudad del departamento de Colonia, en donde la fuerte presencia de la inmigración suizo-alemana hizo de Nueva Helvecia una de las más hermosas del país. Ubicada a 121 kilómetros al oeste de Montevideo y a 56 kilómetros de Colonia, en un desvío de 6 kilómetros de la Ruta 1, fue formada inicialmente por 40 inmigrantes suizos a los que se sumaron luego piamonteses, franceses y alemanes. La colonia se materializó gracias a la iniciativa de don Doroteo García, un montevideano que es llamado «El Padre de los Colonos» y que en 1858, luego de 38 días de trabajo, realizó la mensura y el loteo de las primeras 30 chacras en las que se asentaría la avanzada de colonos, que comenzaron a llegar tres años más tarde. El 25 de abril de 1862 arribó a la zona el grupo más grande de inmigrantes, por lo que esa fecha se tomó luego oficialmente como la de la fundación de la ciudad. «Es imposible describir la alegría que se apoderó de nosotros al pisar por primera vez tierra de América, tan deseada y anhelada. País de nuestro ensueño y nuestra esperanza. Cada uno trajo una formidable caja con buenas cerraduras para guardar el dinero que aquí, según se decía, se ganaba con tanta facilidad», relata Juan Gfeller, uno de los setenta inmigrantes que llegaron en 1862, según el libro La Historia del Departamento de Colonia, del Profesor Hugo Dupré.

Hoy Nueva Helvecia cuenta con una población de 7 mil habitantes en su planta urbana y una poblada zona rural en donde otras 5 mil personas viven en granjas dedicadas a la producción agropecuaria, fundamentalmente a la fabricación del queso «Colonia», característico de la zona y que desde la ciudad ha llevado el nombre de Uruguay por el mundo entero. De gente sencilla y agradable, la ciudad es «una comunidad abierta», como gustan llamarla sus residentes, en donde la mayoría se siente orgullosa de la sangre europea que corre por sus venas y por lo que conservan luego de tantos años la tradición gastronómica , la música y vestimenta.

Por ese orgullo innato, en la mayoría de las casas se puede ver al transitar por sus calles, los escudos originarios de los cantones suizos y alemanes de donde proviene la familia, ubicados al frente, sobre el lado derecho de la puerta principal de cada residencia.

En el centro de la ciudad, la hermosa Plaza de los Fundadores luce imponente la obra «El Surco», del escultor Arístides Bassi, ganador de un concurso para construir un monumento en el que se muestra a dos hombres tirando de un arado de mano, en recuerdo a los inmigrantes que fundaron la ciudad. Centros comunitarios como el del Movimiento Nuevas Generaciones, que trabaja por la preservación de la cultura originaria de los inmigrantes, o el Club de Tiro Suizo, en 1874, decano de las instituciones deportivas del país y que en 1962 pasó a la fama por haber sido el primer objetivo del entonces naciente Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, son el orgullo de la ciudad.

Un pasado que quieren olvidar

Detrás de esa orgullosa pureza migratoria, la ciudad de Nueva Helvecia esconde una historia que generó heridas durante la Segunda Guerra Mundial y que los mayoritarios descendientes del pueblo alemán aún hoy luchan por cerrar. «De eso no se habla», fue lo primero que escuchó uno de los cronistas cuando preguntó por el médico nazi Joseph Mengele. «Vino a casarse y se fue», aseguró un quiosquero mientras bajaba la vista y seguía ordenando boletas del 5 de Oro.

Si bien hoy la colonia suiza de Nueva Helvecia mantiene el espíritu amigable y receptivo de los primeros colonos que llegaron en 1861, la campaña de Hitler en Alemania que desembocó en la Segunda Guerra Mundial y en el mayor exterminio de seres humanos que recuerde la historia del hombre, contó en la ciudad con muchos seguidores. «Acá la mayoría eran nazis», dijeron a LA REPUBLICA varios criollos consultados. Esas mismas fuentes contaron tres anécdotas que pintan la conflictividad que vivió esa sociedad en épocas del nazismo.

La tradición oral de los helvéticos cuenta que debajo del Monumento de los Fundadores, inaugurado el 24 de mayo de 1944, se encuentra bien preservada bajo tierra una enorme bandera nazi, según dicen, «para cuando vuelva el Führer». Esa rica tradición helvética, reflejada en los usos y costumbres, cuenta también que una bandera nazi era izada cada día en un centro social del centro de la ciudad, cuando Hitler invadía victorioso los países vecinos. En otro club, esta vez deportivo, cuentan que en aquella época echaron a uno de los integrantes de la comisión directiva porque era el único que no profesaba ideas nacionalsocialistas «Ese fue un club nazi y todo el mundo lo sabía», afirman quienes aseguran recordar la oscura etapa del Club Artesanos, de la que hoy no quedan vestigios. Verdadero o no, es seguro que estos relatos forman hoy parte de un pasado colectivo que los pobladores helvéticos prefieren olvidar.

Real es, sin embargo, que Mengele no llegó a Nueva Helvecia por casualidad. El vino a esta ciudad porque se sentía seguro para oficializar en los papeles la relación con Marta María Will, su ex cuñada. Allí encontró amigos que lo ayudaron a conseguir la documentación que presentaría el día de su boda y que le dieron protección y anonimato durante su permanencia en la ciudad. Sin descontar, vale aclarar, la rápida colaboración del gobierno uruguayo a través de los representantes diplomáticos de la época.

Mengele en Nueva Helvecia

Arriba del Juzgado de Paz donde se casó Mengele, un edificio de dos plantas con paredes de ladrillo a la vista, tenía sus oficinas la prestigiosa firma de abogados Himoff y Germán, descendiente el primero del primer médico de la colonia suiza y joven abogado el segundo, nacido en Colonia.

Según recuerdan los testigos consultados en Nueva Helvecia, Himoff y Germán vivían en Montevideo «pero venían a atender dos veces por semana». Los abogados aprontaron todos los documentos, que fueron traducidos del alemán por el traductor pú
blico Pedro Hallen, de la firma traductora Sugar, según atestiguan los sellos de la documentación en nuestro poder.

«Himoff nos avisó que Mengele vendría a anotarse», confirmó a este medio la ex funcionaria judicial Ilse Bernatsky. En el microclima de una ciudad en la que todos se conocían, la relación entre el estudio jurídico y el juzgado de la planta baja era muy estrecha. En una habitación pequeña del fondo del juzgado vivía el juez Pedro Izacelaya, un ex sacerdote devenido magistrado, el cual finalmente casó a Mengele y a María Marta Will. «Sin ninguna duda, esa relación agilizó el trámite», aseguran los testigos consultados.

Como prueba de esta estrecha relación, el abogado Juan Carlos Germán, socio de Himoff en el estudio jurídico junto a su esposa, Lidia Florio de Germán, a quien hizo viajar desde Montevideo, fueron testigos de la boda de Mengele y todos dieron fe del domicilio del médico nazi en esa ciudad, según asegura el acta de casamiento del 25 de julio de 1958 a las 17 horas. El trámite fue meteórico, ya que Mengele se presentó un 17 de julio en el juzgado y ocho días después se efectivizaba el mismo.

Quienes aseguran en Nueva Helvecia que Mengele estuvo viviendo allí, indican que se alojó en un viejo edificio lindero al colegio alemán Mater Admirabilis, en las calles Colón y Luis Alberto de Herrera, que años más tarde desapareció cuando el colegio fue ampliado. «En aquel momento las monjas más viejas lo protegieron e incluso operó a una de ellas por un problema que tenía en una mano», aseguran testigos de la época.

Esos mismos testigos, que supieron varios años después que el médico José Mengele era en realidad un asesino nazi, no recuerdan haberlo visto personalmente pero aseguran que «en esa época el grupo de alemanes era muy cerrado, entre ellos se comunicaban y protegían. No sería raro que en el tiempo que estuvo acá nadie haya tenido contacto con él, y que muy pocos supieran quién era en realidad», afirman quienes señalan a importantes empresarios de la zona como vinculados a la protección de Mengele durante su periplo matrimonial. Seguramente porque el ex SS creía necesario vivir en una gran ciudad para mantener su anonimato, volvió con su flamante esposa a la Argentina, donde fue detectado por el Comité Internacional de Auschwitz, en diciembre de 1959, residiendo en la calle Vertiz al 968 del barrio de Olivos. Mengele pasó por Nueva Helvecia como un fantasma y como eso se fue. Algunos en esa ciudad respiraron aliviados.

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