La prima por edad para los pasivos encendió una hoguera en Diputados
Las barras no estaban repletas. Unos cuantos pasivos que allí se habían ubicado prudentemente, ennoblecidos por las canas y con pocas monedas en sus bolsillos, parecían más interesados en los movimientos de los funcionarios, o en las imponentes columnas de la sala, que en atender el debate. Pero luego se sabría: fue una falsa impresión.
De todos formas, su augusta (y aparente) indiferencia fue sacudida los años, para ciertas cosas, no importan cuando irrumpió Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista), toda de blanco, ajustado y prístino, radiante como aquella novia a la que cantó Antonio Prieto.
Primeras escaramuzas
José Luis Blasina (Partido Socialista) informó el proyecto de ley presentado por el Poder Ejecutivo, y modificado en el Senado, que restablece el pago gradual de la prima por edad. Explicó, de modo pausado y didáctico (¿un chiquitín aburrido?) que a los mayores de ochenta años el total se les pagará en tres años y a los mayores de setenta en cinco, aclarando que son partidas mensuales que aumentan cada 1º de enero. Blasina no se privó de resaltar que este beneficio se restituía tras veintinueve años de haber sido derogado por un acto de la dictadura, y que representaba un aporte más de los beneficios que el gobierno ha ido otorgando a los pasivos. Su fuerte afirmación final »todos los jubilados y pensionistas van a recuperar en dos años 10% de su poder adquisitivo, y aquellos más sumergidos hasta 16%»- se diluyó en medio de los efusivos saludos de Adriana Peña, quien, luciendo una amorosa blusa seguramente bordada por una tía, besó a todos los integrantes de la Mesa.
Quizás aprovechando tanto blanco femenino a favor, Pablo Abdala (Herrerismo), arrancó declamando como un barítono que el Partido Nacional votaría en contra de «este proyecto que establece, presuntamente, el beneficio de la prima por edad para un conjunto de jubilados». Hizo sonar el vocablo «presuntamente» como un latigazo y el señorial Blasina se sintió tocado aunque, por el momento, se las aguantó piola, como un duque. Abdala denunció que este proyecto se asentaba sobre un engaño, porque muy pocos pasivos llegarían a cobrar la totalidad del beneficio, calculó que recibirían 126 pesos por mes y exigió que se pagara la totalidad de la prima 623 pesos en una sola vez. De paso, despreció con un dejo aristocrático que el gobierno hubiese dejado sin efecto la devolución de un préstamo de 500 pesos a los pasivos, recordando que la administración Batlle había hecho otro tanto con un préstamo de 1.000. E insistió en una ratificación: «Los blancos estamos de acuerdo con la prima por edad pero no pagándola de esta forma». Su cierre fue crispado e irritante: «Si Dios me va vida y estoy en la política, en 2011 presentaré un proyecto para arreglar esto y hacer las cosas como se debe»; enseguida aseguró que «al gobierno le importa más la inflación que otra cosa» metiendo en el balde el pago anticipado de la deuda al FMI y leyó declaraciones críticas de la Asociación de Jubilados y Pensionistas y de la Coordinadora Nacional de Pasivos.
Hubo un instante de silencio, probablemente inducido porque más de uno advirtió que el diputado Artigas Melgarejo (suplente, Partido Socialista) había decidido, con valentía inusual, usar otra vez su camisa amarillo fluorescente, tan parecida a una baliza de un camaronero japonés.
La hoguera del debate
Jorge Patrone (Asamblea Uruguay) le recordó a Abdala que esta prima por edad, derogada en la dictadura, recién ahora había encontrado un gobierno con voluntad para restablecerla. Pero el blanco saltó como si le hubiesen pisado un juanete, y proclamó a los cuatro vientos que «durante el gobierno del Partido Nacional las pasividades se recuperaron 40% como no ocurrió jamás en la historia del país», recordando, de paso, que «nunca se comprometió a reinstaurar la prima por edad».
Impulsado por un resorte seguramente muy sólido dada la corpulencia del legislador por Cerro Largo Sergio Botana (Alianza Nacional) incursionó doblemente en el enigma para aumentar el fragor (¿y la confusión?) del debate: «Le digo a la bancada de gobierno un solo nombre: Colotuzzo»; y luego se preguntó «¿por qué 126 pesos por mes para los jubilados?» y, al mismo tiempo, se canceló toda la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Unos cuantos diputados se pusieron a revisar papeles y a hacer cuentas en la calculadora, mientras desde las barras, por primera vez, y como si allí se hubiese desplomado Baudelaire, se oyó algo «como un largo sollozo todo cargado de adioses».
Ya repuesto el oficialismo, Roque Arregui (Partido Socialista), con su vocecita finita pero gallarda, insistió en «que este beneficio pudo haber sido restituido en gobiernos anteriores»; Carlos Gamou (Espacio 609) denunció que se estaba desnaturalizando la lógica y lo fundamentó con un pícaro silogismo: «Pablo quiere dar la prima; Diputados aprueba la prima; luego, Pablo no la vota»; Abdala, cascoteado desde varios frentes (aunque Amplio hay uno solo ¿no?), censuró «el estilo frívolo de Gamou» y convocó a que el nivel del debate fuese por otro camino.
Entonces reaccionó Blasina. Con una gestualidad viva, como aquella usada en la corte de Casimiro III, en Polonia, y aunque en su caso extrañamente volcada sobre el brazo y la mano derechos, dijo que «la mejor manera de no caer en contradicciones es no pelear contra la realidad»; y repitió, con prolijidad excelsa, todos los beneficios otorgados por esta administración a los pasivos, en estricto cumplimiento de lo establecido por el programa de gobierno.
A su cruce, luego de algunos escarceos previos y variados, salió el joven Luis Lacalle Pou (Herrerismo) con formidable empuje: «¿En qué lugar del programa del Frente Amplio dice que se le iba a poner un impuesto a los jubilados?». De inmediato, calvo de toda calvicie y con la verba erecta, Gamou le respondió que el programa dice que «habrá un Impuesto a la Renta de las Personas Físicas», que incluye a los jubilados. Pero Lacalle, con ganas de meter alguna carambola a tres bandas, replicó con otra pregunta, muy socarrona: «¿La jubilación es una renta?». Qué macana, no contó con la astucia de Alfredo Asti (Asamblea Uruguay), quien, como el Chapulín Tricolor, le recordó que en la ley de 1960, en pleno gobierno blanco, se creó un impuesto a la renta que incluyó a las pasividades. Gol de media cancha y al ángulo.
Finalmente, el proyecto fue aprobado con votos del oficialismo y del Partido Colorado. Sólo el Partido Nacional, en pleno, votó en contra.
Conocido el resultado, los prudentes jubilados de las barras estallaron en un griterío con escasa compasión por los diputados oficialistas; seguramente esperaban otra cosa: el pago en una sola vez. Fueron desalojados con la mayor cortesía posible (ignoro si con Baudelaire a cuestas).
A marcha camión
El plenario de Diputados siguió y pudo resolver, cerrando su actividad de este año, un montón de otros asuntos.
Fue derogado el Timbre de Infraestructura Judicial; se aprobaron las modificaciones hechas por el Senado a las normas sobre salarios mínimos a percibir por los empleados de empresas que contraten servicios tercerizados con organismos estatales; se estableció la protección del pago de salarios, jubilaciones y pensiones a través de instituciones de intermediación financiera; se declaró que las comisiones sobre importaciones previstas en los artículos 388 de la ley 12.804 y 1º de la ley 16.492 no están incluidas en las exoneraciones genéricas de tributos; se declaró al 17 de julio Día Nacional para la Prevención del Suicidio y se designó con el nombre de «Joaquín Torres García» al edificio de la Torre de las Comunicaciones de Antel.
Por otra parte, se modificó los topes jubilatorios de personas comprendidas en el Acto Institucional número 9, cuyas pasividades fueron topeadas en siete salarios mínimos nacionales. A los cesantes en 1994 se les elevará su pasividad to
mando como base de cálculo un tope de ocho salarios mínimos; a los cesantes en 1995, con un tope de nueve salarios mínimos; a los cesantes en 1996, con un tope de diez salarios mínimos; y a los cesantes a partir de 1997 tomando como base de cálculo el tope establecido por la ley 16.713, de setiembre de 1995. Para mejor explicación: desde el 1º de julio de 2007 a todos los beneficiarios se les reliquidará la jubilación sobre un tope de ocho salarios mínimos; desde el 1º de julio de 2008 se volverá a reliquidar a quienes hayan cesado su actividad a partir del 1º de enero de 1995; desde el 1º de julio de 2009 se volverá a reliquidar a quienes hayan cesado a partir del 1º de enero de 1996; y desde el 1º de julio de 2010 se ajustará definitivamente a los beneficiarios que cesaron a partir del 1º de enero de 1997.
Finalmente, hubo dos asuntos fuera del orden del día.
Uno de ellos, ingresado por el Poder Ejecutivo como grave y urgente, fue la extensión del seguro de paro a los ex trabajadores de Riloman; se aprobó y pasó al Senado.
El otro fue un asunto político planteado por Iván Posada (Partido Independiente), quien pidió la eliminación del impuesto al gasoil recientemente aprobado, basándose en observaciones del Tribunal de Cuentas. Se le escuchó atentamente no puede ser de otra manera, dado el volumen atronador de su voz se debatieron algunos aspectos con cierta cortesía y, al final, no hubo votos suficientes que lo apoyaran. Sin lágrimas, su rostro serio (no es adicto a los pucheritos, como Batlle), exhibió alguna arruguita de decepción. *
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