El día después de la Cumbre Sudamericana de Naciones

Pese a los acuerdos de la Declaración de Cochabamba persisten diferencias

Durante el viernes y sábado pasado se reunieron en la ciudad de Cochabamba (Bolivia) la mayoría de los presidentes sudamericanos ­no participó el mandatario colombiano, Alvaro Uribe y sí estuvo presente el nicaragüense, Daniel Ortega­.

En la Declaración de Cochabamba, suscrita por los mandatarios de los estados participantes, se establece la necesidad de buscar un nuevo modelo de integración en los ámbitos comercial, económico y productivo para poder lograr un desarrollo más equitativo e integral en la región.

La declaración está compuesta por 13 puntos, entre los que se hace referencia a la necesidad de superar las «asimetrías para una integración equitativa, para lo cual se desarrollarán mecanismos concretos y efectivos que permitan resolver las desigualdades entre países», así como la creación de «un nuevo contrato social sudamericano a través de la integración con rostro humano».

Otro de los puntos significativos es la intención de alcanzar el objetivo de una «integración energética mediante la articulación de estrategias y políticas nacionales».

Pero si bien la declaración explícitamente se refiere a la necesidad de la integración regional, los mandatarios no lograron alcanzar un acuerdo en la instalación de una secretaría permanente, que debería tener sede en Río de Janeiro, cuyo cometido sería el de orientar los acuerdos suscritos en la Cumbre.

 

Más allá de la declaración

Asimismo, los diferentes jefes de Estado dejaron expuestos en sus discursos puntos de vistas sustancialmente opuestos, como en lo referente a la globalización, y con respecto a los acuerdos bilaterales de los países americanos con otras naciones del mundo.

En ese marco, el presidente venezolano, Hugo Chávez, aseguró que la globalización «no es una realidad inevitable», sino una «tesis del imperialismo y el neoliberalismo contra la cual la región debe luchar».

Pero otro punto de vista totalmente opuesto sobre el mismo tópico lo ofreció la presienta chilena, Michelle Bachelet, para quien la globalización encierra «peligros y amenazas, pero también ofrece oportunidades que pueden ser aprovechadas para la integración y el desarrollo económico».

Por otro lado, Chávez propuso cambiar el nombre de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y del Mercosur por «Unión de Naciones Sudamericanas», lo cual, a su entender, no sólo vela por el desarrollo económico de las naciones involucradas. Además, dijo que deben desecharse proyectos imperialistas como el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

«Hay que enterrar lo que tiene que morir y parir lo que tiene que nacer», afirmó Chávez.

En ese marco, el jerarca venezolano rechazó la propuesta que le realizó el presidente boliviano, Evo Morales, de retornar la CAN. «Prefiero mirar hacia el futuro. Creo que la CAN, con todo respeto, no sirve, me obligas a decirlo, y creo que el Mercosur tampoco», expresó sin prurito Chávez al propio Morales, ante el resto de los jefes de Estado.

Asimismo, el presidente paraguayo, Nicanor Duarte, dijo que los países sudamericanos son parte de un esquema económico en el que «hay ganadores y perdedores, explotados y explotadores», y exhortó por un «un proceso de integración real».

El presidente venezolano se encargó de subrayar que tampoco cree en el libre comercio, lo que sin dudas lo enfrenta a la postura que en esa materia ya han adoptado otros países latinoamericanos, entre ellos Uruguay, que se encamina a entablar acuerdos comerciales bilaterales con países como Estados Unidos y China.

El mandatario que se encargó de defender enfáticamente los Tratados de Libre Comercio (TLC) durante la cumbre fue el presidente de Perú, Alan García.

El dignatario peruano subrayó que por tener acuerdos comerciales de este tipo los países no traicionan los principios de la integración latinoamericana, ni los principios de Bolívar o San Martín, según publicó la agencia EFE.

Tanto Perú como Colombia ya han rubricado sendos TLC con Estados Unidos, acción que ha contado con la dura critica tanto de Chávez como del presidente boliviano, Evo Morales.

 

Acercamiento

Pero más allá de la declaración oficial que contó con el respaldo de los presidentes representantes de los países participantes de la cumbre, y también de las claras diferencias expuestas entre modelos y visiones políticas dispares, el encuentro sirvió para otro tipo de acercamientos, un tanto más informales.

Un ejemplo claro de ello fue el encuentro que mantuvieron el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, y el vicepresidente argentino, Daniel Scioli. En esa instancia ambos jerarcas coincidieron en encontrar una «rápida solución» al conflicto que enfrenta a las dos naciones por la instalación de las plantas de celulosa en Uruguay.

Otra muestra de que las cumbres tienen resultados positivos, más allá de lo protocolar, fue el acercamiento que se produjo entre Chávez y el presidente peruano, Alan García. Según consigna la agencia de noticias AP, «ambos mandatarios pasearon juntos ante la prensa».

El presidente electo de Ecuador, Rafael Correa, dijo que el acercamiento entre Chávez y García «es positivo y un motivo de alegría para toda América Latina, porque nadie gana con discusiones entre mandatarios de países hermanos».

En tanto, el canciller peruano, José Antonio García Belaunde, que había expresado antes de la cumbre que su país aguardaba que pudieran «recomponerse» las relaciones, ya consideraba que la página estaba dada vuelta.

Las relaciones diplomáticas entre Chávez y García comenzaron a deteriorarse antes de las elecciones presidenciales peruanas, cuando el mandatario venezolano tomó posición por el precandidato presidencial peruano, Ollanta Humala.

En otro orden, los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Chile, Michele Bachelet, coincidieron en la necesidad de celebrar durante el 2007 una cumbre energética en Venezuela. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje